La vigencia del Concilio Vaticano II

por María Paz Trevisi

 

 

I. Introducción: La segunda mitad del siglo XX

 

 El Concilio tiene lugar en la década del sesenta. Época están sucediendo en el mundo muchos acontecimientos que hemos de tener en cuenta para así entender mejor los propósitos que el Concilio tenía in mente.

Europa se encuentra en vías de recuperación después de la II Guerra Mundial y hay dos potencias hegemónicas: EE.UU. y la URSS. EE.UU. -capitalista- está en pleno auge y representa la libertad, mientras que la URSS, que se titula comunista, representa el oprobio de una dictadura miserable.

La paz del mundo se sostiene con el armamentismo: tanto EE.UU. como la URSS están fuertemente armados. Aparece la GUERRA FRÍA, es decir, el equilibrio del poder de fuego entre ambas potencias: si hubiera una contienda mundial desaparecería el mundo; el poder atómico terminaría con la humanidad.

EE.UU. (el mundo occidental) crece hacia un capitalismo en el que la competencia comienza a concentrar capitales: aparece el monopolio librecambista, de capital familiar o de sociedades industriales que invierten en la producción de bienes. El capital, que comienza siendo nacional pasa a ser multinacional.

Crece así el dominio imperial de EE.UU. sobre otros países que ceden ante la presión y el poderío del capital. Estos monopolios que eran de capital familiar o de sociedades industriales que invertían en la producción de bienes, pasan a ser MONOPOLIOS IMPERIALISTAS: los bancos intervienen invirtiendo en las empresas y deciden hacia donde debe dirigirse la inversión. Comienza a producirse lo que los intereses económicos dictan y no lo que necesita la gente.

El empresario sigue fabricando pero ya es el capital del banco inversor el que decide qué fabricar. Si el banco pone el dinero, manda. Es así, por ejemplo, cómo la industria farmacéutica transforma su producción en un mero negocio: sólo fabrica lo que el mercado puede comprar. Poco importa que los africanos se mueran de hambre: si no pueden pagar sus medicinas, no hay medicinas. (1)

Los que hasta este momento habían sido  países con personalidad propia (naciones-estado) pasan  a depender de dineros ajenos. 

Mientras ocurre todo esto, nadie escucha a la Iglesia.

 

El hombre occidental que hasta este momento había vivido una vida fundamentada en los valores del cristianismo –el amor, la misericordia, la verdad- (aunque las circunstancias muchas veces pudieran con tales virtudes) de buenas a primeras comienza a ceder ante una forma vida que lo arrolla: se populariza el coche, la televisión se apodera de los hogares, se expande el crédito y se desnaturaliza una forma de vida que abandona las virtudes que proclamara la iglesia, para  adentrarse en la frivolidad.

 

El hombre tiene que recrear una senda por donde transitar sin perder de vista sus raíces cristianas y la Iglesia no le ofrece una alternativa válida. Lo que había sido hasta entonces un “encuentro saludable” entre los hombres ya no funciona más.

 

Aparece entonces Juan XXIII, que convoca a un Concilio para renovar una iglesia que tiene que implementar nuevas formas de acercamiento de sus fieles, crear un mallado donde puedan seguir insertándose todos aquellos que quieran vivir una fe actualizada, en fin, a abrirse para poder asistir a su militancia en un mundo que cambiaba inexorablemente.

 

 ¿Se puede hablar de un mundo pre-conciliar y de otro post-conciliar?

 

Hasta la década del sesenta:

Venimos de un mundo con roles definidos donde no se planteaba la necesidad de discutir acerca del bien y del mal: a la izquierda los malos, a la derecha los buenos. El cura era el cura en el templo y fuera de él; el matrimonio era estable; las guerras eran "por la patria"; la economía se subordinaba a la política; el poder económico era "nacional" y el imperialismo lo ejercían dos bloques antagónicos que, totalmente armados, garantizaban la paz; la mujer se subordinaba al hombre; el abogado creía en la justicia; los arquitectos construían casas y los ingenieros puentes; los militares defendían "su" patria; los aviadores se jugaban la vida en cada vuelo; la familia contenía a hijos y abuelos; los abuelos hablaban a los nietos; el padre trabajaba y la madre era ama de casa; se escondía a los minusválidos; los políticos eran honorables respondían a la gente-; los maestros enseñaban y transmitían los valores establecidos; los sindicalistas se morían pobres; la tecnología no asustaba, se hablaba de "nación" y todo el mundo entendía de qué se trataba; el inmigrante se asimilaba, y el éxito personal se basaba en una buena memoria recopiladora de datos y una gran velocidad para procesarlos... En fin, un mundo monológico y tranquilo, moral. El mundo del “salva tu alma” (y que los demás se ocupen de las suyas) en el que cada cual llegaba a Dios hablando directamente con Él).

Desde la década del sesenta:

Pero de pronto marchamos hacia un mundo nuevo, un mundo en el que todos sabemos de nuestro derecho de participar en el diálogo. Un mundo abierto, participativo, en el que todo tiene que ver con todo, en el que el hombre interactúa con la realidad; un mundo tan diverso como antes pero que ahora se “ve”, está expuesto, aunque no todos sepan de qué se trata. Como dice Umberto Eco: "un mundo promotor de actos de libertad consciente que instalará al hombre como centro activo de una red de relaciones inagotables entre las cuales él instaura la (suya) propia"; un mundo ciudadano con roles indefinidos en el que se cuestiona todo. Todos somos buenos y malos al mismo tiempo; el médico que "procesa" pacientes sin siquiera revisarlos; el abogado que usa la justicia; arquitectos que hacen chalets adosados; ingenieros que manejan redes informáticas o genes, según especialidad; militares que actúan en guerras para salvar “otras patrias”; guerras que se transmiten en vivo y en directo por la televisión; la familia sin abuelos y sin chicos; el hombre que trabaja quince horas por día; la mujer que reclama algo más que ser ama de casa; los minusválidos que se muestran por la calle y hasta trabajan; los obreros que reclaman legalmente por sus derechos; la muerte de la nación-estado; la política subordinada a la economía; los medios masivos que nos actualizan la información al segundo; el ordenador, Internet, la globalización; los sindicalistas que tuvieron que tranzar con el sistema; los políticos que han perdido la iniciativa. En fin, un mundo en el que nada está en su lugar; un mundo inquieto, que despierta al diálogo, en el que la gente comienza a ver que han quedado al descubierto todas las mentiras (y las verdades) de aquel otro que va quedando atrás. Y a darse cuenta de que, envueltos en la velocidad y la precisión, deben desarrollar una gran imaginación para abordarlo. Ya no basta la memoria ni ser listo. Hay que ser reflexivo, tener espíritu investigativo, saber ubicar los datos, tener capacidad para descubrirlos, manipularlos, procesarlos, adentrarse en la lógica que los anima, sus paraqués, antes que almacenarlos en la memoria.

Con todo que este "nuevo" mundo que nos involucra nos ha alertado de nuestros derechos y facilitado la búsqueda de soluciones, lejos estamos de una puesta en común en la que el diálogo nos vuelque en los demás, que nos permita reconocernos en los demás y que podamos poner en acto. El mundo del “salvémonos juntos” porque ha perdido sentido mi salvación si en ella no me acompaña mi hermano (en el que  hablamos con Dios a través de nuestras actitudes para con nuestro hermano)

Hay un antes y un después del Concilio. El “después” que arrojaba luz sobre lo que significaba Cristo vivo en cada uno de los hombres que lo siguieran, duró poco: Apenas hasta Pablo VI, que junto con Juan XXIII fueron los grandes impulsores del Vaticano II. Esto no obstante, echó raíces y hubo “duplicaciones” en América –Medellín y Puebla, concilios americanos posteriores a Vaticano II que todavía siguen alentando los principios que se impulsaran en éste-. Hay, sin embargo, otro “Después” encarnado en Juan Pablo II y en el actual Benedicto XVI, que condenaron a la iglesia posconciliar echando por la borda buena parte de los cambios que se habían operado en su seno.

A la luz de lo que resulta de los documentos de estos dos últimos papas, cualquiera diría que el derrumbe del Vaticano II ha sido total.

¿Por qué ha sucedido esto? La respuesta está en lo que cada cual piensa que ha sido Cristo. Es menester apelar a Cristo más allá de su origen divino, que es cuestionable y queda reservado al ámbito de la fe. Existe en ese Cristo un hombre que ha lanzado una imagen de vida que ha transformado el mundo. No importa creer que sea hijo de Dios. Basta con conocer su evangelio para reconocer que su divinidad es irrelevante.

Este es uno de los cambios más terribles que tiene que afrontar la Iglesia. Un Cristo no divino reconocido por cualquiera que haya crecido en los valores que él impulsó más allá de su divinidad. Y la jerarquía no puede autorizar un avance sobre sus valores divinos so pena de destruirse el aparato  que la sostiene.

Yo hablo de templo como espacio institucional de  la Iglesia. El templo es el lugar administrativo donde se registran los hechos de la iglesia: desde un libro bautismo hasta las limosnas que recibe, pasando por una presencia tangible de lugar de culto al que tradicionalmente se ha acudido. La Iglesia está en cada uno de los que viven en cristo; cada hombre es iglesia si vive en Cristo. Cada hombre, aunque no tenga fe, si vive en Cristo, es Iglesia.

Se critica la violencia que usó Cristo para echar a los mercaderes del TEMPLO. Él los echa del TEMPLO, no de la IGLESIA. Cristo se violenta en el templo, no en la Iglesia. Se violenta en nombre de la Iglesia en un templo que ya para entonces hay quien lo utiliza como lugar de mercadeo. La clave de la violencia de Cristo radica en que ha descubierto que han transformado  su iglesia en un mercadillo. Es su intento por mantener el templo en unidad indisoluble con la Iglesia: iglesia- templo. Está claro que el Evangelio anticipa, de este modo,  lo que está sucediendo hoy día. 

 

 

II. El Concilio del Vaticano II

             Parte general

 

Pese a los 300.000 devotos que se reunieron en Roma con motivo de la muerte de Juan Pablo II, nadie pone demasiada atención a lo que se hace en este ámbito y los que “practican” –me refiero a los que asisten al templo- poco saben, entienden o quieren enterarse de lo que pasa afuera, “allá” en el mundo. Aquellos que sin “pertenecer” a la Iglesia –digamos los que no “practican”-, se sienten, sin embargo IGLESIA (y luchan por serlo), se mueven por criterios más amplios, más abarcativos de la realidad. Se trata de los que ponen en acto el evangelio a veces hasta sin conocerlo, sin haberlo leído, y de los que habiendo pasado por instituciones católicas – escuelas, colegios, asociaciones juveniles, etc. -admiten, pese a renegar de ellas, el discurso humanista y la actitud que conlleva SER católico. Poco importa ya la virginidad de la Virgen, los curas, las monjas y el Papa. La gente con vocación por “el otro” pone en acto, cotidianamente, su encuentro con los demás. Y poner en acto es “hacer” y el hombre sabe que “es” a partir de lo que hace. Y ahí se acaba. Le basta con tener presente al hermano; no lo impulsa la recompensa; vive en el otro y desde el otro.

***

Si la humanidad ha asistido a un acontecimiento fundamental en orden al cristianismo durante el siglo XX ése ha sido el Concilio Vaticano II. Su influencia alentó las inquietudes que comenzaban a aflorar en varias partes del mundo dándoles aliento y acercándolas, como pocas veces antes había sucedido, a la catolicidad. Parecía, finalmente, que, luego de una tortuosa historia en la que  la Iglesia había caído en la sospecha de ser partícipe solapada del poder que había encumbrado en el mundo a los más detestable de la gobernanza y de un encriptamiento que ponía de visita a su militancia el templo comenzaba a quedar atrás y todos y cada uno volvíamos a un encuentro vívido en el que nos reconocíamos como Iglesia.

 

Un Papa sencillo, de origen campesino lo convocaba lanzando la idea de que era  "como una flor espontánea de una primavera inesperada". Su concilio era de diálogo, de apertura, de reconciliación y de unidad; no debía ser un concilio para combatir algún error doctrinal o alguna ideología anticristiana.

Juan XXIII encontraba una Iglesia institucional muy encerrada, atrincherada en su ciudadela santa, con mentalidad muy eurocéntrica y fuerte centralismo "romano". Pero esta misma Iglesia estaba siendo provocada por una serie de fermentos internos y externos que le exigían definirse.

Estaban los fermentos internos como el renacimiento de los estudios bíblicos en los años 30, la renovación catequística y litúrgica, la Acción católica y los nuevos impulsos misioneros...

Estaban los fermentos externos  pero muy cercanos a la misión de cada cristiano y de la Iglesia entera: el ansia de la reconstrucción y del progreso después de la II Guerra Mundial, el nacer de los dos grandes bloques y el comienzo de la guerra fría, el tema del armamentismo y de la falta de recursos para los países más pobres, el neo-colonialismo y el racismo, la explotación del tercer mundo...

 

Sin embargo, las sugerencias de los obispos para el nuevo Concilio, recogidas en todo el mundo a lo largo de 1959 y 1960, mostraban que la jerarquía eclesiástica no había todavía tomado el pulso de esta situación y no había recogido la mayoría de estos desafíos. En la Curia romana se estaban preparando los documentos previos al Concilio sin seguir la orientación que el Papa quería darle. Se prefería desoír la voz de la renovación y del diálogo para volver a atrincherarse en el dogma y en las cuestiones internas.

 

El Concilio habría  de considerar la herencia de veinte siglos de cristianismo como algo que, por encima de todas las controversias, se ha convertido en patrimonio común de toda la humanidad. Y precisamente por eso, decía él, no se trata de conservar atrapados por lo antiguo; por el contrario hay que realizar, con alegría y sin temor, la obra que requiere nuestro tiempo.(2)

 

 

 Cuatro años de debates

 

 El Concilio había sido inspirado y convocado: establecer el papel y la misión de la Iglesia en el mundo; un camino abierto a la "reforma permanente" de la Iglesia para presentar de una manera nueva el mensaje cristiano; una prueba de confianza en el ser humano y en su dignidad. Juan XXIII a menudo repetía: "Preocupémonos por lo que une, y dejemos aparte, lo que nos divide".

 

El episcopado había sostenido que no existían herejías que amenazasen a la Iglesia; había pedido y conseguido una sana libertad de investigación para los exegetas, sin declarar sistemáticamente sospechosos de herejía a los estudiosos que trataban de conciliar la fidelidad a la Iglesia y la fidelidad a la ciencia; había manifestado la voluntad de expresarse en un lenguaje incomprensible para los hombres de hoy, un lenguaje pastoral; finalmente, había tenido en cuenta la exigencia de un diálogo con los cristianos separados.

 

El lunes de Pentecostés, el 3 de junio de 1963, el Papa Bueno moría, pero el nuevo Papa, Pablo VI retomaba con entusiasmo la antorcha del Concilio, convocando inmediatamente una segunda sesión para los últimos meses del mismo año. La tercera y cuarta sesión serán respectivamente en los últimos trimestres de 1964 y 1965.

 

 Los grandes temas del Concilio

  

- El primer tema sobre el cual trabajó el Concilio fue la Liturgia.

Este fue el único texto preparatorio que había sido bien acogido por los padres conciliares. Los expertos que habían preparado el texto eran todos animadores reconocidos del movimiento litúrgico. La Curia romana no había podido frenar y modificar sus propuestas renovadoras que desde unas décadas ya se venían debatiendo en prestigiosos círculos de estudios litúrgicos.

Gracias a este documento, la Iglesia en todo el mundo pasó rápidamente de la lengua latina a los idiomas nacionales; se subrayó la importancia de la Iglesia local y de la liturgia de la Palabra.

El documento conciliar sobre la liturgia fue el primero en ser aprobado con 2.147 obispos a favor y sólo 4 contrarios, el 4 de diciembre de 1963. Pocos meses después, con la cuaresma de 1964 la Reforma litúrgica entraba en vigor en todo el mundo.

 

El día 7 de julio de 2007, el Papa Benedicto XVI ha publicado un documento en forma de Motu Proprio, con el cual autoriza que, junto a la Liturgia romana renovada por el Papa Pablo VI según las directrices del Concilio Vaticano II, un uso más amplio del Misal anterior a dicha reforma. Dado el carácter extraordinario de esta decisión, que puede prestarse a interpretaciones inexactas, no es de extrañar que en los medios de comunicación haya sido planteada a veces con matices que no responden a la verdad. Con estas líneas se intenta precisar algunos aspectos de esta delicada cuestión, que toca nada menos la fe de los cristianos, en cuanto, según el antiguo proverbio, la ley de la oración tiene una notable influencia en la ley de la fe.

 

Benedicto XVI escribe en la carta que de ahora en adelante no hay dos ritos, sino "un doble uso del único y mismo rito". (3)

 

 

- La Comunicación y de los Medios de comunicación social fue otro de los temas considerados en las primeras etapas del Concilio. Este desvío "moderno" fue enfrentado por los obispos subrayando la importancia y también los peligros. Se proclama el derecho a la información, que deberá surgir de la verdad, de la justicia y del amor. También se subraya la importancia de la opinión pública y la formación crítica en el uso de los medios.

 

- Pero el tercer documento en ser aprobado es sin duda el más importante de todos. Se trata de la Constitución conciliar sobre la Iglesia titulada en latín "Lumen Pentium” (La luz de los pueblos). Ya el cardenal Gian Battista Montini (el futuro Papa Pablo VI), había lanzado al comienzo del Concilio la famosa interrogante: "¿Iglesia, qué dices de ti misma?"

Ahora, después de largas sesiones y debates, los obispos casi por unanimidad (2.151 a favor y 5 en contra) contestaban al mundo entero: brillando con la luz de Cristo, la Iglesia es el signo ("sacramento") de la unidad del género humano. La Iglesia, presentada en la Biblia con muchas imágenes (rebaño, campo, viña, edificio, templo, ciudad santa, como germen que crece y como cosecha...), se fundamenta en la palabra y en la obra de Cristo, de cuyo Reino representa el comienzo en la tierra.

La Iglesia, cuerpo místico y pueblo de Dios en camino, es al mismo tiempo comunidad visible y espiritual. El Concilio habla de la Iglesia Pueblo de Dios, que todos los seres humanos están llamados a integrar; luego explica la función de los obispos, sacerdotes y diáconos y presenta un capítulo entero dedicado a los laicos.

Después de explicar que todos en la Iglesia están llamados a la santidad presenta el llamado específico de los religiosos. El documento termina con un importante capítulo dedicado a la Virgen María, Madre de la Iglesia.

 

- En 1964 se aprueba el Decreto sobre el ecumenismo, otro de los grandes temas que caracterizaron la asamblea conciliar.

 

Algunos “teólogos” de la Liberación, están acusando a Benedicto XVI de enterrar el Concilio Vaticano II. Según otros, esto es una exageración. Se está celebrando el entierro antes de la muerte del enfermo que, aunque muy aquejado de las piernas, aún no las estiró, después del suspiro final. En esta agonía, y en medio de la disputa sobre si el Vaticano II va o no a ser enterrado por Benedicto XVI, el Papa pronunció un nuevo discurso, muy importante, en el cual golpeo —¿o derrumbó?— dos columnas fundamentales del ecumenismo propiciado por este Concilio.

Fue el miércoles pasado, 21 de marzo, durante su predicación semanal en una Audiencia General que él habló de San Justino y de las famosas “semillas del Verbo”. (4)

 

 

- En 1965 se aprueban muchos otros decretos: sobre los obispos, los presbíteros, la vida religiosa, la formación sacerdotal, la educación cristiana; sobre las religiones no cristianas y la libertad religiosa; sobre el apostolado de los laicos y sobre la actividad misionera.

 

- Completan los trabajos del Concilio otras 2 Constituciones (documentos más importantes): la Constitución dogmática sobre la Revelación divina en la Biblia manifiesta la importancia que este Concilio vuelve a asignarle a la Palabra de Dios revelada en la Biblia. El mismo Juan XXIII ordenó retirar el primer texto sobre el tema que había sido objeto de una fuerte polémica.

 

- El último documento del Concilio en ser aprobado, y por eso el fruto más maduro de la larga asamblea de los obispos fue la Constitución "pastoral" sobre la Iglesia en el mundo actual. Como es costumbre se conoce este documento con las primeras palabras en latín que lo encabezan: Gaudium et spes (Los gozos y las esperanzas). Ya el título muestra otra actitud de la Iglesia para enfrentar el diálogo con el mundo moderno: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón."

 

 

Diez palabras claves del Concilio:

 

En este apartado nos vamos a encontrar con la explicación de todos los proyectos que propuso el Concilio y a continuación de haberlos expuesto, aparecerá la prueba de su fracaso.

 

1. AGGIORNAMENTO:

 

La Palabra expresa el esfuerzo de toda la Iglesia para mirar positivamente al mundo buscando estar al día en la lectura de los "signos de los tiempos" que se presentan en la realidad. “Espíritu de renovación”

La jerarquía posterior a Pablo VI huye de la realidad. Acota su alcance interpretándola desde la ideología. Y no hay ideología que abarque la realidad. Para eso está la doctrina.

En el ABC del jueves 24 de marzo (2005), en un artículo que firma Alberto de la Hera, catedrático de la Universidad Complutense, se sostiene que “la doctrina de la Iglesia no se tiene que adaptar a los tiempos, porque ella es lo estable y lo eterno”.No participamos de esta idea. Lo inmutable y eterno es Cristo. La doctrina es de lo que se vale la Iglesia para presentar a Cristo, para darlo a conocer. La doctrina no puede ser inmutable porque la presentación que la Iglesia hace de Cristo está en relación directa con el espacio y el tiempo en el que se lo proclama. La inmutabilidad de Cristo radica en que “sirve” a sus hermanos en cualquier época y en cualquier lugar, siendo la Iglesia la que lo acerca a través de la doctrina, que se actualizará para una mayor y mejor comprensión del mensaje. No se puede presentar a Cristo de la misma manera a un pastor del siglo III que a un obrero de la revolución industrial o a un comerciante en colapso espiritual de la calle de Alcalá. De ahí la crisis de la Iglesia, que hace vivir a sus fieles una esquizofrenia permanente. Para algunos, que viven el siglo XXI con los saberes del siglo XIX, la homosexualidad es “contra natura”, el profiláctico no se debe usar, los embriones no se pueden utilizar y el cura no tiene porqué casarse; para los que viven la actualidad, pues todo lo contrario. En realidad, la diferencia fundamental entre Juan XXIII y Juan Pablo II (o Benedicto XVI) es que para “el bueno” de Juan XXIII el diálogo con Cristo se producía a través del hermano necesitado, y para Juan Pablo II el diálogo era directamente con Cristo. Por eso mismo la vieja Iglesia sostiene que la doctrina es inmutable. Es la Iglesia del “Salva tu alma”,  que los demás ya sabrán qué hacer; el templo de la vieja doctrina, allí donde sienta sus reales el Opus Dei, organización que exige a aquellos que aspiran a pertenecer, a despojarse de la propia conciencia y adoptar la de la organización.

Decíamos más arriba que Benedicto XVI escribe en la carta que de ahora en adelante no hay dos ritos, sino "un doble uso del único y mismo rito". ¿Por qué no se usa la misma elegancia para admitir un juicio semejante con la doctrina? ¿Un solo Cristo y un doble uso de la doctrina?

 

Nos dice el Concilio: La Palabra expresa el esfuerzo de toda la Iglesia para mirar positivamente al mundo buscando estar al día en la lectura de los "signos de los tiempos" que se presentan en la realidad.

 

2. COLEGIALIDAD:

Es la revalorización del "colegio" de los obispos presidido por el obispo de Roma, el Papa. Los obispos no son subalternos del Papa sino que son responsables pastorales de su Iglesia local. La colegialidad se expresa por medio de algunos organismos a nivel mundial, como el Sínodo de los obispos, y a nivel nacional, como las Conferencias Episcopales.

Manipulación de la colegialidad episcopal (5)

Eduardo de la Serna, 17 de agosto de 2007

 

Parece que hasta el mismo Cardenal Errázuriz ha reconocido que él y otros modificaron el documento de Aparecida. El sacerdote que descubrió y denunció la manipulación del documento reflexiona sobre los principios básicos de la Iglesia que diseñó, volviendo a las fuentes, el Vaticano II: la colegialidad y la corresponsabilidad.

 

 

Cardenal Errázuriz en polémica por documento papal

 

El documento aprobado por los obispos que participaron en mayo pasado en la Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM) en Aparecida (Brasil) es diferente del que fue presentado al Papa Benedicto XVI, según religiosos citados hoy por el diario O Estado de Sao Paulo.

"No sé quien lo alteró, pero quiero saber, porque no es la primera vez que eso ocurre", afirmó el cardenal brasileño Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de la ciudad de Salvador y primado de Brasil, en declaraciones al diario paulista.

Según laicos y teólogos que participaron en la Conferencia de Aparecida, el documento aprobado por el Papa tiene al menos 200 enmiendas con referencia al votado por los obispos y, pese a que algunas son correcciones gramaticales, de redacción y de forma, otras son conceptuales y de contenido.

"Los cambios más significativos se refieren a las Comunidades Eclesiásticas de Base, núcleos vinculados a la Teología de la Liberación con gran actuación pastoral e ideológica en el continente en los últimos 40 años", según O Estado de Sao Paulo.

Tras ser aprobado en la ciudad brasileña de Aparecida por los 266 obispos que participaron en la Conferencia, el documento fue corregido por el arzobispo de Santiago de Chile, cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, y por el obispo de Reconquista (Argentina), Andrés Stanovnik, entonces presidente y secretario del CELAM.

Después fue entregado al Papa Benedicto XVI por Majella Agnelo, quien fue uno de los presidentes de la Conferencia, y por Errázuriz Ossa, así como por el prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re.

"Yo pensé que estaba entregando el original", afirmó el arzobispo de Salvador en sus declaraciones al diario paulista. Majella Agnelo descartó que los cambios hubiesen sido una imposición del Vaticano, ya que "el Papa respeta lo que los obispos deciden".

Pese a que el arzobispo de Salvador pide que la versión original sea restaurada, el actual presidente del CELAM y arzobispo de Aparecida, Raymundo Damasceno, considera difícil que el texto sea cambiado tras haber sido aprobado por el Papa.

Por su parte, el arzobispo de Santiago, en una carta enviada a sus sucesores en el CELAM y a la que el diario O Estado de Sao Paulo tuvo acceso, pide que el asunto sea olvidado.

"Le daríamos una gran alegría al demonio si nos ocupásemos tanto de los cambios que ocurrieron en el texto final, de forma que el malestar consiga eclipsar la maravillosa experiencia de Aparecida y sus grandes orientaciones pastorales", afirmó el religioso según la carta citada por el diario brasileño.

La V Conferencia Episcopal Latinoamericana fue clausurada a finales de mayo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica del Santuario Nacional Nuestra Señora de Aparecida, dedicado a la patrona de Brasil y mayor centro de peregrinación de los católicos brasileños.

  

Otro artículo a tener en cuenta:

El culmen de la represión teológica se alcanza con la publicación del «Catecismo de la Iglesia católica» y, sobre todo, con la «Dominus Iesus», un documento de Ratzinger, en el que se atribuye en exclusiva a la Iglesia católica la posesión de la verdad y de la salvación. La vuelta del axioma tridentino de que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Un documento tan desafortunado que hasta protestaron contra él varios cardenales.

Más aún, Ratzinger silenció con medidas autoritarias todas las cuestiones teológicas debatidas: celibato de los curas, estatuto del teólogo, papel de los laicos, praxis penitencial, comunión para los divorciados, preservativo contra el sida o fecundación artificial.

Impuso la tesis del romanocentrismo, descafeinó la colegialidad y el poder de las Conferencias Episcopales, reduciéndolas a meras sucursales de la Curia, y zanjó casi como dogmático el eventual acceso de la mujer al sacerdocio. En definitiva, Ratzinger desactivó el Concilio.

Y eso que en época del Vaticano II (1962-1965), Ratzinger formaba parte del ala progresista de la Iglesia, aunque pronto se pasó al bando conservador. En el cónclave ha dirigido al partido de la Restauración, el del tradicionalismo legalista, junto a la ristra de movimientos neoconservadores (Opus Dei, Comunión y Liberación, Legionarios de Cristo...). El wojtylismo sin Wojtyla.

 

3. DIÁLOGO:

El Concilio ha promovido un diálogo hacia todas las direcciones siguiendo la propuesta de la Encíclica programática de Pablo VI, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964. De aquí en más el diálogo será herramienta fundamental del anuncio y de la misión de la Iglesia.

Ha desaparecido el diálogo.

Benedicto XVI invita a los obispos a la lucha ideológica en el documento “El sacramento de la caridad” diciendo que el catolicismo no radica en el diálogo y la tolerancia. Pablo VI en su primera encíclica pide el diálogo dentro y fuera de la Iglesia

 

Juan José Tamayo: Camino hacia el integrismo

 

“El pontificado de Benedicto XVI está derivando peligrosamente del conservadurismo al integrismo […]. Dos  documentos recientes vienen a demostrarlo. Uno es el “motu proprio”  que autoriza la vuelta de la misa en latín conforme al ritual del Misal  Romano,  promulgado por San Pío V en 1570, después del Concilio de Trento, en respuesta, según las palabras del Papa a las “deformaciones de la liturgia, en el límite de lo soportable”. Esta medida ha sido acogida con satisfacción por la Fraternidad San Pío X –creada por Monseñor Levebvre-  cuyo secretario general la considera “un avance capital en la restauración de la Tradición”.  Otro documento intenta demostrar que el Concilio Vaticano II no supuso cambio alguno en la Doctrina de la Iglesia y que la Iglesia Católica es la verdadera y única Iglesia de Cristo con la exclusión expresa de la iglesias orientales  porque no reconocen la autoridad del “Obispo de Roma y sucesor de Pedro”, y las comunidades cristianas nacidas de la Reforma, a quienes ni siquiera reconoce como “iglesias” porque no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden […].  Con una actitud tan excluyente  como la de la declaración se rompen todos los puentes de comunicación del catolicismo con las demás ramas del cristianismo y se hace imposible, en la práctica, el diálogo ecuménico. Lo que resulta más preocupante, si cabe, es que  dicho diálogo era una de las prioridades del pontificado de Benedicto XVI. La conclusión de esta secuencia de actuaciones  no puede ser más desesperanzadora, pues como afirma Raimon Panikkar, “sin diálogo el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”

El Vaticano II  optó por el diálogo multilateral: diálogo con la historia, tras siglos de haber vivido de espaldas a ella; diálogo en el interior de la propia comunidad católica, amenazada de incomunicación;  con las iglesias cristianas, a quienes reconoce como hermanas en la diferencia y dentro del respeto al pluralismo; con la cultura moderno y, en concreto, con el ateísmo, a quien considera interlocutor necesario; con las religiones no cristianas que valora como caminos de salvación.

 

Ratificando lo dicho por Tamayo, cabe citar a Andrés Ortega, en (No sólo en latín”, El País, julio de 2007):

Como escribe el filósofo iraní Ramón Jahanbegloo en su libro “Elogio de la diversidad”, “Sin diálogo , la diversidad es inalcanzable, y sin respeto por la diversidad, el diálogo  es inútil” 

 

4. COMUNIÓN:

El proyecto de Dios es un proyecto de comunión. La Iglesia Católica se define como una comunión de Iglesias locales. A nivel más profundo, la Iglesia es comunión con Dios y entre los hombres. La pluralidad y la diversidad son entendidas como elemento positivo.

La jerarquía ha roto con la pluralidad y la diversidad.

 

5. PRESENCIA:

La Iglesia se percibe como presencia frente a Dios y frente a los hombres. En el mundo esta presencia es una presencia de servicio. La Iglesia centrada en el Evangelio se abre al mundo.

La jerarquía ha plegado la Iglesia encerrándola en una concha impenetrable en la que se ha violado todo derecho a la participación. La presencia exige accion porque la presencia pasiva no existe. Escrivá de Balaguer propone simplemente dar testimonio.

Veamos si no:

Si algo es de recprochar a Juan Pablo II es haber comprometido a la Iglesia con la canonización de Jose María Escrivá de Balaguer. El entusiasmo con que el “Opus” recibió la ofrenda contrasta con el escepticismo con el que se ve su consagración desde amplísimos sectores sociales y hasta de la Iglesia misma.

Los límites que impusieron Juan XXIII y Pablo VI a la creación del ahora santo (el “Opus” –nada consustanciado con el Concilio Vaticano II-) cayeron ante un Juan Pablo II que, avanzando sobre los jesuitas, instaló a su gente en el Vaticano.

Un comentario de Juan José Tamayo-Acosta en “El País” hace referencia a la organización como “extendida por todo el mundo, poderosa en medios económicos, influyente en el mundo de las finanzas, omnipresente en el tejido social y político y con síntomas preocupantes de integrismo”.


En el mismo trabajo de Tamayo-Acosta se hace referencia a los preceptos de la Obra. En camino dice:”La canonización apunta a un cristianismo elitista y uniformado en el que el caudillismo se convierte en imperativo categórico: “¿Adocenarte? ¿Tú del montón? Si has nacido para caudillo”; “...para ser muy señor de ti mismo, en primer lugar y después guía, jefe, caudillo!..., que obligues,  que arrastres con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio; “si te ven flaquear y eres jefe, no es extraño que se quebrante la obediencia”; “el matrimonio es para la tropa, no para el estado mayor de Cristo. Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse (de ello) las personas singulares”, y sigue la lista. 

No me llamó la atención para nada que Juan Pablo II,, durante el proceso de canonización del sacerdote Escrivá de Balaguer pusiera tan lejos el “hacer”: “... Fue un maestro de la práctica de la oración. Recomendaba siempre, primero oración, luego expiación y en tercer lugar, mucho después, recién, la acción”

6. LITURGIA:

Un deseo de los 2.500 obispos presentes en el Concilio era llegar pronto a una reforma litúrgica cercana al pueblo que permitiera su participación. Redescubriendo las antiguas tradiciones litúrgicas, el pueblo vuelve a ser protagonista de las celebraciones y de la vida eclesial.

La misa vuelve a impartirse de espaldas al pueblo de Dios. En lo referente a este tema, me remito a lo expuesto más arriba.

 

7. ECUMENISMO:

No sin encontrar algunas dificultades, la palabra ecumenismo adquiere legitimidad plena en la Iglesia Católica. La Iglesia de Cristo no se reduce a la Iglesia Católica romana. Las diferentes Iglesias que están en comunión imperfecta pero real con la Iglesia Católica, forman parte de la única Iglesia de Cristo. La finalidad del camino ecuménico no es la incorporación de los demás sino la búsqueda de un diálogo serio y exigente para favorecer el encuentro.

Las declaraciones de Benedicto XVI han provocado no pocos encontronazos con otras religiones respecto de la legitimidad que les asiste como protagonistas del pueblo de Dios. En este tema también me remito a lo expuesto anteriormente, al Decreto sobre el Ecumenismo y también a lo que viene a continuación, que son unas líneas del periodista Enric González en las que describe una parte de la Segunda Encíclica (“Spe Salvi”) de Benedicto XVI:

 

[…] Resulta curioso, y potencialmente polémico, que pese a sus esfuerzos ecuménicos, no haga referencia a las posibilidades de salvación de ortodoxos y protestantes, y que, tras plantear varias propuestas de diálogo con los musulmanes (cuya fe, según el catolicismo, no permite la salvación), omita mencionar a una de las grandes religiones mundiales. Resulta hasta cierto punto inesperado el elogio a la capacidad de análisis y al vigor intelectual de Karl Marx, "cuyo error fue el materialismo".

"El cristianismo no trajo consigo un mensaje político-revolucionario como aquel con el que Espartaco, en lucha cruenta, había fracasado", dice el Papa, "sino algo totalmente distinto: el encuentro con el Señor de todos los Señores".  

 

 

8. PALABRA DE DIOS:

El Vaticano II ha restaurado el lugar de la Palabra de Dios como fundamento de toda la vida cristiana. El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Todo el Pueblo de Dios puede y debe acercarse a la Biblia para que ésta ilumine su vida.

 El conflicto gravísimo en que la jerarquía ha caído respecto de este tema es que se ha apoderado de Cristo, lo ha sustituido: Cristo ha pasado a ser un símbolo desnutrido.

 

9. PUEBLO DE DIOS:

Esta definición de la Iglesia valoriza la condición cristiana de todos los integrantes de la Iglesia, laicos y ministros. Propone también una nueva inserción en la historia y en el mundo, y una nueva configuración de relaciones en el interior de la Iglesia.

La jerarquía no ha contemplado la valorización a la que se alude más arriba al negarle posibilidades a la mujer en el ámbito del sacerdocio, en el celibato de los sacerdotes…

 

10. LIBERTAD RELIGIOSA:

Una de las más grandes innovaciones del Vaticano II con respecto a la historia del catolicismo es la afirmación de la libertad religiosa, que va asociada a la libertad de conciencia. El papa Gregorio XVI la consideraba en el siglo XIX como un "delirio". Por primera vez, la expresión "libertad religiosa" figura en un texto oficial católico y el subtítulo del documento precisa: "El derecho de la persona y de la comunidad a la libertad social y civil en materia religiosa".

Mis experiencias y la de mi familia, totalmente consustanciadas con el país del cual provengo, muy tempranamente me hicieron reflexionar acerca de una serie de circunstancias íntimamente vinculadas a la actuación que le cupo a la iglesia durante la dictadura militar argentina (1976-1983). Fue entonces cuando en largas conversaciones mantenidas con mis padres he llegado a las siguientes conclusiones respecto de la libertad.

 

El ordenamiento legal establece que la libertad de cada uno termina donde comienza la de los demás. En ese sentido, la ley es el marco regulador de las relaciones entre los ciudadanos; marca los límites; es seguridad, razón, taxonomía, cantidad.
La libertad, sin embargo, fuera del ordenamiento legal, trasciende lo meramente relacional para dispensar el encuentro, el acto desalienante por excelencia, "el instante de suprema lucidez que somos capaces de alcanzar los hombres". La auténtica libertad consiste, así, en la creatividad espontánea con que una persona o comunidad realiza su verdad, es fruto de una fidelidad sincera del hombre a su propia verdad.
La libertad es conciencia, es el adentro-verdad; es diálogo, comprensión; comunión; solidaridad, exigencia, amplitud, reflexión, apertura, pasión, justicia... La libertad devela, esclarece, amplía, invita; es incierta, incómoda; está más allá de la ley. En este contexto la libertad no sólo no se acota sino que se amplía en el encuentro con otras libertades; la insignificancia de uno en libertad deviene en la grandeza de una comunidad en libertad.


La ley vela, oscurece, limita, obliga; es sólida, confiable; certera, confortable: nos dice lo que no debemos hacer y hasta lo que debemos.


Siendo que las comunidades apelan a su conciencia y las instituciones a la ley, corresponde a los gobiernos, depositarios de aquélla y garantes de ésta, disipar los temores de una subyacencia de recelo con respecto a la libertad y a las iniciativas de la comunidad. En tal cumplimiento, exhibirán actitudes políticas francas, alejadas de toda sospecha de indiferencia para con situaciones humanas concretas, o de intencionalidad en la creación de un mundo abstracto con valores desconectados de la realidad.


Aunque la sospecha incumbe por igual a la ley y a la conciencia, en el marco de la ley, que garantiza las libertades individuales y se reserva la condena por actos ilícitos, la sospecha abre un camino a seguir, acaso uno más, para garantizar la justicia de su accionar y poder condenar o exonerar con certezas.


En cambio, en el ámbito de la conciencia, la sospecha es el punto de inflexión a partir del cual asumimos que se resquebraja el andamiaje ético de los valores que hemos elegido, que se posponen las metas que nos hemos impuesto, que se tuercen los procedimientos.

 

¿Cómo abordar la miseria de unos desaprensivos que terminaron no sólo con la vida de sus connacionales sino también con el respeto a las instituciones?

El golpe militar: Proceso de Reorganización Nacional

El entonces teniente general Videla fue nombrado Comandante en Jefe del ejército por la presidente María Estela Martínez de Perón (apodada Isabel  o Isabelita), en 1974. Videla encabezó el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que sustituyó a Martínez de Perón por una junta militar, formada por él mismo, en representación del Ejército, el almirante Emilio Eduardo Massera por la Armada y el brigadier general Orlando Ramón Agosti por la Fuerza Aérea, dando inicio al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. El golpe militar formó parte de un plan mayor de golpes militares en toda Latinoamérica en el cual se encontraba involucrada la CIA y la Trilateral Comission - Richard Gardner, redactor de los documentos básicos de la Comisión Trilateral en abril de 1973, mientras Kissinger  -canciller de Nixon, republicano- intervenía en Chile como promotor y ejecutor material -envío de armas inclusive- de  la caída de Allende -1973) y  Brzezinski enterraba los estado-nación -New York Times, 1º de agosto de 1976- ("...en nuestros días el estado-Nación ha dejado de cumplir su papel) y Tannenbaum echaba las bases del nuevo mundo: "...las compañias multinacionales  ofrecen una base práctica para el futuro desarrollo mundial, ya que están más interesadas en las realidades del servicio comercial e industrial que en los símbolos de la soberanía",  amén de  Rockefeller  y varios más,  todos ellos mentores de la globalización y agentes del poder económico transnacionalizado.

El 29 de marzo asumió la Presidencia de la Nación, que ocuparía hasta ser reemplazado por Roberto Eduardo Viola en 1981, al cumplir el período presidencial de 5 años establecido por la Junta Militar.

Videla

Jorge Rafael Videla, ex militar y dictador argentino, ocupó de facto la presidencia de Argentina entre 1976 y 1981, durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional que se inició con el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Tras la restauración de la democracia en 1983, fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes cometidos durante su gobierno.

Su período estuvo marcado por la desaparición y el asesinato de miles de personas, secuestros y torturas y otras violaciones a los derechos humanos (como el robo de bebés) que configuraron un verdadero Terrorismo de Estado.

Durante su gobierno, una disputa fronteriza con Chile por el control de tierras australes –conflicto del Beagle (6)- estuvo a punto de devenir en un conflicto armado. Tras la restauración de la democracia, fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes cometidos durante su gobierno.

Los Derechos Humanos durante el proceso militar

Las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura fueron sistemáticas. El plan de represión de la oposición política e ideológica, en muchos casos armada (como Montoneros y el ERP –Ejército Revolucionario el Pueblo), combatida como subversión fue uno de los elementos claves en la imposición y desarrollo del proceso. En el curso del mismo, la supresión del derecho a la defensa en juicio, los encarcelamientos ilegales, las torturas y los asesinatos de opositores fueron frecuentes, sobre todo en los núcleos urbanos de mayor presencia estudiantil y obrera.

Massera

 

El 24 de marzo de 1976, Massera lideró junto con Videla y Agosti el movimiento golpista que derrocó a la viuda de Perón, al frente del gobierno nacional desde el fallecimiento de éste. Fue uno de los principales promotores del plan de guerra sucia con el que la dictadura continuó la persecución de los movimientos revolucionarios —peronistas o marxistas— y de toda forma de disidencia política.

El silenciamiento de la difusión de "ideas opuestas a la civilización occidental y cristiana" redundó en la desaparición de unas 5.000 personas de distintos grados de militancia política, incluyendo un importante número de sacerdotes y monjas tercermundistas, pese a lo cual la relación de Massera con la Iglesia Católica fue siempre excelente. La Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), bajo la dirección de Massera, fue uno de los centros de detención clandestinos más grandes del país, donde se encarceló sin juicio previo, torturó y asesinó a miles de prisioneros.

Massera se separó del gobierno el 16 de septiembre de 1978, cuando el triunvirato original fue reemplazado por el encabezado por Roberto Viola. Tras el fin de la dictadura, fue investigado por el organismo específicamente encargado de la instrucción sobre la guerra sucia y el terror de Estado, la CONADEP –Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. El 16 de enero de 1983, se presenta como candidato a Presidente de la Nación por el Partido para la Democracia Social, pero el 21 de junio del mismo año es detenido por la participación en la desaparición del empresario Fernando Branca, esposo de la amante del represor;[] el 22 de abril de 1985 fue juzgado por violaciones a los derechos humanos, asesinato, tortura y privación ilegal de la libertad, y condenado a prisión perpetua y pérdida del grado militar.

Sin embargo, el 29 de diciembre de 1990 fue indultado por el entonces presidente Carlos Saúl Menem, y recuperó la libertad hasta 1998, cuando fue nuevamente puesto en prisión preventiva por causas relativas al secuestro y denegación de identidad a menores durante su gobierno, y por el dictado de órdenes de tortura, fusilamiento, confinamiento en centros clandestinos y ahogamiento en el mar de prisioneros vivos. La orden dictada por la juez María Servini de Cubría se basaba en que la apropiación de menores y los restantes cargos imputados están considerados delitos contra la humanidad, por lo que no son pasibles de prescripción; la apropiación ilegítima de bienes de los desaparecidos, por la que no había sido juzgado en 1985, se incluyó en el sumario.

En 2004, tras el estallido de un aneurisma cerebro vascular, fue ingresado al Hospital Militar de Buenos Aires. Las secuelas del mismo llevaron a que fuese declarado incapaz por demencia, y se suspendieran las causas en su contra, no sin antes ser condenado en algunas de las causas. Las órdenes de extradición levantadas por los gobiernos español, francés y alemán en su contra se encuentran suspendidas por la misma razón.

Participación del Vaticano

Massera y P2

El nombre de Massera figuraba en la lista de 963 integrantes que la policía italiana encontró en 1981 al investigar las acciones de la logia masónica Propaganda 2, de la que también habían sido miembros Perón, numerosos industriales y políticos italianos, entre ellos Silvio Berlusconi. La logia, desde entonces declarada ilegal por el gobierno italiano y presuntamente disuelta, estaba bajo la dirección de Licio Gelli, un antiguo operador de Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial luego encargado por la CIA de mantener una red clandestina de operaciones anticomunistas; Gelli habría conocido a Massera a través de Carlos Alberto Corti, capitán de la Armada y confidente de este último, y empleado el contacto para garantizar la contratación de los multimillonarios gastos en equipamiento militar —6.000 millones de dólares en dos años— y el control de parte de la prensa a través de la compra por parte de la editorial italiana Rizzoli de la argentina Editorial Abril. A cambio, habría facilitado las relaciones de Massera con el Vaticano y Estados Unidos, y proporcionado los medios para canalizar hacia el exterior el dinero obtenido de cohechos y malversaciones del tesoro público.

El enviado del Vaticano

El Vaticano tuvo un rol determinante en las prácticas más bárbaras del régimen militar. No casualmente el nuncio Pío Laghi, representante oficial de la sede apostólica, apareció vinculado en una nómina de 1351 casos de personas detenidas desaparecidas por la dictadura, publicada por la revista El Periodista en noviembre de 1984. Ese listado, frondoso en denuncias contra cientos de sacerdotes, debía incorporarse al informe de la CONADEP. Sin embargo, la virulencia del informe alcanzaba tal magnitud que ponía en tela de juicio las relaciones entre el Vaticano y el Estado argentino. Por ese motivo, el entonces presidente Alfonsín y su ministro Troccoli acordaron con miembros de la CONADEP como Ernesto Sábato y Gregorio Klimovsky negar la existencia de ese listado y cubrir con un manto de impunidad a Laghi.

Análogamente al asesinato del obispo Angelelli y las monjas francesas, la jerarquía eclesiástica sabía con certeza que el 4 de julio de 1976, el grupo de tareas comandado por el general Suárez Mason había asesinado a los sacerdotes de la parroquia de San Patricio. Días más tarde, Laghi no tuvo ningún reparo en utilizar la misma parroquia para confesar a Suárez Mason. Vale recordar que Laghi jugaba al tenis cada 15 días con el almirante Massera, quien junto a Suárez Mason compartía los negocios turbios de la Iglesia en el Banco Ambrosiano, lavando dinero de la mafia siciliana y provocando un desfalco de 1400 millones de dólares. El 27 de junio de 1976, Laghi visitó Tucumán a instancias del general Bussi, comandante de la V brigada de infantería y gobernador de la provincia. Mientras Tucumán ardía en una hoguera de sangre, Laghi defendió a Bussi manifestando que la necesidad de ejercer la “autodefensa habrá de respetar el derecho hasta donde se pueda” El secuestro, el asesinato y la tortura eran sistemáticamente amparados por la Iglesia, que en pos “del bien común”, bregaba como un objeto errado que “los organismos de seguridad actuaran con pureza química de tiempos de paz … o que se buscara con pretendidas razones evangélicas implantar soluciones marxistas”, tal como cita la letra del primer documento episcopal de mayo de 1976.

 Galería de imágenes de Pío Laghi

 

                                Con Bush  Con Videla          Con Stroesner     Nuevamente con Videla

 

 

         Estas imágenes nos muestran las excelentes relaciones que mantuvo Pío Laghi –la Iglesia- con los dictadores Videla y Stroessner del Paraguay, y con el actual presidente de EE.UU., el señor Bush.

          El papado y la dictadura

El cardenal argentino Eduardo Pironio admitió que diariamente llegaban al Vaticano cientos de cartas de denuncias de desapariciones. Aún así, el papado reconoció al régimen de la dictadura aceptando a su embajador Rubén Blanco, ex diputado radical y miembro del círculo áulico de Ricardo Balbín. El Papa Paulo VI se atrevió a calificar de “extravagancias” las denuncias de Angelelli, asesinado poco tiempo más tarde. En julio de 1980, dos madres de Plaza de Mayo consiguieron una audiencia con Juan Pablo II, quien les encomendó entregarse a la “fe y la paciencia”. Wojtila nunca más recibió a ninguno de los organismos de derechos humanos. Ni siquiera en 1982, cuando viajó a nuestro país con el objeto de sellar la derrota de la guerra de Malvinas a manos del imperialismo británico para “pacificar” la nación. Cuando fue interrogado por los periodistas, el Papa respondió que en relación a los desaparecidos “se habían producido mejoras” pero que “no podía hablar de eso públicamente”.

Del mismo modo que el Episcopado argentino, recién en mayo de 1983, cuando el régimen dictatorial estaba en franca declinación, el Papa hizo alusión de forma clara al problema de los desaparecidos. La complicidad del Vaticano con el genocidio reconoce como antecedente la labor del otrora Papa Pío XII, quien recién a mediados de 1943, cuando la derrota de Hitler era inexorable, denunció los crímenes cometidos por los nazis, amén de la ayuda proporcionada para su huida a países de América latina. El gobierno de Kirchner bien puede llevar al banquillo de los acusados a un cura suelto como Von Wernich, pero se niega a condenar la responsabilidad conjunta de la Iglesia y el Vaticano como instituciones que hasta el día de hoy gravitan decisivamente en las políticas del Estado nacional. El castigo a todos los curas genocidas resulta una tarea ineludible para avanzar en la lucha por la separación de la Iglesia del Estado, en la perspectiva de terminar con el financiamiento material de esa institución amiga de los golpes militares.

III. Conclusiones

 

 Sellar la vigencia del Concilio Vaticano II con un  “ha fracasado” sería anacrónico. El mundo nos enseña que nada es definitivo, como no sean los grandes valores que impulsa el cristianismo: la verdad, el amor, la misericordia…

Las épocas cambiantes y la velocidad a la que se producen los acontecimientos postergan la verdad pero no pueden con ella, sobre todo porque anida en el hombre esa luz de esperanza que le permite seguir en la lucha gracias a su permanente necesidad de encuentro con el hermano.

Esto no obstante, no debemos bajar los brazos ni perder la memoria de tanta catástrofe como la vivida en el más cruel de los siglos que recuerde la historia: el  que acabamos de dejar atrás.

El Concilio ha anticipado las miserias de la pobreza, no en tanto pobreza –su vigencia es parte de la historia- sino como postergación por parte de quienes –como nunca antes- pueden paliarla;

El Concilio ha despertado la conciencia de los derechos humanos en aquellos que ni saben que les asisten;

El Concilio ha otorgado a  la militancia su capacidad de crítica;

El Concilio ha institucionalizado la solidaridad;

El Concilio ha abierto  las puertas de par en par a la participación;

El Concilio ha autorizado una reflexión serena acerca de los dogmas;

El Concilio ha independizado al católico del templo, devolviéndole al militante su condición de Iglesia;

El Concilio ha expandido una fe vívida en Hispanoamérica;

El Concilio aspiraba a descentralizar el poder de  Roma;

El Concilio favorecía el diálogo entre las distintas confesiones;

El Concilio ha logrado que el militante se dibuje valientemente en el marco de su fe;

El Concilio terminó con el “salva tu alma”  para hacernos “uno” en nuestros hermanos y así  salvarnos todos;

El Concilio aspiraba a que el encuentro “Yo-tú”  se transformara en un dialogo “nosotros-vosotros”

El Concilio empujaba al militante a la búsqueda de la verdad para vivir en Cristo.

 

Bastante se ha logrado.

La militancia, si bien se ha  apartado del templo, ha tomado conciencia , ha internalizado el dolor de la pobreza; sabe de los derechos humanos que le asisten; no se abstiene de las críticas; ha institucionalizado la solidaridad y su participación; se ha asumido Iglesia; ha revitalizado su fe  en Hispanoamérica; ha dejado de mirar a Roma; es dialogal con otros credos; no teme mostrarse valientemente; va camino del encuentro  social, especialmente en Hispanoamérica; y ha olvidado el cristo simbólico que cuelga en las paredes para hacerlo suyo.

La Iglesia pudo haber sido  el eje de la participación de la gente dado que su misión es, entre otras cosas que atañen a la trascendencia del hombre y a su marco religioso, impulsar una puesta en común en el logro del bienestar espiritual que todos y cada uno de los seres humanos merecen, sea cual fuere su lugar de origen,  su nacionalidad, su fe, su color.

 

Sin embargo, la Iglesia, desorientada ante un cambio que la coge  desprevenida, sabedora de que sus sacerdotes no tienen formación para afrontar las nuevas circunstancias que se avecinan, se repliega. El giro que le está dando Ratzinger la retrotrae a  tiempos pretéritos cuando el templo católico era factor determinante de una conciencia colectiva que no autorizaba compromisos ciudadanos sino a su través.

 

La iglesia, yendo al abordaje de las debilidades de aquellos que aún se mantienen fieles,  sigue mandando en muchísimas conciencias y no está dispuesta a perder capacidad a cambio de eventuales adherentes.

 

De entre los “católicos”, aquellos tibios que  cumplían el ritual , al vivir el desasosiego de una Iglesia intolerante con la realidad cotidiana de sus propias vidas  - aborto, medios anticonceptivos, parejas de hecho- descubrieron que la Iglesia no formaba parte de  sus intereses.  Esto no obstante, han seguido nutriendo la parafernalia eclesial de la tríada ”bautismo-confirmación-casamiento”, especialmente en España.

La Iglesia lo asume y saca provecho.

 

Hubo muchos otros que, a la luz del mundo que viven (en el que no están simplemente de visita), y una profunda fe que poco tiene que ver con el “do ut des” del infierno, del cielo o del purgatorio, aprovecharon las enseñanzas del Concilio Vaticano  II y las actualizaciones doctrinarias que impulsó:  sacaron a la Iglesia del templo para instalarla en el hermano, asumiendo definitivamente que ellos mismos “son” Iglesia. Son la reserva con la que contará el Vaticano  cuando el cambio ya sea irreversible.

La iglesia no lo asume; no le sirven para nada.

 

Juan Pablo II , el “Papa mediático”, bajo la apariencia de gran modernidad utilizó los medios de comunicación y sus viajes proselitistas para “captar” católicos, convocando grandes multitudes que lo aclamaban, filmaban y fotografiaban, pero a ningún menesteroso que extendiera su mano en ruego por un mendrugo. Juan Pablo desplazó  a los Jesuitas para introducir  el “Opus Dei” en su lugar,  llevando  a su fundador a los altares en un acto “contra legem” que no registraba antecedentes en el Vaticano. Juan Pablo se llevó por delante la Iglesia latinoamericana, la Iglesia identificada con el necesitado de pan.

 

A su muerte, Ratzinger, su sucesor, no se quedó  atrás. Después de resucitar el infierno -¿a quién le puede interesar?-, en una acto incompresible, terminó con el limbo –incomprensible porque si el infierno interesa escasamente, no me imagino lo que puede significar el “limbo”; ató bien atada la idea de que la doctrina es eterna como Cristo y en virtud de lo mismo no es susceptible de ser cambiada. El Concilio Vaticano II cambió sustancialmente  la doctrina anterior de la Iglesia en la que se la consideraba como sociedad perfecta, jerárquica y desigual por voluntad divina expresando que “se autocomprende como misterio, pueblo de Dios y comunidad de creyentes en la que todos los cristianos, del Papa  a los creyentes de a pie, son iguales por el bautismo”, adecuándola a los tiempos currentes.”

Insiste ratzinger, sin embargo, en  que la doctrina es eterna: “El Concilio Vaticano II ni quiso cambiar la doctrina sobre la Iglesia ni la cambió”; rectifica al Concilio con su idea de que sólo la Iglesia Católica Apostólica Romana es la única verdadera, con lo cual se evanesce el tan largamente buscado encuentro de la cristiandad cuyo acercamiento había promovido Juan Pablo II. Protestantes y judíos  lamentan el talante “monopolizador” de Benedicto XVI. Los Evangélicos, en un documento que vio la luz alrededor del 14 de julio de 2007, contestan:  “Hay una sola Iglesia cristiana, la formada por quienes aceptan a Jesús como Salvador y Señor de su vida y al Evangelio como máxima referencia de fe y conducta”*; invita a los obispos a la lucha ideológica (documento ”El sacramento de la caridad”) diciendo que el catolicismo no radica en el diálogo y la tolerancia (Pablo VI en su primera encíclica pide el diálogo dentro y fuera de la Iglesia); considera innegociables la indisolubilidad del matrimonio y el divorcio,  y,  para terminar con una larga lista de “novedades”, en un afán por reconciliarse con los lefebrianos, autoriza la misa en latín con el cura de espaldas a la feligresía.

 

Con todo, la militancia  que sigue a Benedicto XVI , como cualquiera otra persona que anda por el mundo, continúa utilizando anticonceptivos y condones; divorciándose; esquilmando, si empresarios, al personal a su cargo; si dependientes, al empresario cada vez que se presenta la ocasión; divorciándose; siendo infieles a sus juramentos; estafando al estado en sus declaraciones de rentas, despreciando al diferente… En fin,  olvidándose de  los compromisos de la  vida en Cristo a la carta que le impone  el templo. Después de todo, les cabe la complicidad del cura en la confesión, que sigue sirviendo a todas las partes: Al pecador porque, en su efímero arrepentimiento escupe lo suyo en busca de alivio,  y al cura porque  así sabe con quién puede contar. 

 

El Episcopado español, el más obediente a Roma, se presta  a cuanta maniobra genera la derecha rancia. En el orden puramente religioso,  no tiene parangón:  El cierre de un templo “habitado por curas “rojos” que consagran el cuerpo del Señor  usando rosquillas, y el “suma cum laude” del desafío , la construcción de una iglesia (Parroquia Santuario de los Sagrados Mártires) para honrar la memoria  de los valencianos muertos en la Guerra Civil “por el odio a la fe“; en el político, su alianza con las Víctimas del terrorismo del Partido Popular; en lo educativo, su oposición a la nueva materia de Educación para la Ciudadanía ; en lo social, cortando las ayudas de Caritas a los necesitados del barrio donde funciona la iglesia de los curas “rojos”…

 

El templo  de Ratzinger (y de Juan Pablo II) , en su necesidad de perduración administrativa sirve a los intereses del sistema, constituyéndose en uno de sus pilares  al  frenar la participación de su gente  en un intento por  sofocar los desbordes que anidan en su seno. Así se repliega,  tal cual procediera cuando la Contrarreforma, a la solidez de una estructura que, el poder económico-financiero del Opus mediante, por ahora está garantizada.

 

¿Quién ha demorado el cambio, quién ha sido anacrónico entonces? ¿La Iglesia que sigue viva en la militancia  o “el templo” que vive en la jerarquía?

 

  

IV. Referencias

 

 

(1).Fundacion Emilia Maria Trevisi: La salud no es un derecho

(2).Http://www.chasque.apc.org/umbrales/rev115/concilio.html)

(3).Http://www.intcat.net/cms/htdocs/modules/news/article.php?storyid=43

(4).Http://www.montfort.org.br/index.php?secao=veritas&subsecao=igreja&artigo=sementes_ecumenismo&lang=esp

(5).Http://www.atrio.org/?p=873

(6).Http://es.geocities.com/vati206/vida2/2.htm

 

- Berryman, Phillip. Teología de la liberación. México: Siglo Veintiuno Editores, 1989. Edición digital autorizado para el Proyecto Ensayo Hispánico. Febrero 2003. 12 de junio de 2004.

 

- Canal Ramírez, Gonzalo. La Unión Soviética, Reto Moral. Bogotá: Imprenta y Rotograbado, 1969.

 

- Philips, Gerard. La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano II: Historia, texto y comentario de la Constitución “Lumen Gentium”. Barcelona, 1968 – 1969.

 

- Ruíz Jiménez, Joaquín. El Concilio Vaticano II y los derechos del hombre. Madrid: Edicusa. 1968.

 

- Decreto Perfectae Caritatis, 28 octubre 1965. Documentos del Concilio Vaticano II. La Santa Sede, Archivo. 12 de junio de 2004.

 

- Gutiérrez, Gustavo. Teología de la liberación. Lima: Centro de Estudios y Publicaciones, 1984.

Lois, Julio. Teología de la liberación: Opción por los pobres. Madrid: Editorial Fundamentos, 1986.

 

- Emilo Mignone. Iglesia y dictadura. Universidad de Quilmes y Página/12. Argentina

 

 

 

 

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