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 José Saramago

 

Un maestro literario, una conciencia política.

Batallas con el poder

La fuerza de la palabra



MARIANO RAJOY

 

EL PAÍS  -  Cultura - 19-06-2010

Con José Saramago desaparece un novelista enérgico, comprometido con la fuerza de la palabra. Sus libros son testimonio de ello. Intensos, arrebatados, desvelan la precisión visionaria de quien escribía desde dentro, invocando una pasión íntima que surgía de la imaginación, pero que no renunciaba a tener los pies en la tierra, palpando sus contradicciones y sus injusticias. Sé que no compartíamos el mismo horizonte político. Él creía en unos ideales que no son los míos, pero eso no impide que aprecie en su obra la convicción compartida de que la dignidad del hombre, más allá de las diferencias, siempre cuenta. Sus personajes mostraban esta forma de pensar. En ellos latía un aliento pesimista que dejaba abierta una puerta a la esperanza, a la espera de que el lector sacara sus propias conclusiones acerca de su conducta: de lo que hacía con su vida y de cómo lo hacía. El año de la muerte de Ricardo Reis, Memorial del convento o Ensayo sobre la ceguera son ejemplos de este proceder literario. Saramago fue uno de los grandes escritores del siglo XX y un gran amigo de España. El reconocimiento internacional que mereció su obra fue, también, un homenaje esperado al portugués: una lengua portentosa, bella y fértil desde sus orígenes; una lengua próxima, íntima, hermana, como el pueblo que la habla y que siente a través de ella.

José Luis Rodríguez Zapatero

 

EL PAÍS  -  Cultura - 19-06-2010

 

Tu abuelo, nos contaste, intuyendo el final de su existencia en la Tierra, fue diciendo adiós a los amigos, a su familia, a la naturaleza, porque quería estar lúcido y presente cuando la muerte llegara. Por eso, se abrazaba a los árboles que guardaban las páginas escritas de su vida.

Me llega la triste noticia de tu muerte y te evoco, el verano pasado, en la biblioteca de tu casa de Lanzarote. Vuelves a ser el perfecto anfitrión, el hombre cortés, inteligente, generoso, al que le gusta compartir la amistad. Me honra ser tu invitado. Pilar, tu compañera, tu cómplice, parece señalar en silencio a todos y cada uno de tus personajes en ti: al Ricardo Reis que se compadece de la soledad de los poetas y ayuda a no temer la memoria, a los inventores de artefactos angélicos que quieren enseñar a los seres humanos a volar "aunque les cueste la vida", a aquel alfarero que libra a los esclavos de una nueva caverna porque se niega a aceptar ciertas cegueras que imponen desigualdad y dolor.

Tú, que has sido también todos los nombres, no terminas aquí. 2010 es ya, para siempre, el año de la muerte de José Saramago, pero tus libros forman un maravilloso bosque de dignidad. Y yo me abrazo al árbol para mantener tu memoria.

  

Comentario

Por Carlos A. Trevisi

Fundación Emilia Mª Trevisi

 

 

Mariano Rajoy

 

Rajoy está de visita en Saramago. Lo mira desde afuera; lo describe; no lo conoce. Su discurso puede aplicarse a cualquiera. Señala diferencias: “no compartíamos el mismo horizonte político”. En sus personajes  latía un aliento pesimista que dejaba abierta una puerta a la esperanza;  El año de la muerte de Ricardo Reis, [es] ejemplo de este proceder literario.

Rajoy es formal; cumple con su obligación. “Puede enviar la nota”, le dice a su secretario o a quien la  escribiera.

 

José Luís Rodríguez Zapatero

 

Zapatero no describe a Saramago.  No necesita hacerlo; lo tiene en sus adentros, lo vive. Su discurso es íntimo: lo tutea. La intimidad de Zapatero le impide señalar diferencias. Se ha muerto un todo en el afecto, en el respeto; en el respeto que merece quien fuera Saramago por su condición de ser otro. “Pilar, tu compañera, tu cómplice”, le dice, “parece señalar en silencio a todos y cada uno de tus personajes en ti: al Ricardo Reis que se compadece de la soledad de los poetas… “ No hay pesimismo, hay dolor.   Zapatero levanta vuelo: “Tú has sido también todos los nombres […] tus libros forman un maravilloso bosque de dignidad. Y yo me abrazo al árbol para mantener tu memoria”, le dice.  “Puede enviar la nota”, también dice a su secretario. Y se queda con los ojos perdidos pensando en su propio bosque. Y llora.

 

En Guadarrama a los 20 días de junio de 2010