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La pastilla del día después

 

El Gobierno Español acaba de pronunciarse respecto del uso de la pastilla post-coital.

Como era de esperarse ha suscitado todo tipo de comentarios. Una vez más el mundo nos pone a parir. Y sin atenuantes.

 

Hemos dicho en otras ocasiones que los principios han cedido ante la magnitud y variedad de circunstancias que nos acosan diariamente.

Vemos por televisión mujeres jóvenes que, todo tipo de seducciones mediante, eligen a un varón para llevarse a la cama; discos “Light” en los que menores de toda minoridad “pagan” con billetes de Monopoly  por llevarse una chica al mejor postor;  putas alhajadas del “jet set”  que cuentan sus peripecias amorosas y hasta dejan caer alguna que otra lágrima; otras que desnudan su intimidad, otras que…

 

Usted se preguntará  porqué hablo en “femenino”. La respuesta es tristísima : pese a todos los avances sociales, la mujer no ha dejado de ser una mercancía que cotiza en la cama. Y los hombres, unos repugnantes mercaderes que se llenan los bolsillos exhibiendo toda la mierda que anima sus vidas. Les basta con explicar, en el caso de la disco, que los chicos “pagan” con  billetes de Monopoly; que a ellas nadie las obliga, que en su disco no expenden  alcohol…

 

España tiene uno de los registros de abortos más altos del primer mundo. Son miles y miles de muchachas que abortan, con lo que esto conlleva en su fuero íntimo, si es que les queda algo de intimidad. Se eliminan vidas nuevas como quien arroja una tirita al papelero.

 

Apliquemos los principios: NO A LA PASTILLA. Tienen que aprender a cuidarse. No puede ser que  “lo” hagan irresponsablemente, sin meditar las consecuencias. No se puede facilitar desde el estado una pastilla que favorezca  su irresponsabilidad. Aplausos.

Apliquemos las circunstancias: SÍ A LA PASTILLA. La pastilla resuelve el descuido. Pueden no cuidarse porque la pastilla les garantiza que quedar embarazadas ya no es problema. El mundo es así, dicen. Y si existe la pastilla… Dolor

 

Vayamos ahora a las causas. Nuestros jóvenes  viven azarosamente. Para ellos, el ejercicio de la  voluntad transita sólo por aquello que les interesa, jamás por el esfuerzo permanente que exigen la mayoría de las cosas que nos apabullan, que nos obligan, pero que están allí y hay que cumplimentarlas; su afecto es apenas un tenue reflejo de lo que aprendieron viendo dibujitos animados –lloraban porque se moría una ardillita, pero veían con toda naturalidad, sin una lágrima, el despedazamiento de seres humanos en los telediarios.  Su inteligencia ha aparcado la reflexión. Se mueven por lo que perciben. Les basta con ejercitar su inteligencia en juegos de estrategia –muy valiosos pero sin contenidos vivenciales- o  sus reflejos  jugando con el ordenador.  Su libertad es total. Es la libertad de las bestias: descartan a los que molestan –padres, profesores, etc.-  para vivir  en paz (¿en paz?). Ningún intento de incorporarlos a sus vidas; nada de abarcar a los demás; nada de libertad con responsabilidad; libertad para disfrutar de los placeres que les ofrece la vida (es decir, nosotros, sus mayores, que optamos por “comprarlos” porque no sabemos qué hacer con ellos).

 

Entonces nos asustamos y ponemos en marcha todos nuestros recursos. Ya no importa ni el pudor (¿qué es eso?),  ni que lo haga “por amor” (¿por amor?), ni que se aplique en los estudios (¿estudios?). El asunto ahora es que el “nene” no ande con drogas y  “la nena” no quede embarazada. Entonces ponemos máquinas expendedoras de condones en los colegios y una propaganda en la tele que pone una pareja joven, casi en el éxtasis del orgasmo, y ella  preguntando  si lo que van a hacer es sexo seguro.

 

Pero el problema no radica en poner los condones al alcance de su mano (por lo visto no los usan): hay que poner responsabilidad en su “psique” para no llegar a la pastilla, para que no la adopten como quien toma una aspirina porque le duele la cabeza.

 

¡Pero eso lleva tanto tiempo! ¿Quién puede ayudarlos a abordar tamaña empresa? Los padres seguramente no porque somos los primeros que las autorizamos a que se pongan en subasta, los maestros tampoco porque no hacen cola con ellos para comprar preservativos en la dispensadora del colegio…

 

Entonces aparecen los políticos y el Dios Estado, que todo lo pueden. No deja de ser paradójico: lo que no puede hacer un padre por su hijo sale a hacerlo el Estado por millones de chicos. Claro que lo hace tarde y mal. Dispensa la pastilla sin haber implementado los recursos pedagógicos que son menester para que internalicen lo que es un embarazo y un niño por nacer en plena adolescencia de su madre, (y hablamos de la muchacha porque el “embarazador” queda fuera del cuadro, impune, camino de organizar discos “Light” para subastar chicas tan imbéciles como la (las) que él preñó.

 

Dado que no sabemos que hacer con nuestros hijos mal podemos lanzar al mundo criaturas desventuradas con madres de 14 o 15 años a las que no hemos sabido enseñarles lo que significa ni la voluntad, ni el amor, ni la inteligencia, ni la libertad.

No habiendo ya tiempo para hacerlo y lamentándolo profundamente,  me pronuncio por un SÍ A LA PASTILLA.

 

¡Muchachos y muchachas a tomar la post coital que es gratis –al tenor de lo que evita- y está en todas las farmacias!

 

Y que Zeus nos ayude, porque el Dios del mundo occidental y cristiano está ocupado dialogando con el Papa precisamente de un tema que tiene que ver con esto que acaba de leer.