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Estimado amigo.

 

En su artículo La otra crisis mundial: la de la educación (“El País”, 19/10/2008)  nos dice:

 

[…] Nadie tiene claro qué hacer. ¿Más ordenadores en las aulas? ¿Mejores sueldos a los docentes? ¿Menos alumnos por aula? ¿Descentralización de la educación? ¿Centralización? ¿Aumentar los incentivos para que haya más competencia entre escuelas y entre profesores? ¿Más recursos al sistema educativo? Todo se ha probado y no hay resultados concluyentes. Singapur, por ejemplo, es el país cuyos estudiantes están entre los mejores del mundo. Es también uno de los países ricos que menos gastan en educación primaria.[...]

 

Podría presentarme diciéndole que he sido educador durante más de 40 años, pero me temo que si lo  hiciera usted dejaría de leer de inmediato. Y no lo critico: a mi mismo me sucede cuando abro algunas de las decenas de correos que me llegan diariamente.

Tal es el desprestigio que tenemos. Fíjese usted  que en las pocas líneas en las que resume algunos de los interrogantes  que afectan a la educación no figura para nada que nosotros, los docentes, podríamos ser los responsables (casi diría los únicos responsables) de la catástrofe.

 

Desde la Fundación Trevisi, del mismo modo otros lo intentan desde asociaciones creadas “ad hoc” en las que  se impulsan nuevas metodologías que propenden al cambio, hemos planteado a los largo de los últimos 7 u 8 años esta necesidad urgente de que la ciudadanía aborde con claridad el problema; que por lo menos asuma que existen otras razones aparte de la que las que nos impone el sistema  a través de los políticos, y los medios. 

 

Cuando se cuela en los medios alguna novedad  se anuncia como un “prodigioso avance, novedad insólita” que viene, indefectiblemente, acompañada por dos interrogantes: ”Por qué no se avanza en este sentido? y  ¿Qué pasa?”. De más estaría agregar que la respuesta la dan los mismos que se formulan  la pregunta,  o ingeniosos políticos que quieren “enseñar” “ciudadanía” en inglés con dos profesores en el aula: uno que la “dicta” en castellano y algún otro bilingüe desocupado –disculpe usted la mordacidad- que la traduce al inglés simultáneamente.

 

La experiencia acumulada a lo largo de tantos años de vida nos advierte de que el mundo que nos toca vivir no autoriza debates que desacaten el llamado de la realidad. Es menester responder a la convocatoria de los hechos: no es uno quien vanidosamente elige los "temas"; es la realidad la que nos convoca haciéndonos actuar en respuesta a sus estímulos. Veremos, así, que las cosas cobran una grandeza antes jamás advertida. Sin embargo, lejos de proceder actuando sobre la realidad, nos escapamos por los meandros que los charlatanes dibujan para descafeinarla, eludiéndola.

 

El conocimiento es a partir de uno mismo, desde uno mismo; su adquisición se logra aprehendiendo datos, "universos menores", que sirven a "universos mayores", el conocimiento. Estos "universos mayores", en su interrelación, crean nuevos espacios de saber que se dan cita, arborescentes, y gracias al empuje de su propia fuerza, en  sabiduría.

La clave de la relación enseñar-aprender es despertar el encuentro entre esos universos.

 

El hecho educativo es competencia de todos: de los gobiernos, de los maestros, de la familia y hasta de los que se sientan más alejados de la tarea de educar. Así, TODOS tendríamos que asumir el desafío de la educación porque educar ( http://www.fundacionemilia mariatrevisi.com/ques.htm ) es satisfacer una necesidad personal de apertura al  cambio ( http://www.fundacionemiliamariatrevisi.com/acercadel cambio.htm ) que conforme, de una vez y para siempre, una sociedad comprometida con el saber y en ejecución de su propia identidad.

En un país libre es la sociedad la que decide acerca de su destino y los gobiernos los depositarios administrativos circunstanciales de sus intereses. La elección de valores, (http://www.fundacionemiliamariatrevisi.com/articulosdeopinion/educ10.htm) la fijación de metas y la implementación de procedimientos, si bien se expresan a través de su acción disparadora, son de exclusiva incumbencia de la sociedad.

La puesta en marcha de un país depende de la activación de los recursos con que cuenta, siendo entre ellos, el más importante, su gente. Corresponde a los gobiernos garantizar una educación generadora de personas nuevas, armónicas, capaces de recrear circunstancias transitables.

 

Las sociedades bastardeadas por la ignorancia y el egoísmo detienen la marcha porque transfieren sus compromisos al poder de turno según un pacto que no es tan infrecuente: enajenan su conciencia a cambio de seguridades.

Tal vez haya llegado el momento de convertir la inmovilidad en tránsito y de participar, algo más que de visita, ante la inexorabilidad de los cambios que nos golpean en lo personal pero también en nuestro quehacer profesional. Como nunca antes, los replanteos socio-económico-culturales del mundo  globalizado de fin de siglo, exigen de nosotros una actualización que excede el marco de la capacitación tradicional. Ser maestro, hoy día, obliga al saber del filósofo, del antropólogo, del sociólogo, del psicólogo; a una reflexión que ratifica que nada sabemos pero que contamos con todos los recursos para afrontar la duda permanente.

 

Sin embargo no alcanza con explicarse qué, cómo y porqué.

Se hace imprescindible instrumentar el cambio, manejar las herramientas. El material didáctico debe ubicarse en el contexto del diseño, difusión y desarrollo del currículum. Se trata de todos "aquellos instrumentos y medios que proveen al educador de pautas y criterios para la toma de decisiones, tanto en la planificación como en la intervención directa en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en su evaluación". (Zabalza, 1990, citado por José María Ruiz y Ruiz, en "Teoría del curriculum: diseño y desarrollo curricular", Ed. Universitas, Madrid, 1996.)

El secreto está "más bien en cómo los profesores pueden tener un papel activo en los procesos de desarrollo curricular, y promover un uso más profesional y creativo de los materiales (y de los recursos, ampliamos nosotros).  (Ben Peretz -1990)

 

El eje de una  oferta educativa actualizada es presentar los porqués, cómos y paraqués de la vertiente actitudinal del proceso educativo y "promover un uso más profesional y creativo de los materiales" y de los recursos, adentrando a todos aquellos involucrados en el ámbito de la educación –gobiernos, padres, maestros- en una nueva órbita donde el diálogo favorezca su encuentro y con los estudiantes.

 

No caben variables –aunque sí aportes- a un proyecto que termine con la mentira de lo que sucede en la educación. Es menester abordar ya mismo una nueva formulación de la carrera docente eximiéndola de una carga de datos innecesarios; impulsándola a despertar en los maestros  una actitud franca, abierta, valiente, capaz de recrear en el alumnado –hora es ya también de terminar con la denominación de  “alumno” y reemplazarla por la de “aprendiz”-,  un afán de curiosidad e interés por la investigación, para que aprendan así a elegir, cambiar  y, consecuentemente,  crecer.

 

Un saludo cordial

 

      Carlos Á. Trevisi

        Responsable

Fundación Emilia Mª Trevisi

 

 

 

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