La salud no es un derecho

por Armando P. Ribas*


Comentarios en
azul  por  Carlos A. Trevisi (C) (2006)


Referencias al pie del artículo

 

"Cada vez más los progresos humanos se tornan en derechos de la humanidad en tanto que se ignoran los factores determinantes de los mismos. La mayor ignorancia que persiste, evidentemente, es respecto a la naturaleza del hombre. Fue en ese sentido que se pronunció David Hume cuando dijo en su Tratado sobre la Naturaleza Humana: “Todo estudio debe comenzar por el conocimiento sobre la naturaleza humana y éste es el que ha sido más ignorado”.

Comentario

(C)
El hombre es un profundo misterio interpretable de mil maneras, pero tiene una indiscutible categoría más allá de las interpretaciones que sucesivos pensadores puedan sostener; de hecho, este hombre, el que me toca de compañero en el metro, mi vecino, mi prójimo en fin, me obliga a satisfacer su potencial, a proyectarlo en toda su plenitud a colaborar con su crecimiento. Cuando el P. Vitoria hace 500 años sostuvo la “humanidad” de los Indios y se abocó a hablar de los derechos de todos los hombres sin distinción, creo que dejó en claro cuál era la naturaleza de su identidad. Hume, uno de los principales representantes del empirismo sostiene que el conocimiento se reduce a las percepciones y sus relaciones entre sí. En pocas palabras, no parte del hombre sino de lo que los demás perciben que es. Así, descartada su “humanidad”, se lo trata como un objeto. De hecho el hombre es el resultado de la educación que ha pesado y pesa permanentemente sobre él. El proceso educativo –que es precisamente lo que nutre sus potencialidades- es lo que autoriza a pensar que cada ser humano, cada comunidad es lo que se ha hecho con ella a lo largo del tiempo. Y eso, claro está es algo más que buenas maneras o buenos colegios: incluye el padecimiento de guerras, intereses económicos despiadados, colonizaciones criminales y mil “detalles” más, como por ejemplo políticos corruptos, ignorancia (y no precisamente la de saber dónde queda Cachemira, sino la otra, la de la penetración de textos por el análisis, de la comprensión de los símbolos; esa ignorancia que obliga a la gente a que el mensaje que recibe se base en lemas, y eslogans porque no pueden participar de otro modo en la relación simbólica de los demás; esa ignorancia que empuja a las personas a dejarse llevar por el demagogo, por las promesas imposibles de cumplir, por una visión del mundo simplificada... por la búsqueda de chivos expiatorios).

 

No obstante hemos llegado al Tercer Milenio y mientras progresa la ciencia y la técnica, todavía nos encontramos ante un debate ético, que se manifiesta de manera política y que tiene efectos económicos profundos, por supuesto basado en una ética superior. Esa ética superior se sustenta falazmente en el antagonismo entre el interés general (bien común o, más recientemente, justicia social) y el interés privado.

(C)
Por supuesto que no es así. El interés general o el bien común NUNCA DEBE postergar ningún interés personal. La única falacia es presentar un debate entre la ética y el progreso de la ciencia y la técnica. No hay debate posible, al menos en los términos que los presenta Ribas. Marchan por caminos separados. En todo caso la ética alertará sobre los males que produce el “techne “ si el interés privado afecta al interés común.
No existe tal ética superior, por lo menos en lo que se refiere a un supuesto antagonismo entre el interés general y el privado. Nadie habla de tal antagonismo salvo los neoliberales, que se han olvidado del hombre.

 

Es en esa concepción sublime que el planteo ético de la propiedad de Rousseau, según el cual “la tierra no era de nadie, y los frutos eran de todos”, vuelve aun cuando se olvida que mientras se aplicó ese criterio las tribus eran nómadas. La agricultura comenzó cuando se respetaron los derechos de propiedad. La realidad es que el crecimiento económico así como el crecimiento poblacional se inició hace relativamente poco tiempo, unos 300 años. Fue el propio Karl Marx quien reconoció que su “odiada” burguesía en sólo 100 años de dominio político había creado más fuerzas productivas que todas las anteriores generaciones juntas. Pero al mismo tiempo, ignoró la razón de ser de la misma y creyó que era el producto de la razón en la historia. O sea, ha sido la aceptación ética de los intereses particulares y así como de la falibilidad humana la que dio lugar a la sociedad abierta, desmintiendo las predicciones apocalípticas de Malthus

(C)
Hace décadas que no oigo hablar de Malthus. Sería como discutir acerca de las virtudes (o vicios) de Felipe II. En eso, y en muchas otras cosas, los ingleses son admirables. No hay un solo inglés a quien se le ocurra discutir si Enrique VIII fue bueno o malo. En España todavía no hemos superado las discusiones que suscitan, por ejemplo, los Reyes Católicos (o Felipe II).

 

No obstante se insiste en esa noción ética que ha determinado la pobreza de los países en desarrollo, amén de los totalitarismos que han azotado a Europa en el Siglo XX.

(C)
Tampoco es de coincidirse con este argumento; es falaz. No ha sido “esa noción ética” la que ha determinado la pobreza de los países en desarrollo. Y es precisamente en este punto en el que la divergencia es total. No se trata de que la natural tendencia del hombre a “acogerse a los beneficios del derecho a que se lo atienda y ayude”) ha terminado con los países que pudiendo haber sido ricos son sólo una miseria. Cuando hablamos “ut supra” de las colonizaciones, es innegable que –y pongo dos casos a modo de ejemplo- la pobreza del Perú se debió a que los ingleses se llevaron todo el guano que se amontonaba en sus costas. Ese guano era el principio de la riqueza a la que no pudo acceder Perú porque le arrancaron la infraestructura que lo habría llevado a un eventual desarrollo posterior. La Argentina es un caso mucho más patético. El reino Unido se llevó en el siglo IXX y hasta casi mediados del XX toda la lana, los cueros y la carne que procesaba en Inglaterra para luego vender , ya manufacturada, entre otros mercados, al Argentino (con lo cual daba trabajo y alimentaba a sus obreros en detrimento de los obreros argentinos , cuya dirigencia política, dicho sea de paso, abrazaba los intereses de los usurpadores) Más tarde , ya entrada la década del 90, el neoliberalismo menemista desmanteló sus industrias (el canciller argentino, Ditella decía que había que terminar con el cuento del petróleo y de las industrias básicas y aceptar que lo nuestro eran las vacas y el trigo; que lo demás se compraría afuera) El resultado del neoliberalismo en Argentina fue tan catastrófico que el mismo FMI llegó a decir que se les había ido la mano.
Esto no sería nada si no fuera que la pobreza de la Argentina que antes era sólo coyuntural y, en consecuencia, escasa, ahora ya es estructural: la Argentina no tiene dónde apoyarse para salir adelante. Y está clarísimo que con el trigo y con la carne no va a ningún lado: En Europa la producción está subvencionada al extremo de que hay excedentes cerealeros que se donan al África ¿Quién compraría trigo a la Argentina? El problema es especialmente grave si tenemos en cuenta que la pobreza estructural impide el crecimiento de la población. La universidad argentina, de las más prestigiosas hacia la década del sesenta, está vedada a la gran mayoría de la población, aunque sea gratuita y no tenga examen de ingreso. La educación, totalmente bastardeada, ha ido cediendo terreno descomponiéndose como el resto del país. ¿De dónde han de salir los profesionales que reencaminen al país? Ni hablar desnivel de catástrofe de sus politicos: ignotos de barrio bajo.
La respuesta a tantos males también la tiene el neoliberalismo: si esos países no supieron enfrentar sus dificultades, pues nada distinto puede haberles pasado; su pecado ha sido el proteccionismo y el estatismo. Si hubiera habido libertad no habría pasado eso.

 

La contradicción a priori entre el interés general frente a los intereses particulares es el fundamento ético del poder político absoluto y, por consiguiente, de la corrupción y la pobreza. Es la seudo ética de que la necesidad genera derechos, que en la práctica son privilegios otorgados por el poder político, al tiempo que se violan los derechos individuales y particularmente el derecho de propiedad.

(C)
La necesidad no genera derechos. Genera obligaciones en todos aquellos que la reconocemos, más allá de la imputabilidad que merezca el necesitado. Dicho esto analicemos el texto.
Es curioso que los neoliberales se digan democráticos y procedan como verdaderos totalitarios. El poder político absoluto lo ejercieron los liberales cuando gestaron y amañaron los golpes militares que los instalaban en primera fila en la exacción. La historia del liberalismo en Argentina es patética. Cuando hacia mediados de la década del 50 derrocan a Perón, comienza la carrera hacia la destrucción. No es que Perón hubiera salvado a la Argentina. Es uno de los principales responsables de su desgracia. Pero fue, sí, la excusa para que los militares se hicieran con el gobierno y comenzara la carrera por el liberalismo económico. La siguiente posta fue con el golpe de un militar devoto de la virgen de Luján, un tal Onganía, que puso de ministro de economía a Krieger Vasena, que comenzó con el remate del país (con la anuencia de los liberales argentinos que no podían creer que les fuera tan bien). Más tarde, otro golpe militar, ahora el de Videla, un oligofrénico sin remedio, puso a Martínez de Hoz, el segundo de un tríptico que jugó la “plata –léase dinero- dulce”, endeudando al país hasta límites insospechados para entonces (1978). El tercero fue un tal Cavallo, que le puso el sello a la entrega definitiva. Esto sucedió en la década del 90, durante la presidencia de Menem.

No es extraño que la Argentina en este momento, octubre del 2005 esté en manos de una turba que corta los caminos; de unos políticos –peronistas, ellos- que negocian con la turba y con el FMI, que se mueran alrededor de 60 niños desnutridos por día por enfermedades no letales , que los tribunales de justicia lleven 100 días continuados de huelga sin aparente solución; que los hospitales estén en la ruina, que la educación sea una calamidad, que la seguridad esté en manos de bandidos y que el otrora “Ejército de los Andes” sea una panda sin destino.

 

Esta falacia ética es recogida en el Artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, y la asistencia médica y los servicios sociales necesarios...”.

(C)
Acaso el artículo de marras tendría que haber sido redactado de otra manera, a saber.
"Toda persona tiene obligación de prestar apoyo al que necesita, favoreciendo en él un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, y la asistencia médica y los servicios sociales necesarios...”.

 

Ahora la salud se pretende incorporar como un derecho humano, cuando ésta ha sido en realidad el producto de la riqueza.

(C)

Es de justicia y de nobleza que todos los hombres lleguemos a un estado de salud que nos permita acompañar a nuestros hijos en su crecimiento, a nuestros viejos en su bienestar y a nosotros mismos en el goce de nuestra obra.


En los últimos 200 años, la población se ha multiplicado por seis, en tanto que la expectativa de vida en los países desarrollados supera hoy los 80 años. Es evidente que la salud es un subproducto de la riqueza, y ésta, de la seguridad jurídica de los derechos de propiedad. Y particularmente de los derechos de propiedad intelectual, que sería la propiedad por antonomasia, pues de ella resulta un bien que no existía en la naturaleza.

(C)

Me hace sentir muy mal leer que la propiedad pueda más que mi vocación por ayudar al que necesita. Y que se diga impunemente, peor.

 

Ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) vuelve sobre la seudo ética del derecho a la salud. Así la responsabilidad de los países ricos sería la de facilitarla a los pobres, y tal obligación se sustenta en desmedro precisamente de los derechos de patente de los medicamentos, que han sido de manera indudable los determinantes del evidente progreso de la salud en el mundo.

(C)
Entiendo que se pueda pensar a sí. Seguramente se trata de un pensamiento que brota  de un afecto enfermizo. Pero lo que no entiendo es que el pudor no frene su exteriorización.

 

La reciente cumbre de la OMS en México propuso alternativas a los derechos de propiedad para dirigir la innovación y la investigación hacia las enfermedades tropicales. Más allá de si en la actualidad están disponibles remedios para las mismas, que precisamente no están al alcance de los países en desarrollo, la sustitución de la propiedad privada por la burocracia ha sido la mayor causa de la pobreza y ésta de las enfermedades.

(C)
Pretender  que la burocracia ha sido la mayor causa de la pobreza y ésta de las enfermedades es, cuanto menos, mirar para otro lado.


Referencias

 

Lista de autores y artículos neoliberales

http://www.aipenet.com/Indice/indice_autor.asp

RIBAS, Armando y seleccione “La salud no es un derecho”; artículo completo

AZNAR, José María y seleccione “A los amigos de la libertad”; artículo completo

 

 

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