LA JUVENTUD EUROPEA Y LOS VALORES DEMOCRÁTICOS

  por Patricia Trevisi Lannoó

2.1. Presentación del tema

 

2.1.1 Dos mundos


Como a tanta otra gente a lo largo de la historia de la humanidad, nos acosan cambios de la más variada especie que perturban nuestro crecimiento. A diferencia de épocas pasadas, sin embargo, en Europa disponemos de los recursos para atenuar sus efectos.
Venimos de un mundo con roles definidos donde no se planteaba la necesidad de discutir acerca del bien y del mal: a la izquierda los malos, a la derecha los buenos. El cura era el cura en el templo y fuera de él; el matrimonio era estable; el director de banco todo un "señor"; las guerras eran "por la patria"; la economía se subordinaba a la política; el poder económico era "nacional" y el imperialismo lo ejercían dos bloques antagónicos. que, armados hasta los dientes, garantizaban la paz; la mujer se subordinaba al hombre; el médico curaba; el abogado creía en la justicia; los notarios escrituraban bienes raíces –casas, terrenos, etc. y daban fe –certificaban la verdad de los actos públicos; los arquitectos construían palacetes y los ingenieros puentes; los militares defendían "su" patria; los aviadores se jugaban la vida en cada vuelo; la familia contenía a hijos y abuelos; los abuelos hablaban a los nietos; el padre trabajaba y la madre era ama de casa; se escondía a los minusválidos; los políticos eran honorables –respondían a la gente; los maestros enseñaban y transmitían los valores establecidos; los comerciantes no robaban; los obreros trabajaban sin ansiedad; los sindicalistas se morían pobres; la tecnología no asustaba, se hablaba de "nación" y todo el mundo entendía de qué se trataba; el inmigrante agachaba la cabeza y se asimilaba, y el éxito personal se basaba en una buena memoria recopiladora de datos y una gran velocidad para procesarlos... en fin, un mundo monológico y tranquilo, moral.


Pero de pronto marchamos hacia un mundo nuevo, un mundo en el que todos sabemos de nuestro derecho de participar en el diálogo; en el que aparecen un “Tú” y un “vosotros” que antes no estaban explícitos. Un mundo abierto, participativo, en el que todo tiene que ver con todo, en el que el hombre interactúa con la realidad; un mundo tan diverso como antes pero que ahora se “ve”, está expuesto, aunque no todos sepan de qué se trata. Como dice Umberto Eco*: "un mundo promotor de actos de libertad consciente que instalará al hombre como centro activo de una red de relaciones inagotables entre las cuales él instaura la (suya) propia"; un mundo ciudadano con roles indefinidos en el que se cuestiona todo. Todos somos buenos y malos al mismo tiempo, incluso el cura , que no parece cura ; el médico que "procesa" pacientes sin siquiera revisarlos; el abogado que usa la justicia; notarios que extienden escrituras de bloques de edificios a tanto por bloque; arquitectos que hacen “chalets” adosados; ingenieros que manejan redes informáticas o genes, según especialidad; militares que actúan en guerras para salvar “otras patrias”; guerras que se transmiten en vivo y en directo por la televisión; pilotos que operan computadoras que pilotean aviones; la familia sin abuelos y sin chicos; el hombre que trabaja quince horas por día; la mujer que reclama algo más que ser ama de casa; los minusválidos que se muestran por la calle y hasta trabajan; los tenderos en franca retirada ante las grandes superficies; el dinero de plástico; los obreros que reclaman legalmente por sus derechos; la muerte de la nación-estado; la política subordinada a la economía; los medios masivos que nos actualizan la información al segundo; el ordenador, Internet, la globalización; los sindicalistas que tuvieron que tranzar con el sistema; los políticos que han perdido la iniciativa -ya en manos de las finanzas; los maestros que descreen de los valores entonces enseñan dónde queda el Tajo o cuánto mide el Mont Blanc... en fin, un mundo en el que nada está en su lugar; un mundo inquieto, que despierta al diálogo, en el que la gente comienza a ver que han quedado al descubierto todas las mentiras (y las verdades) de aquel otro que va quedando atrás. Y a darse cuenta de que, envueltos en la velocidad y la precisión, deben desarrollar una gran imaginación para abordarlo. Ya no basta la memoria ni ser listo. Hay que ser reflexivo, tener espíritu investigativo, saber ubicar los datos, tener capacidad para descubrirlos, manipularlos, procesarlos, adentrarse en la lógica que los anima, sus paraqués, antes que almacenarlos en la memoria.


Con todo que este "nuevo" mundo que nos involucra nos ha alertado de nuestros derechos y facilitado la búsqueda de soluciones, lejos estamos de una puesta en común en la que el diálogo "ÿo-tú" se transforme en un "nosotros-vosotros" (José Isaacson) , que nos vuelque en los demás, que nos permita reconocernos en los demás y que espero sinceramente podamos poner en acto.

 

2.1.2 Qué es la cultura


Cultura es todo lo que hace el hombre. Se es culto, entonces, en la medida en que se “hace”. Así, el hombre es a partir de sus actos. En este sentido, fijando metas y estableciendo procedimientos, recrea la cultura en la que está inmerso.
La cultura, para ser trascendente, exige de personas en actitud creadora, tipos armónicos [equilibrados] que sepan que su “estar” en el mundo está íntimamente ligado a la verdad de ser únicos, de ser uno en sí mismos aunque a partir de los demás. Se es culto en la medida en que uno se prodiga en el esfuerzo y se renueva en la recreación del encuentro con el otro, contagiando con fervor la puesta en común. Así, en el ámbito de la cultura no se juzgan niveles de conocimientos sino sabiduría de vida. Y la sabiduría de vida se logra en el esfuerzo por armonizar las actitudes volitivas, afectivas, intelectuales y de libertad. Nuestra cultura nos obliga a repensar cuidadosamente el complejo vivir actual, que a todas luces nos va impulsando al desinterés por los demás, a un sálvese quien pueda, al desencuentro.
Tal como se plantea nuestra forma de vida, ha quedado demostrado que altera el tiempo –lo acelera-, achica el espacio –excluye al diferente- e impone lo intrascendente. Todo lo contrario de lo que debería ser, pues si la vida no es capaz de abrirse a la plenitud del amor, de la inteligencia y de la libertad; si no hospitaliza al hombre que cae en el error para relanzarlo al mundo en busca de nuevas oportunidades, terminará sometiendo nuestra imaginación, quitándonos la libertad de hacer nuestros propios qués, cómos y cuándos y sometiendo nuestras conciencias en beneficio de una conciencia colectiva que vulnere nuestra existencia.
Ese es nuestro compromiso.

 

2.1.3 Ser persona


La educación: factor determinante
Mi experiencia en una escuela inglesa me alertó acerca de pautas educativas que poco tienen que ver con las nuestras de España. Y si algo agradezco al Colegio Alfonso XII es el haberme dado la oportunidad de incursionar por un mundo que sin ser mejor ni peor, sólo diferente, me ha permitido establecer comparaciones y lanzarme a investigar qué esperamos, recíprocamente, Europa de sus jóvenes y nosotros de Europa.
El ser humano, al igual que el animal, nace uno en la especie pero idéntico a todos los demás. Sin embargo, anidan en él unas potencias que lo diferencian de cualquier otro ser vivo. Su capacidad para pensar, para amar, para ser libre y para el pleno ejercicio de su voluntad lo identifican como el único individuo en condiciones de asumir su vida concientemente: no sólo vive sino que tiene conciencia de que va a morir.
Esta conciencia de muerte lo hace sumamente vulnerable pues, en su virtud, el hombre tiende a vivir buscando seguridades.
Esa debilidad, sin embargo, no es fatal. El ser humano es el único ser vivo capaz de cambiar sus propias circunstancias. La vaca, vaca muere; el hombre nace individuo pero tiene la posibilidad de morir persona. Y llega a ser persona cuando, en diálogo con los demás hombres, asume su propia creación. Es creador aquél sobre el que ha pesado una férrea educación que lo ha obligado éticamente con la vida, que lo ha impulsado irremediablemente a ser crítico (capaz de emitir un juicio certero), solidario (dado a los demás), comunitario (capaz de ponerse en común con los demás), exigente (escrupuloso), amplio (abarcativo de los demás), reflexivo (dado al análisis), abierto (capaz de dejarse abarcar por los demás), independiente (que obra según su propio criterio), apasionado (entusiasta, con adentros festivos), consecuente (perseverante), dialógico (capaz de escuchar), ocioso (reposado), democrático (capaz de aceptar las diferencias), comprensivo (capaz de entender los errores ajenos), valiente (fuerte, enérgico, animoso)... a vivir en busca de la verdad.
El mero individuo, carente de esas actitudes, vive sumido en la intrascendencia de los convencionalismos: es cobarde, inflexible, autoritario, machista, obcecado, miserable, monológico, egoísta, negocioso, inconsecuente, pragmático, servil... Vive en busca de seguridades y de prestigio social. (Ver Apéndice I)
Educarse, será, entonces, satisfacer la necesidad de plenitud de las potencias que nos caracterizan como seres humanos; transformadas éstas en actitudes, nos asumiremos personas con visión de nosotros mismos y del entorno como para insertarnos en él según nuestras propias capacidades. (Carlos A. Trevisi)
La educación verdadera es reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo (Paulo Freire, citado por Carlos Trevisi), es llegar a lo más profundo del encuentro para obtener resultados compartibles y ser capaces de poner en acto nuestros conocimientos y valores. (Ortega decía que toda obra creadora es hija del descontento, de la insatisfacción). “El conformismo paraliza las energías vueltas hacia la acción” (Ortega, citado por Carlos Trevisi).
“La educación es auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad (Paulo Freire, citado por Carlos Trevisi), en que le pierda miedo a la libertad, en que pueda favorecer en el educando un proceso de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad. Una educación integradora logrará que el educando sea amplio para abarcar y tan abierto como para dejarse abarcar, combinación ésta que lo pondrá en común con los demás. Deberá asumir que su libertad, que es uno de los bienes más preciados de que dispone, no es negociable, que es sumamente frágil y que se consigue con un ejercicio permanente de su independencia. Finalmente, entenderá que ser solidario es algo más que dar: es darse. Y tiene que ser así porque la vida es cambio; todo lo que atañe a la vida es cambiante. Aunque nada hagamos para cambiar, cambiamos por la fuerza de un entorno que nos involucra sin atenuantes. Negar los cambios es vivir en el pasado, cerrarse a la realidad, quedar prisionero de la soledad y dejar vía libre para que el egoísmo y la especulación se apoderen de nosotros.
El camino que se transita es de cambio. Desde que irrumpimos en el mundo comenzamos el tránsito hacia el amo, pienso, puedo, soy libre; hacia nuestro propio crecimiento.
Se crece, únicamente, en estado de permanente cambio e incertidumbre; nada está garantizado. Sin embargo, esa es la sal de la vida: que seamos infinitos. Triste destino el de los hombres que no saben gozar de los privilegios de ser infinitos.
Nos toca vivir una época de cambios acelerados. Y aquí estamos para abordarlos.
Debemos agradecer a Europa que nos brinde esta oportunidad. Nos está enseñando el camino para que podamos ponernos en acto.

 

2.2. Análisis de la situación


2.2.1 La juventud europea: la pérdida de la ideología


Si entendemos por ideología el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona no creo que pueda decirse que haya una pérdida de ideología en los jóvenes. Me inclino a pensar, mas bien, que lo que nos ha sucedido, como también a los mayores, es que la realidad se nos ha disparado en las narices y no sabemos cómo abordarla.
Si, en cambio, se trata de ideas que caracterizan el pensamiento de una época , parece que aquellos que ostentan el poder en las tinieblas y cometen los más atroces crímenes (no importa el bando al que pertenezcan), sí saben de qué se trata: son los hacedores de esa realidad que no sabemos cómo abordar.
Nos toca a nosotros esclarecernos de ella y responder a su llamado. Y no nos resulta fácil.
Veamos si no:
1. Afganistán
“Se ha abierto una nueva página en la historia de Afganistán”, aseguró, corajuda, una joven de 35 años que manifestó su intención de presentarse como candidata a la presidencia del país durante la Gran Asamblea. Un centenar de mujeres que acompañaban a la joven profesional médica que aspira a la presidencia de Afganistán abucheó a los señores de la guerra según iban entrando a la carpa donde se celebraba la reunión. (“El País)
2. Justicia
Un juez autoriza a un hombre separado a visitar a su perro los fines de semana. Se trata de un caniche, propiedad de su mujer, que por haber sido comprado mientras estaban casados, es bien ganancial. Se ha consensuado el acuerdo por el bien del perro. (Juzgado de San Vicente del Raspeig, Alicante) Periódico “20 minutos”, Madrid.
3. Crímenes contra la humanidad
“No fueron Hiroshima y Nagasaky crímenes contra la humanidad? ¿Ya prescribieron? ¿Nadie los juzgará? Grafodrama de El Roto, en “El País”
4. ETA siembra el pánico en la costa alicantina y mata a una niña de seis años.
Los terroristas no avisaron de la colocación en Santa Pola de una bomba que acabó también con la vida de un hombre de 57 años y causó heridas a otras 34 personas. “El País”, 5 de agosto de 2002.
5. El Pentágono planea enviar comandos a todo el mundo para matar a miembros de Al Qaeda.
“El País”, 13 de agosto de 2002 [...] Kissinger propuso que se diera por terminado el respeto a las soberanías nacionales y que EEUU asumiera sin complejos la dirección de un imperio mundial. ”La nueva visión es revolucionaria”, escribió Kissinger y afirmó que “las leyes internacionales que no permiten los ataques preventivos contra amenazas potenciales (como el ataque a Irak) en nombre de la eficacia en la lucha contra la amenaza terrorista...”.
6. Bush entierra la doctrina de la disuasión y abre paso a los ataques preventivos.
“EEUU se atribuye el derecho a lanzar ataques preventivos contra otras naciones y a actuar al margen de las organizaciones internacionales cuando así lo aconsejen sus propios intereses [...] y trabajará activamente para extender su modelo de capitalismo al resto del planeta. La estrategia se basará en un internacionalismo típicamente americano que refleje la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales. La actitud de EEUU no sienta precedentes y ninguna nación podrá utilizar la prevención como pretexto para la agresión”. “El País”, 21 de septiembre de 2002.
Es imprescindible responder a la convocatoria de los hechos: no es uno quien los elige, es la realidad la que nos convoca lanzándonoslos a la cara. Mario Botta, un eximio artista italiano, refiriéndose a su profesión de arquitecto, nos dice estar convencido de que "no es el arquitecto quien elige sus temas sino, por el contrario, son los temas quienes eligen al arquitecto. Es la vida misma la que ofrece de tanto en tanto ocasiones y posibilidades, como dones que esperan ser recibidos por él para reinterpretar y escribir la historia de nuestra cotidianeidad" (El Cronista, Buenos Aires, 15 de septiembre de 1993).

 

Tampoco es Jorge Luís Borges ajeno a esta idea. En "Atlas", (Lumen, Barcelona 1999) nos dice que "cabe pensar que un escultor sale en busca de un tema. (Sin embargo) esa cacería mental es más propia de un perseguidor de sorpresas que de un artista. Más verosímil es conjeturar que el eventual artista es un hombre que bruscamente ve." ¿No se repite la idea en Borges cuando dice que “el eventual artista es un hombre que bruscamente ve”, no es la realidad la que se le presenta convocándolo?
José Hierro, poeta español recientemente fallecido manifiesta que "La poesía se escribe cuando ella quiere". ¿No se reitera el tema? ¿No es la realidad la que nos convoca?
La brutal presencia de los hechos tiene que obligarnos a la aventura de modificarlos. El camino, para comprender este mundo (y mejorarlo) sería enterarse de los hechos, aceptar su convocatoria, hacerse con ellos, transformarlos y hacer pública la tarea para que trascienda.
Para abordar ideológicamente esta constelación de sucesos que a diario golpean nuestra inteligencia (¿cómo pudo suceder?); nuestra voluntad (tengo que hacer algo...); nuestro afecto (qué dolor profundo me causa!) y mi libertad (me siento preso de la injusticia), bastaría con un sistema de ideas que entendiera los qués, cómos, cuándos, porqués y paraqués de la inteligencia, de la voluntad, del amor y de la libertad. Ese sistema está dado, ya existe. Hay que recuperarlo. La inmigración, el desempleo, las drogas, el alcohol, el ocio improductivo, la discriminación racial, la inseguridad, la televisión, el consumismo, el terrorismo, la injusticia, la guerra... son todos problemas que nos acosan y que, por lo visto, no han podido superarse ni se ve que vayamos camino de ello.
Mi propuesta es partir del hombre; ir hacia él y abordarlo en toda su inmensidad para que reconozca sus capacidades, para que logre actuar por sí mismo; alentarlo a que viva, a que descubra toda la creación que hay en él, su naturaleza dialogal; romper con su individualismo y despertar su solidaridad, su apasionamiento, su capacidad reflexiva.
Mi apuesta es por una actitud que lo abra al cambio, que favorezca una sociedad europea comprometida con el hombre y en ejecución de sus valores.
Será la sociedad europea la que decida acerca de su destino y serán los gobiernos los depositarios administrativos de sus intereses. La elección de valores, la fijación de metas y la implementación de procedimientos son indelegables y de exclusiva incumbencia de la sociedad.
“Las sociedades sumidas en el egoísmo detienen la marcha porque transfieren sus compromisos al poder de turno según un pacto que no es tan infrecuente: enajenan su conciencia a cambio de seguridades” (Carlos Trevisi)
Y algo de eso nos está comenzando a pasar: la falta de participación, la falta de puesta en acto.
Ha llegado el momento de que los jóvenes convirtamos la inmovilidad en tránsito y de que participemos algo más que de visita ante los cambios que se nos precipitan. Como nunca antes, los replanteos del mundo globalizado de fin de siglo, exigen de nosotros una actualización que excede el marco de la capacitación tradicional. Ser joven, hoy día, obliga a saber pensar. Pero este campo de las ideas no basta. No alcanza con explicarse qué, cómo y porqué. Se hace imprescindible instrumentar el cambio, manejar las herramientas. En este sentido, el nuevo mundo nos está reclamando capacitaciones cuya implementación ya no puede esperar más.

 

2.3 Propuestas

 
Cómo reforzar los valores democráticos y aumentar la legitimación de las instituciones europeas


2.3.1 Antecedentes


Si hay una comunidad que podría quedar exenta de las injusticias de un capitalismo que ha olvidado que es apenas un medio y no un fin en sí mismo, esa comunidad es la europea. Valdría preguntarse a qué injusticias me refiero.
“El País” del 28 de junio de este año de 2002, en su suplemento “Domingo”, titula “La enfermedad moral del capitalismo” un artículo sobre el “crash bursátil” (que relaciono con la bolsa y me llena de espanto pese a no entender técnicamente de qué se trata). En uno de sus apartados dice: “Millones de personas están perdiendo su dinero o se han arruinado. Pero lo más dramático está por llegar: el momento en que el contagio se traslade de los pequeños accionistas a la solvencia de los bancos”. Trae doce fotos de personajes a los que se les ha caído la careta por sus delitos al frente de las más reconocidas empresas estadounidenses.
Otro apartado, que fue el que me alertó acerca de las miserias en las que se ha ido cayendo, reza textualmente: “El gobierno de Bush está repleto de empresarios reconvertidos en políticos. Tanto el presidente como el vicepresidente Cheney están siendo investigados”.
En “El futuro no es lo que era”, una conversación entre Felipe González y Juan Luis Cebrián, dice el primero que un tercero –Antonio Garrigues- le manifestó durante un almuerzo: “No me discutirás que EEUU manda en la globalización”, a lo que González respondió: “No lo discuto; mi única duda es quién manda en EEUU”, refiriéndose, sin duda al poder económico.
III.2 Conclusión
Si el dinero, la especulación y todo lo que deriva de ellos se hacen con la política, podemos concluir en que la DEMOCRACIA se transformará en una mera formalidad cuyas instituciones nos convocarán sólo a votar, violentando nuestra capacidad para “elegir valores, fijar metas y establecer procedimientos”. Una democracia con estas características nos haría perder capacidad reflexiva, nos tornaría impulsivos, perderíamos de vista los valores, nos desvincularía a unos de otros, se rompería el diálogo, caeríamos en la inacción y quedaría el campo libre para el sometimiento del hombre por el dinero. (Apéndice II)
Sería importante que todos asumiéramos esta realidad y se nos siguieran abriendo puertas a los jóvenes para poder aumentar la fidelidad que debe guardársele a las instituciones europeas, desconocidas para nosotros, los jóvenes, y en descrédito por parte de los mayores, que, a la luz de algunos de sus resultados, no se preocupan –ni ocupan- de ellas.
Los jóvenes no somos de participar en trabajos institucionales –acaso por las diferencias que cunden entre nuestra naturaleza expeditiva y aquella otra de las instituciones, más lentas y deliberativas; creemos poco en las instituciones, pasamos de ellas, y si bien para abordar un conflicto no se puede prescindir de las pautas que imponen, no menos cierto es que nos interesa más el conflicto que la institución. No es raro, entonces, que así se hayan manifestado los jóvenes europeos que hacia el 10 de julio se reunieron en Bruselas para debatir cómo debe ser la Unión Europea. En “El País” de la misma fecha, cuando se anuncia el evento, se dice que “los jóvenes se alejan de las políticas de los gobiernos” y que están dispuestos a “dar un toque diferente al debate sobre el futuro de Europa”. Un sondeo difundido por la Unión Europea arrojó que los jóvenes “centran sus preocupaciones en problemas como el paro, la pobreza y la exclusión (79% de los encuestados), los derechos humanos y la democracia [...] (Entre los adultos consultados) el respeto de los valores democráticos y los derechos humanos figuran en el séptimo lugar de sus preocupaciones.”
Los números ratifican nuestro interés por temas distintos.
Buena parte de lo dicho hasta ahora es significativo de cómo reforzar los valores democráticos. El problema radica, sin embargo en proyectarlos desde cada uno de los países miembros hacia la Unión Europea, que, en definitiva, habrá de ser la que custodie esos valores, los garantice, los funcionalice y los ponga en acto.
No he visto Europa como para tener una idea acabada –acaso mi juicio tampoco sería del todo idóneo- de todas las circunstancias que hacen a su puesta en común, pero conociendo Inglaterra, Francia y España (y tampoco demasiado), a simple vista, hay grandes diferencias que las separa. La incorporación a la Unión Europea de países del centro de Europa (Chequia o Eslovenia, por caso) o de Turquía, tan ajenas a la Europa Occidental, exigiría aún un esfuerzo mayor por ambas partes para su integración.
 

La salida a estas diferencias tiene que ser política y en el ámbito de la democracia. Y no puede ser una democracia chirle. Como dice Felipe González (obra citada) , “la crisis del poder es la de la representatividad política. Hay que repartir poder hacia abajo. Tenemos que aceptar que la democracia sea local, relevante para la vida de los ciudadanos y tener, al mismo tiempo un poder global. Ésa es la organización deseable para Europa. El poder de la nación-estado será, cada vez más, un poder de coordinación hacia abajo y hacia arriba”
Tamaño desafío nos exige a los jóvenes capacitarnos para una participación activa en las instituciones intermedias que, a la par de abrigar nuestros intereses, nos adentrarán en su funcionamiento: sus luchas internas por razones partidocráticas, sus limitaciones por egoísmos personales, su manejo interno, sus logros posibles... En este sentido bastaría con acercarse y participar en las concejalías de la juventud , centros de estudiantes en Institutos; enterarnos e impulsar la divulgación informática del quehacer de los jóvenes en los distintos países que integran la Unión Europea, webs especialmente orientadas a la juventud; conectarnos con la redes europeas que fomentan la integración y los intercambios estudiantiles; imponernos el aprendizaje y la difusión de las lenguas modernas como para poder interactuar con jóvenes de otros países y anticiparnos, así, a lo que ocurre; investigar las incalculables posibilidades que nos brindan los Programas Sócrates, Erasmus, Leonardo Da Vinci. ¿Que somos sólo dos o tres?... pues multipliquemos por pueblos o institutos y después veremos cuántos somos.
Cabe a los docentes estimular nuestro interés por la Unión Europea (comprometiéndose más allá de la transmisión de conocimientos puros y duros) y nuestra participación en debates, foros, congresos, conferencias; favorecer el intercambio de estudiantes entre colegios del mismo país; abrir caminos que nos orienten naturalmente hacia los representantes políticos; adentrarse en las nuevas tecnologías de la información y aplicarlas a sus especialidades; alternar la impartición de sus cátedras en distintos colegios para ver otras realidades; aprender idiomas para salir del ámbito de su país en reconocimiento de nuevas modalidades de enseñanza; alentar la comunidad educativa penetrando el ámbito de la familia con el objeto de incorporarla a la escuela; favorecer un acercamiento de los estudiantes de FP a los de bachillerato...
Cabe a los políticos, escucharnos, abrir las puertas de sus despachos, concurrir a los colegios y dar charlas para jóvenes, prodigarse en respuesta a nuestras inquietudes, descubrir que una puesta en común con otras naciones es ampliar la soberanía, no perderla; mantener un ojo avizor sobre los jóvenes y sus problemas; bajar del pedestal desde donde teorizan, para enterarse de la realidad...
Y a nuestros mayores (padres y maestros) que tienen que dar cabida a nuestra imaginación (que no todo pasa por saber dónde queda el Yant Sé ni cuánto mide el Danubio), que tienen que ponerse en común en el ámbito de la escuela, primera institución por donde incursionamos todos y de cuya realidad abrevamos durante años; los padres, reconociendo que son los primeros educadores –con el compromiso que esto conlleva- pero que la educación de sus hijos incluye a los maestros como fuerza vital de todo el proceso; y los maestros incorporando a los padres a su quehacer cotidiano invitándolos a la escuela, a sus aulas, a ver a sus hijos en crecimiento.
No será fácil legitimar nuestras instituciones democráticas si no partimos de una práctica intensiva que autorice la plena participación de todos.
Desde nuestra más tierna infancia vivimos en permanente institucionalización. Abramos nuestras instituciones: desde la escuela, pasando por el instituto, el voluntariado, las ONGs hasta las políticas, de modo que al llegar a esas instancias seamos dignos de ellas.
Será tarea de nuestra generación joven resolver, a no muchos años vista, una serie de problemas que se van instalando en la democracia y para los que no hay respuesta aparente: la velocidad del mundo y sus exigencias perentorias; su condicionamiento por parte de los intereses financieros y mediáticos; la pasividad y desgano de la ciudadanía y su consiguiente vulnerabilidad (que puede hacerla caer víctima de la demagogia), la lentitud de los procedimientos parlamentarios, en fin, “la destrucción silenciosa del tejido social” (Yves Michaud, entrevista de Josep Ramoneda, “El País” , 30 de junio de 2002).
 

 

 

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