Los jóvenes viven otro mundo

Por Carlos. A Trevisi

(2010)

 

Siempre hemos abordado el tema de los jóvenes desde una perspectiva que descarta lo actitudinal como factor  de cambio. Así, el sistema sigue trazando  estrategias de sumisión para con ellos en la certeza de que se incorporarán a su proyecto  a ciegas, sólo deslumbrados por un afán de hacer dinero y ganar prestigio.

 

Hace ya veinte años, en ocasión en que me encontraba presentando un trabajo en la Universidad de Pavía, una joven argentina que a la sazón estudiaba filosofía me decía muy libre de cuerpo que estudiaba para lograr una cierta posición que le diera capacidad de hacer lo que ella quisiera, algo que difícilmente se habría de corresponder con todo aquello a lo que la inducían sus estudios. Le pregunté entonces cómo lograría salirse del sistema si todo indicaba que el resultado de sus estudios prácticamente le anticipaban su futuro: cátedras en la universidad, investigación, escribir…

Su respuesta fue categórica: “Carlos, te estás poniendo viejo. Tú me impulsaste a venir a Italia a estudiar, lo que te agradeceré  mientras viva. Pero éste es otro mundo. Un mundo que ustedes no ven porque siguen luchando por otro que ya no es.”

 

Había llevado conmigo un libro  que acababa de publicar en Buenos Aires (“In Memoriam Ejército Argentino”) que le obsequié con todo gusto en la certeza de que, pensé, ratificaría todo aquello que habíamos hablado en Argentina y que le encantaría guardar como testimonio de aquellas charlas. “¿Cómo pierdes el tiempo escribiendo estas cosas? No tienen ninguna importancia”, fue cómo lo agradeció.

Le pregunté entonces, y con la mejor buena voluntad porque era un chica que yo quería entrañablemente, qué era lo que tenía importancia. Me contestó, simplemente: “mi vida”.

 

Intenté hacerle ver que  su vida fuera de un contexto social no iba a tener trascendencia. “Y tu vida de luchas, broncas, disgustos ¿qué trascendencia va a tener? Nosotros, los jóvenes, en Europa no sabemos gran cosa de  Hitler. Sólo sabemos que en la Segunda Guerra murieron 6 millones de personas -o más- aplastados por los tanques, enterrados en las ciénagas de las trincheras, en cámaras de gas, pero que los que los mandaron a la guerra murieron en sus camas, ya de viejos, glorificados por un sistema que no hace más que hablar de libertad y derechos humanos pero claudicó en Nuremberg; y es todo una mentira. No van a hacer lo mismo con mi vida. Mi vida es mía y no se la presto a nadie, mucho menos la alquilo a cambio de las ventajas de un buen empleo”.

 

Acabo de recibir un correo en el que se denuncia la reunión que va a sostener Bilderberg en Barcelona. Este mundo que se intenta sostener a cualquier precio y en el que la edad quiere instalarme, pese a que me resisto, finalmente podrá conmigo y me gritará al oído mi fracaso por haber luchado inútilmente contra un enemigo recóndito que maneja todo al margen de mi. Mis amigos ni siquiera están enterados de lo que significa Bilderberg. Tampoco saben de la Trilateral ni de sus proyectos devastadores.

 

La jovencita instalada en Pavía me alertó acerca del cambio. El tiempo nos llevó por distintos caminos y no supe más de ella, pero la recuerdo casi a diario. El viejo mundo que quiso clarificar el Vaticano II no da más y por muchos Bilderbergs, Kissingers y Gardners que sigan apostando por él se acabará. Y el hombre vivirá su vida sin más condicionamientos que los que él mismo se imponga.

 

Hace quince años que vivo en Europa. Mis dos generaciones de hijos viven mundos distintos. Lo mayores instalados en el hipócrita “viejo mundo” de los libertadores que murieron en la cama, padecen sus mentiras; en una lucha despareja tratan de ser ellos mismo supeditados a un sistema que no les da tregua. Los menores viven su vida, como mi amiga de Pavía. A diferencia de ella, sin embargo, no se preguntan gran cosa acerca del mundo. Lloran sus miserias pero viven su vida plenamente.

 

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El 3 de junio de 2010 13:41, Carlos A. Trevisi <ctrevisi@fundacionemiliamariatrevisi.com> escribió:

Artículo  de la Fundación,

Espero comentarios

Carlos

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Comentarios

 

Como pides comentarios (lo haces casi siempre), te diré que tu amiga de Pavía tiene razón, para mi también lo más importante es mi vida.

En cuanto a que no estaba dispuesta a alquilar su vida a cambio de las ventajas de un buen empleo, denota su poca experiencia de la vida, y casi seguro que  tenia su sustento solucionado por parte de papá.

Yo creo que la mayoría de los jóvenes siguen teniendo las mismas perspectivas de cara a su futuro, sólo que el mundo se mueve, todo se mueve, y tal vez los ya maduros no seguimos el ritmo que la juventud impone por su propia naturaleza.

Es bueno que haya personas comprometidas en cambiar lo que esta mal, lo difícil es nadar contra-corriente. Hay nadadores de fondo y muy resistentes que siguen y siguen nadando, y hasta los hay que mueren ahogados sin querer darse por vencidos, y otros  hemos llegado al convencimiento, una vez hechos varios intentos de remontar la corriente,  que se está mejor a la orilla y con la caña de pescar al lado.

 

Respuesta

 

La nena  ésta de la que hablo era huérfana de padre. Fue alumna mía durante tres años y nos hicimos amigos. Era tan inteligente que yo veía que se estaba frustrando en la Argentina. Así fue como la ayudéa venir a Italia. Se instaló en Pavía y vio un mundo distinto donde cabía mejor, en uso de mayor libertad. La universidad de Pavía le hizo espacio y allí se licenció en filosofía. Durante la carrera trabajó de baby-sitter en Milano, donde viajaba a diario a la casa de las sucesivas familias que la fueron adoptando como asistente para sus bebés.

 

Amigo Carlos:

Tu amiga vivía en contradicción, por un lado dice no alquilarse por un sueldo, y por otros trabaja de niñera para poder subsistir. SUBSISTIR esa es la clave, lo primero es lo primero, después todos sabemos lo que queremos, pero topamos con los condicionantes que nos pone el sistema. ¿Cambiamos el sistema según el criterio de cada persona?, ¿ de cada colectivo? ¿de cada religión? ¿ de cada etc. etc.....?, cuando ni siquiera lo podemos hacer en nuestro entorno más inmediato. 

A lo largo de los siglos la humanidad viene poniendo-imponiendo distintos sistemas. No recuerdo donde leí que "todo es bueno al salir de la mano del autor, y todo degenera en las del hombre". 

 

Respuesta

 

Se refería sin duda a la vorágine que  obliga a la gente al consumismo. Mientras estudiaba trabajaba de niñera. Cuando terminara la carrera seguramente trabajaría en lo suyo, pero no atolondrada por las circunstancias del consumo. Yo siempre he trabajado de lo que me gustaba. Tuve esa suerte, buscada por mi,  por otra parte. Fui  feliz como maestro. Nunca tuve nada superfluo; siempre lo que necesitaba; jamás más allá.  Mi padre no lo entendía. Mis amigos tampoco. Decían que era loco. Viví en el sistema con un pie adentro –el que me daba trabajo- y otro pie afuera –el que me daba gusto.  Puede parecer esquizofrénico, pero no lo era. Logré que nadie me basureara ni me hiciera sentir un idiota. Por lo que sé de ti, seguramente te ha pasado lo mismo. No te veo delirando ni por un auto nuevo, ni por un plasma de 4 metros cuadrados. Si los has tenido habrá sido sin perder el sueño enredado en cuotas y pidiendo favores en los bancos. En el fondo yo creo que esta niña, lejos de una actitud hedónica lo que quería era vivir en paz: que nadie la jodiera vendiéndole peces de colores, que las bonanzas que se le pintaban eran todas mentiras; que el secreto –descubierto tan tempranamente- era vivir, no sobrevivir en manos de terceros.

 

***

América

Estimado amigo: advierto mucha amargura en tus palabras y cierta cuota de desaliento por haber luchado por un mundo al parecer ajeno a los desvelos de la juventud. como si todo lo hecho y sufrido por nuestra generación hubiera sido en vano cuando por boca de esa joven tan cínica e individualista hablara el sistema hegemónico en el mundo. hoy sin embargo desde América Latina o como algunos prefieren decir, desde Nuestra América las cosas se ven con otra esperanza renovada si bien preocupados por ver como Europa occidental va camino a repetir los errores que nosotros ya cometimos y que nos pusieron al borde del abismo  o según como se vea nos llevaron al fondo del barranco. Hoy es maravilloso ver a tantos jóvenes manifestando en las calles por un mundo más justo y digno, participando activamente en eventos culturales que florecen en cada barrio, siendo voluntarios en instituciones sin fines de lucro, poblando las instituciones educativas, en coros, grupos teatrales, murgas, orquestas, grupos literarios o volviendo a la militancia política y comunitaria. Es ciertos que a muchos los ha ganado el sistema y viven en una nube de gases (por no ser tan grosero) todo depende de la extracción de clase a la que pertenecen y a la historia de sus padres, y también es cierto que queda muchísimo por hacer en lo que se refiere a la cultura, la educación , la vivienda, la salud, el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales  y el trabajo (los siete jinetes a mi entender del desarrollo sustentable) pero creo que vamos en el buen camino. Ojalá esta vez no me equivoque. Un abrazo

Respuesta

 

Es tal cual tú dices, sin embargo….

Ya habrás leído lo que pienso de Europa. Sin embargo vivo en el centro del poder, un poder que no mengua, que hasta el pudor ha perdido. Está decrépito pero no ceja en su empeño. Sabe que todavía cuenta con más de la mitad del mundo para seguir exaccionando sus riquezas y a sus gentes. Las atrocidades que veo cotidianamente –Bilderberg, tan de moda por la reunión en Sitges- siguen avant, llevándose todo por delante. El atentado  al buque turco,  el desconcierto de EE.UU. metida hasta las cejas en los mismos problemas que el resto del mundo –miseria, egoísmo, dolor en sus gentes- no me permiten ver la frescura de la América nuestra como símbolo del cambio. Sé que el futuro pasa por allí, pero también he visto tan de cerca las traiciones del poder político –mirando para otro lado en el momento de tomar decisiones claves- que aún siendo optimista no puedo dejar de ser escéptico. Ha visto con alegría pero también con escepticismo las multitudes celebrando el Bicentenario. He trabajado durante años junto a ellos, en el Cuartel Noveno de Lomas, los he visto luchar y caer vencidos ante el dolor de no poder salir adelante. Me pregunto ahora cuál es el fundamento de tanto optimismo. Después de casi 20 años volví al Cuartel Noveno: lo único que ha cambiado es el Camino Negro –que por supuesto no ha sido mejorado para ellos-. Lo demás sigue igual. Los chiquitos de dos y tres años que amparábamos con mi mujer son ahora jóvenes sin destino: sin trabajo, metidos en la droga y viviendo en los mismos ranchos de aquel entonces.

¿Te parece que alguna vez esos jóvenes tomarán el poder? Fíjate que antes de que lo logren –si alguna vez lo logran- el otro poder tendrá tiempo sobrado para seguir actuando y de a poco ir mordisqueando aquí y allá.  Cuando el sistema pierda el poder ya no va a quedar nada del mundo. En un mundo tan cambiante, donde imperan las nuevas tecnologías, donde todo apunta  a la idiotización, en el que la educación no es más que un cúmulo de contenidos aplastados por la realidad: Las Malvinas Argentinas ¿argentinas?, La Antártida Argentina ¿argentina?; la democracia, la negación de la participación por una partidocracia inclemente… ¿o nos vamos a creer los viejos que vimos el bombardeo de Bs As en el 55,  los azules y colorados, la canallada de los videlas,  un lírico como Alfonsín, un degenerado como Menem  que el entusiasmo y las declaraciones de toda esa gente llena de esperanza que llenó los corazones de mis más inmediatos en España, que  podrá hacerse realidad esa imperiosa necesidad de libertad, esa toma de conciencia de una lucha sin cuartel hasta conseguir el triunfo? ¿Y el resto de Ibero América? ¿Cómo va a funcionar una propuesta como la de Chávez o la de Evo en un mundo que los deja hacer hasta que diga basta? La Guerra de Irak y la muerte de los turcos en el barco que atacó el ejército Israelita es paradigmático. Aquí mando yo: hago lo que necesito hacer; mato cuando necesito matar. Esto no significa que haya que parar la lucha. Significa que a la gente hay que alertarla que va a ser muy duro; que van a morir antes de conseguir nada y que acaso no logren verlo ni siquiera sus hijos.