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Acerca de la actual coyuntura mundial (2003)

por Carlos A. Trevisi (2006)

 

El mundo está llegando al punto en el que, categóricamente, se diferencian dos posturas: aquella de los que adhieren a las razones que esgrime EEUU para actuar como actúa, con todas sus consecuencias, y la de los que reniegan de tales razones porque entienden que a ese país no le asiste el derecho de imponerlas “urbi et orbe”, pues echan por tierra con el respeto que merece y exige el resto de la humanidad.

El pragmatismo de aquellos que admiten fatalmente la realidad los enrola con los impulsores de políticas en las que las relaciones internacionales se fundamentan en el poder, caso EEUU bajo la presidencia de Bush. Sentada la premisa y dadas las circunstancias, entienden y justifican que EEUU maneje el mundo actuando según necesidad: en algunos países aplicando la tiranía del poder económico  (caso Argentina) y, en otros, la de las bombas (Yugoslavia, Afganistán y próximamente, planteadas las cosas como están, Irak). En todos los casos el poder parte de la base de que el modelo es EEUU –desarrollado, rico, democrático y socialmente integrado- y que si el mundo actuara según las fórmulas de éxito que han llevado a ese país a ser lo que es (lo que deja implícito que la culpa es de los que no acatan el modelo y por eso les va mal), la gran potencia americana no tendría porqué intervenir para corregir los desvíos que amenazan su integridad y la de una cantidad de países que participan de sus razones (Bush acaba de ratificar esta idea diciendo que EEUU llevará el bienestar a todo el mundo aplicando “su” modelo, como si por decreto se pudiera cambiar el jamón de Jabugo por el medallón de carne picada aplastada y, además, preferirlo). De hecho propugnan los principios del imperio: una cultura única, un pensamiento único, un mundo único idéntico a EEUU .

Los Bush –genérico de todos los que han actuado a partir de estas premisas- están convencidos de que Europa está dormida y de que lleva un atraso intelectual enorme precisamente porque no termina de admitir que los que deciden en el mundo son los países que disponen de poder destructivo, los que manejan sus “consecuencias”: Rusia, que estando en la miseria (“recién en quince años estaremos al nivel de Portugal” ha dicho Putin, desnudando las carencias que agobian a los rusos) pertenece a los G7 por la capacidad destructiva del arsenal de misiles que atesora, pero nunca por su riqueza y desarrollo.

Nos oponemos a esta postura los que creemos ver más allá de lo que se nos presenta. Los que centramos nuestro enfoque en el hombre; los que partimos de la base de que el mundo es a partir del hombre, sujeto y razón de ser de cualquier doctrina que lo sustente como depositario de virtudes cardinales a las que no sólo tiene derecho, sino a partir de las cuales se obliga para con los demás hombres. Un hombre en busca de la verdad, un hombre crítico, comunitario, solidario, exigente, amplio, reflexivo, abierto, independiente, apasionado, consecuente, dialógico, democrático, comprensivo, valiente... Un hombre al que hay que brindarle todas las posibilidades para que crezca en la certeza de que es único en sí mismo pero desde los demás y en los demás. El periodista italiano Tiziano Terziani le salió al cruce a la Fallacci diciendo: “Más que una coalición contra el terrorismo, el mundo tiene necesidad de una coalición contra la pobreza, contra la explotación, contra la intolerancia” . Para pensar así es menester ser fiel a la cultura de la cual provenimos, pero imprescindible saber que la destrucción de Afganistán tiene que ver con sus yacimientos gasíferos antes bien que con los derechos de los afganos a la libertad y a la democracia; que el poder no tiene reparos en aliarse con cualquier dictadorzuelo –caso Paquistán, Chile, Argentina; que utiliza asesinos como Ben Laden como agentes de la CIA; u organiza guerras a diestro y siniestro en respuesta a la exigencias que imponen los capitales destinados al armamentismo y a la explotación y apoderamiento del petróleo; o hace la vista gorda ante el desamparo de millones y millones de seres humanos que mueren infectados por el SIDA o de hambre en todo el mundo; o aplaude las inclemencias de Sharon...

El mundo es como es, pero nadie puede quitarnos de la cabeza que podría ser mejor. Y que para ser mejor habría que limitar el poder de aquellos que deciden más allá de los intereses de la humanidad.

Para que esto suceda es necesario participar.

 

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