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INFORMÁTICA, ÉTICA Y EDUCACIÓN

 

por José Antonio Vargas Pérez, Maestro

 

En "Educar o educarse? , Misdión Futuro, España, enero de 2000. Coordinador Carlos A. Trevisi

 

1. PRESENTACIÓN

2. PARA SALIR DEL SIGLO XX

3. ¿QUIÉN LE TEME AL FUTURO?

4. LA INFORMÁTICA EDUCATIVA

5. EL ETHOS INFORMÁTICO

6. A MODO DE CIERRE

 

 

 

1.  Presentación

 

Antes de dar inicio, quiero agradecer profundamente a la Asociación Misión Futuro, a sus dignos representante Sergio y Nora, la posibilidad de compartir con ustedes algunas reflexiones y consideraciones sobre la temática.

 

La intención de la ponencia es abordar, intentar esclarecer las relaciones entre la informática, la ética y la educación, tres palabras que desde la perspectiva que asume nuestra presentación se ofrecen como categorías claves para comprender el futuro.

 

El ejercicio que subyace a lo largo de la presente disquisición es de carácter crítico, reflexivo, especular y describe la posibilidad de resignificar nuestro papel como educadores frente a los diversos recursos informáticos que la época impone.                         

 

También, quiero destacar la ayuda invaluable que el Centro de Estudios Superiores en Educación (CESE) de México me ha brindado para la realización de la presente contribución, ofreciéndose como el espacio propicio para el intercambio académico entre informáticos y pedagogos preocupados por la construcción del campo de la informática educativa.

 

Así, lo siguiente debe ser considerado más como un guión que como un desarrollo sistemático, que no ha tenido inconveniente en mantener los propios titubeos, interrogantes, vacíos, sin sentidos y contrasentidos, ya que después de todo uno nunca sabe donde está lo más valioso de su discurso.

 

 

2.  Para salir del siglo XX

 

Un apremio impetuoso impele la espalda de este siglo ya extinto, el atosigo del desarrollo tecnológico, la impronta de la técnica y el allanamiento paulatino de la informatización de todos los espacios de la vida humana. Baste decir, en ese sentido que la computarización de los sistemas de producción y de comunicación replantean constantemente las relaciones sociales de países, comunidades, grupos e individuos.

 

Bajo lo que comúnmente se denomina globalización se incluyen fenómenos tan complejos, como el referido aceleramiento del cambio tecnológico, la revolución en los medios de comunicación, la transformación de los sistemas de producción y los mercados de trabajo, signos que en conjunto se han hecho asociar con el desarrollo de la democracia liberal.

 

Por otro lado, los costos de “ese” desarrollo no se han hecho esperar, en el terreno social; una competencia atroz, consumismo, tendencias a la criminalidad, en el terreno personal; desajustes neuróticos, depresiones, crisis de identidad, pérdida del sentido y de la responsabilidad, y sobre todo la producción “espontanea” de bolsas de indigencia y miseria, de infierno que bastan por sí solas, para cuestionar la pretendida bondad y validez de la globalización.

 

El envite neoliberal es planetario, y no hay quién lo pare, los cambios que se operan en todas partes exigen la configuración de un nuevo orden mundial protagonizado por todos y, sin embargo, resulta sorprendente la pobreza intelectual con que la población  abordar tan delicado trance.

 

Con la globalización se ha puesto en evidencia las irracionalidades del proyecto moderno occidental, y los enormes obstáculos de una civilización con valores y costumbres ambivalentes. La conclusión de todo esto es clara: no obstante, los avances tecnológicos, políticos y económicos, cuya cuantificación es positiva en función de los macro indicadores, el modelo occidental de civilización no garantiza el bienestar del género humano.

 

¿Hacia dónde nos dirigimos? Frente a este panorama mundial de intensas turbulencias y desfases, los modernos visionarios asertan en ver los signos de una transición gradual y dolorosa del modelo industrial occidental hacia una sociedad mundial post-industrial donde las actividades predominantes ya no serán las de producir-consumir bienes materiales, sino servicios, conocimientos; información, en definitiva.

 

Alvin Tofller (autor de La Tercera Ola) se ha referido a la interdependencia de las todas las crisis que hoy vivimos: crisis de la energía, crisis de la economía, crisis de la educación, crisis de la sociedad, etc. De acuerdo con el autor todo ello forma parte de un fenómeno mucho más amplio: la muerte de la industrialización y el nacimiento de una nueva civilización, la sociedad de la información.

 

Así, estamos viviendo un gran cambio de época; parece que estamos transitando hacia una nueva cultura. Observamos que en la mayor parte del mundo se esta hablando de una necesidad de cambio en nuestras sociedades; se habla de un nuevo paradigma en la ciencia, de la necesidad de una nueva economía, de nuevos estilos familiares, modos distintos de trabajar, amar y vivir, una nueva educación, unos nuevos conflictos políticos, un nuevo concepto del espacio y el tiempo, en suma una nueva conciencia.

 

 

3.  ¿Quién le teme al futuro?

 

Pero ¿quién le teme al futuro? La señalada revolución de la información supone cambios radicales para el siglo XXI. Es un hecho en las postrimerías de este siglo que las nuevas tecnologías de la información posibilitan ya una sociedad de información, una sociedad interconectada, diversa. Sin embargo, también resulta irrefutable que la consecuencia provisional de este vértigo es una creciente perplejidad y confusión, el shock de la diversidad y la complejidad. Historias fuertes de nihilismo y paranoia. Síntomas de un repliegue provisional ante la amenaza de lo nuevo. El desafío llega a todas partes.

 

Veremos que con las pirámides sociales actuales, los pobres y los marginados no participarán a futuro inmediato de esta nueva era. Ya que para ellos, la necesidad de sobrevivencia es prioritaria con respecto a las necesidad de información y comunicación global.

 

Mientras tanto, la brecha se profundiza, antes la distancia entre los hombres era meramente económica, ahora informática.

 

Ya no se puede dudar que los medios de información afecten a los sujetos, grupos e instituciones. La informática invade hoy todos los ámbitos, tanto en nuestra individualidad como en nuestras relaciones sociales. La informática ya está inserta de modo íntimo e irreversible en la urdimbre de la vida, sin duda su penetración inusitada y sus repercusiones se trasladarán a la transformación de las actitudes y valores tradicionales, lo que vaticina una sociedad informatizada en un futuro cercano. Mientras tanto, la sociedad media actual resiente el choque de la complejidad informática, nuevos problemas de civilización surgen así; en síntesis la informática ocupa un lugar destacado en el shock del siglo XXI.

 

No hay acuerdos para comprender a la nueva era de la Información: ¿estamos realmente frente a la emergencia de un nuevo paradigma, de una nueva cultura o enfrentamos la vieja amenaza de la pesadilla tecnológica que se muestra en este fin de siglo como la sempiterna promesa de mejorar la calidad de vida y bienestar de los hombres, pero que oculta en el fondo la reificación informática de lo humano?.

 

El problema es que la nueva cultura de la información se constituya recobrando los vicios y errores de la sociedad industrial, el desarrollo tecnológico desbocado como fin en sí mismo y la prevalencia del paradigma técnico con sus criterios de operatividad, eficiencia, previsión, son algunos de ellos. La informática atrapada en esta vorágine es temible: posee un poder indiscutible y señorea sobre nuestros cuerpos y nuestras almas.

 

Es en el mundo de la economía, de la política y de los grandes negocios, donde la informática avasallada por la razón técnica genera la tecnocracia, más bien la informatocracia, que es el poder que tiene por causa material, formal, eficiente y final ese modo de pensar.

 

La meta se va dibujando y apunta hacia la supresión de las diferencias, cualquier heterogeneidad, porque ellas son un obstáculo al manejo técnico informático del mundo. Las pretensiones de esta civilización técnica son la uniformidad, la homogeneidad del planeta y su visión impregna con mucho el tan traido y llevado proyecto de globalización. 

 

El peligro de esta racionalidad pragmática es que no pocas veces nos ha conducido a extremos de irracionalidad (el buscar sólo los cómos -técnica- y abandonar los porqués -verdadera ciencia y filosofía); uno de ellos es la orientación del supuesto progreso al servicio de la ambición dominadora de algunos hombres. El único fin que queda, en la mayoría de los casos, es la afirmación del poder.

 

En efecto, el ser humano está afectado por el avance tecnológico más que nunca antes y el riesgo de la desocialización, la deshumanización es grande. Los valores humanos se esfuman al ritmo de la masificación y sólo un número reducido es el que puede beneficiarse aparentemente sin dañarse.

 

 

4. La informática educativa

 

Microprocesador, internet, scanner, multimedia, software. La sociedad se encuentra vagamente familiarizada con esas expresiones, por más que ignoren las particularidades de su funcionamiento, y no se diga ya, los contextos epistémicos que permitieron la emergencia de sus fundamentos teoréticos. Dijimos ya, que la revolución de la Información allana las intimidades de la vida cotidiana: televisión, ordenador personal, microondas, robots. Alcanza velozmente ámbitos tan diversos como la moda, la química, la estética, la biología, los viajes espaciales, la comunicación humana, etc.

 

En la educación, se habla de Informática Educativa, que subsume otros tantos términos como software educativo, educación virtual  -educación a distancia-, cómputo educativo,  robótica pedagógica, etc..

 

Sin que se haya logrado hasta el momento una conceptualización epistemológica clarificante de lo que debe ser comprendido como el campo de la Informática Educativa, quisiera de una vez por todas distanciarme de la concepción exclusivamente tecnológica que hace de la Informática Educativa un sinónimo de  computación o software.

 

Así limitado el pensamiento tecnológico no deja que surjan cuestiones de valor, de sentidos y finalidades mediados por la reflexión. La ciencia avasallada por la técnica no puede ser conciencia, la Informática Educativa no puede ser conciencia de informático y educador, de informático educativo, mientras no se emancipe del paradigma técnico de la era industrial. 

 

Las tecnologías de la información pueden conducirnos a una mayor liberación o a una mayor servidumbre. Nada está decidido de antemano. Cabe pensar en una sociedad crítica de las posibilidades y limitaciones de la tecnología informática. Cabe pensar en una sociedad informatizada al servicio de un consumismo trivial. Lo que no cabe es prescindir de la tecnología avanzada.

 

Una cosa es combatir el paradigma neoliberal consumista, ostentatorio, depredador de las naciones opulentas del norte, así como la técnica y la ciencia como ideología, y otra es ponerse de espaldas al desarrollo tecnológico imparable, que nos obliga a repensarlo todo bajo una nueva matriz de significados y sentidos, el nuevo nivel de significancia de la era de la información.

 

Actualmente se dice que la gente de nuestra época es gente del paréntesis; somos los seres humanos del paréntesis, es decir, los humanos que vive entre dos eras; la humanidad de la transición. Formamos parte de lo antiguo y parte de lo nuevo. Lo que hagamos o dejemos de hacer será crucial para nuestro futuro y el futuro de los próximos seres humanos.

 

¿Y la educación? La palabra educar significa en latín  “traer para”, es decir, extraer, sacar de dentro del individuo. En los últimos doscientos años se ha cambiado el concepto completamente, como resultado de ello la educación se ha asumido como un simple “llenar”. El conflicto se agudiza cuando le pedimos a la educación, a la escuela lo que la educación no puede dar: sentido de la vida, mutación psicológica, acrecentamiento de la conciencia, el desarrollo de la esencia del nuevo homo.

 

Resulta perentorio inscribir en la educación de nuestros días la reflexión filosófica, ética y crítica que la nueva era de la información requiere como un asunto de gran trascendencia para la transformación de la educación y del ser humano.

 

La Informática Educativa como resultado de la fecundación reciente de los dos mundos; la Informática y la Educación, enfrenta el dilema de haber sido concebida por un modelo de educación tradicional en crisis y una Informática domeñada por el apremio de lo tecnológico como ideología.

 

La consecuencia de esto, una Informática Educativa en crisis, lanzada a la búsqueda de su propia identidad, de su propio lugar entre tantas ciencias y conocimientos en el amanecer de la nueva era de la información. Sin embargo, mientras el nudo de lo antiguo no se desate, el trance no terminará. Es menester para la Informática Educativa como disciplina continuar con el desarrollo integral de los sujetos, aproximarlos con suficiencia epistémica y teórica al uso de las tecnologías de la información, pero sobre todo posibilitar colectivamente el ejercicio reflexivo, crítico y ético de sus posibilidades y limitaciones.

 

Cada época, tiene que plantear y resolver sus problemas específicos. Nuestra solución debe encaminarse hoy hacia una nueva cultura informática, es decir una nueva propuesta educativa de base transdiciplinaria donde el hombre no se aleje del hombre en una sociedad informatizada, donde el hombre y la sociedad no se vuelvan rígidos, centralizados, cosificados. En suma, una nueva educación trenzada con la Informática -puesto que el reto del futuro es informático- que posibilite la emergencia del homo conciente de sí, dialogante, social, espiritual, que sabe decidir y amar contra el homo faber que construye una sociedad tecnificada y que no tiene alternativas.

 

 

5. El ethos informático

 

Estamos tocando efectivamente lo esencial. Quizá, si estuviésemos seguros de nuestro sistema de valores, no habría lugar para la inquietud.

 

Para poder vivir sin temor el imparable movimiento de lo tecnológico, necesitamos un mínimo de ética.

 

Que el hombre reciba la ayuda de la informática para favorecer su proceso de aprendizaje, ciertamente es un bien; pero que la máquina hábilmente programada por mentes ajenas a los sentidos de servicio o de altruismo, suplante a gran número de hombres, es un viejo problema que ya se planteaba al deshumanizado desarrollo industrial.

 

Toda parece indicar que los inicios de la era de la información no están exentos de tropiezos, así en la actualidad la calidad de la comunicación humana se ha debilitado por el advenimiento de todos los recursos de comunicación y, en particular, por el impacto de las tecnologías informáticas.

 

El precedente debe ser comprendido como un aviso de la tragedia en ciernes que es probable de evitar si trabajamos para ello. Recordemos que la información es para el hombre.  De dueño de la máquina, dueño de la técnica, dueño de la informática, el hombre puede acabar por ser servidor de ellas.

 

¿Cuál sería ese elemento social de retroalimentación capaz de regular el desarrollo de la próxima sociedad, por los cauces que nos convengan a todos? El informático ya no puede escapar a la responsabilidad de sus acciones, el impacto tecnológico los obliga a llenar el vacío moral en el que se ha caído. Ciertamente el desarrollo tecnológico nacido de la ciencia empírica en la era industrial ha alejado el hambre, ha satisfecho necesidades de comodidad y bienestar, solo que su realización ha sido parcial.

 

Ahora el desarrollo tecnológico-informático amenaza con realizar la utopía largamente acariciada; la liberación del trabajo. El desplazamiento del hombre por sus dobles -las tecnología de la información- es un hecho y tiene nombres: desempleo, subcapacitación, control, sometimiento a la brutal arbitrariedad de los procedimientos de pensamiento moldeados sobre las necesidades de la maquina, productividad y niveles de eficacia esperada, también envenenamiento, polución, irracionalidad de la exacerbada racionalidad del aristotelismo maquinal.

 

La posibilidad de un nuevo sistema planetario requiere, a su modo, una nueva conciencia ética que ya no se fundamente en ningún sentimiento de culpabilidad como en la moral de la sociedad industrial. Las viejas virtudes de austeridad, templanza, pulcritud, laboriosidad, etc. siguen vigentes, pero ya nadie sabe muy bien por qué siguen vigentes. Hay un vacío ético que espera ser cubierto en la era de la información.

 

El peligro es que la informática devenga problemática porque funcionalice cada vez más la realidad y haga de ella un momento de su racionalidad sin poder responder a las preguntas de las finalidades y de la interpretación del sentido de la existencia y de la historia.

 

Se necesita de una buena dosis de audacia para pretender encontrar los fundamentos de la moralidad de la sociedad de la información. Se trata de favorecer la emergencia de una ética de implicaciones ecológicas que posibilite una nueva forma de cohesión social consciente de sus límites y posibilidades.

 

Se entiende entonces que una de las tareas más importantes que tendrá que realizar la Informática Educativa es la formación profesional y humana de docentes informáticos, a la vez críticos y creativos, responsables de su participación como miembros de la sociedad y de sus respectivas esferas de acción. Así el desarrollo de la Informática se conduciría hacia el provecho del hombre y se evitaría el peligro de la deshumanización por falta de control.

 

Desde luego que estamos hablando de una empresa temeraria y de gran calibre, pero si la Informática Educativa pierde esta dimensión ético-filosófica, deja de ser emancipatoria. Desafortunadamente, los informáticos adoptan códigos éticos sin reflexionar sobre ellos. Por eso, aunque este intento sea temerario, se hará para responder a la necesidad que vivimos. 

 

La tarea impostergable del informático educativo se revela ser un diálogo crítico entre la interacción humana social (la relación interpersonal) y la tecnificación (el servicio) que también es social y a la vez económica.

 

Desarrollo de la información, desarrollo tecnológico: nada sirve si no se resignifica el concepto mismo de desarrollo y si no se plantea su correspondiente dimensión ética.

 

¿Cuánto tiempo podremos seguir sin un nuevo sistema de valores de una sociedad que se informatiza velozmente? El hecho llano es que no disponemos de garantía alguna a priori de que el éxito humano vaya a coronar la empresa.

 

Con respecto a la constitución de los nuevos valores, el asunto se aparta de la simple imposición de normas o reglas cuya transgresión origina castigos, más bien la señalada constitución se sustenta en un profundo conocimiento del hombre en su situación histórica, así como de las previsibles consecuencias, la comparación de opciones y motivos, que permitan evaluar las acciones y orientaciones de la sociedad informática.

 

 

6. A  modo de cierre

 

La necesidad de la época es contundente: la constitución de una nueva paideia informática de marcos amplios, transdisciplinares, ecológicos, de un nuevo pathos de la creatividad y un ethos humanístico.  

 

De los planteamientos anteriores se desprender la idea incipiente de configurar en la sociedad un aparato intelectual, cultural y psicológico que permita e impulse el desarrollo de la Informática y su adaptación al desarrollo humano

 

Esperamos que con lo presentado se haya favorecido en los oyentes la comprensión de los hechos que enmarcan el fin del milenio, amén de trazar los caminos para profundizar en las cuestiones que inquietan a cada uno de nosotros en relación a la informática, la educación, la ética y el futuro, y la comprensión de la parte en que uno podría influir.

 

Éstas no son hojas sueltas de un libro inexistente; son, en realidad, la apuesta de fe en el futuro. Frente a grandes males, sólo quedan los grandes remedios.

 

Dos perspectivas se oponen ante el fenómeno informático. Para unos, los optimistas, la informática implica información, consecuentemente cultura y finalmente liberación o democracia. Si la información aumenta, un diálogo más flexible puede llevarse a cabo. Para otros, los pesimistas, la informática hará más rígida la sociedad porque dependeremos de una sola interpretación de los hechos; las actividades humanas se tornarán impersonales o repetitivas; las organizaciones se consolidarán en la pesadez; unos sobresaldrán, los otros se robotizarán.

 

Y la perspectiva  ambivalente: la revolución informática nos enfrenta con oportunidades sin precedente que pueden ser aprovechadas, pero si no las manejamos correctamente, nos pueden conducir a tensiones sociales muy dolorosas. Así es imposible predecir si alcanzaremos el éxito.

 

Preguntábamos, quién le teme al futuro, en realidad el futuro merodeaba muy cerca de nosotros, el futuro es hoy. La nueva promesa de liberación humana está aquí y ahora,  sus claves son la información, la ética y la educación.