Reformas económicas: Estableció precios máximos a los bienes y servicios por “el edicto del máximo” del año 301 para evitar la gran inflación, que no pudo frenarse con la acuñación de monedas.

Reformas financieras: Creó un sistema complejo de impuestos directos, que no podían trasladarse, e indirectos. Entre los primeros, figuraban el impuesto a la tierra o a las propiedades. Entre los indirectos que podían trasladarse al precio de los productos, estaban los impuestos aduaneros. Las aduanas interiores del imperio (circulaciones interprovinciales) grababan los productos encareciendo el precio final.