HACIA UNA CULTURA SOLIDARIA

 

“..otro mundo, otro país es posible, siempre y cuando la gente lo quiera.” Floreal Gorini

 

La década del 90 significó en nuestro país el imperio neoliberal del pensamiento único. En esta situación, la práctica de la ayuda mutua y el esfuerzo compartido parecía imposible en el reino del Mercado todopoderoso e infalible. A través de los medios de comunicación los voceros del Establisment (vg. Bernardo y Mariano)* pregonaban las ventajas de las privatizaciones, el Estado mínimo, ajuste permanente. Eran tiempos de ganancias máximas y pobreza extrema. Sin embargo, hubo resistencias, tanto en el plano conceptual como en la práctica de la gestión económica. En esa batalla cultural se alineó el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, sosteniendo con firmeza, que “resulta imposible construir el futuro si no es a partir del ejercicio consciente y cotidiano de la solidaridad.”

En el  Día Internacional de la Cooperación, el Instituto emitió una declaración donde afirmó: “ El pensamiento único se resquebraja y aparecen voces críticas, propuestas superadoras de un sistema perverso. El Movimiento cooperativo, expresión concreta y singular de la economía solidaria, ha dado muestras de su capacidad para organizar y prestar servicios. Con ello demuestra que no sólo es necesario, sino también posible concebir el trabajo y la gestión empresaria en función del interés general, sobre la base de valores éticos y morales.”

No decimos que sea sencillo, decimos que es posible, a través de la práctica del cooperativismo, la incorporación de nuevas conductas, el ejercicio cotidiano de valores que definen la naturaleza singular de la cooperación. Es decir una cultura diferente, superadora y verdaderamente humanista. Se trata de un aprendizaje permanente, para el cual no hay recetas preestablecidas, sino la guía de los principios y la verificación de los resultados.

Cuando definimos a la cooperación como “escuela de vida”, entendemos que se impulsa el cambio social como cambio cultural a través de modificar la manera de pensar y de actuar en consecuencia.

Pensar el mundo desde la cultura, es hacerlo desde la construcción de la mayor fuerza capaz de poner límite a la voracidad de los poderosos de turno. Como afirmaba José Martí: “ser culto es el único modo de ser libres”. La historia nos muestra que las ideas y símbolos de cada época se corresponden con los de las clases triunfantes que hegemonizan el poder. De allí que quienes cuestionamos los modos desiguales de apropiación y distribución de la riqueza, típicos del capitalismo propiciamos una cultura que aporte a la transformación del mundo con un sentido igualitario y emancipatorio. La humanidad para sobrevivir y seguir creando, debe rescatar de su propia historia su herencia cultural y sus valores más firmes y fecundos; sólo así recuperará la dignidad colectiva y habrá porvenir.

 

Ricardo Luis Plaul, Remedios de Escalada,-

Vicepresidente, Comisión de Asociados del Banco Credicoop, filial Escalada

 

Nota de FEMT:

* Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, periodistas