Reflexión sobre la realidad actual

Dirigido a padres de familia y maestros

 

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Dirigido a padres de familia y maestros

 

Asociación cultural "GUADARRAMA EN MARCHA"

 

GUADARRAMA EN MARCHA  apunta a fomentar un panorama acorde con las novedades socio-culturales que demanda el cambio que estamos viviendo a través de la proyección de películas, charlas, conferencias, visitas culturales y demás actividades afines. Los socios adherentes suman alrededor de 35 personas. Se trata de vecinos de la Villa representantes de las más variadas actividades: comerciantes, profesionales  de las más variadas ideologías. La Asociación no tiene metas políticas ni favorece ideologías de ningún tinte, lo cual, sin embargo no inhibe a sus miembros a participar en ese ámbito.

 

Nuestra asociación aspira a que la comunidad de Guadarrama se ponga en marcha participando en cuanto evento se lance desde la Asociación a la vez que aportando proyectos e inquietudes que movilicen a los jóvenes, padres de familia y vecinos en general. Nuestra asociación aspira a que la comunidad de Guadarrama se ponga en marcha participando en cuanto evento se lance desde la Asociación a la vez que aportando proyectos e inquietudes que movilicen a los jóvenes, padres de familia y vecinos en general.

 

Los últimos acontecimientos que han tenido lugar en el mundo nos obligan a una reflexión que excede el marco político, el religioso y hasta el personal; una reflexión que está más allá de todo. Este nuevo mundo, que se despega cada vez más de nosotros, está destruyendo valores sin siquiera proponérselo. Simplemente los destruye porque su derrotero no los contempla, no los necesita.  Así, los aplasta como un elefante aplastaría a un ratón: sin darse cuenta.

Los recursos de los que se vale son la información y una red de comunicaciones inimaginable hace apenas 15 años. Manipula la información, domina las redes y nos transforma en convidados de piedra, distanciándonos cada vez más del conocimiento. El crecimiento exponencial de la información, la precisión y velocidad de las redes de comunicaciones, y los distractores que conlleva – la televisión el mayor de ellos-  nos van aletargando al extremo de que perdemos capacidad reflexiva. El mare magnum informativo nos sobrepasa, nos desalienta y quedamos inermes. Es el signo de los tiempos.

Se avecina un “crack” –uno más de todos los que han sacudido la natural tendencia del hombre a dejar que los demás hagan por él- del que nadie va a quedar exento. El primer mundo no tiene capacidad, "per se",  para impedir el desastre. Por eso, quebrando valores esenciales a la vida, y en satisfacción de necesidades  no siempre justificables, acude a otras latitudes en busca de insumos críticos con los que se hace sin complejos. Prueba de ello son las guerras que se han desatado.  A poco de terminadas relucen todas las mentiras y afloran los intereses que verdaderamente las han impulsado. Su frecuencia está en relación directa con le imperiosa necesidad de sostener un sistema que está al borde de la anoxia. No pasará mucho antes de que otros conflictos sacudan nuestros adentros./

 

La recesión  está golpeando nuestras puertas. El desempleo –o el empleo basura, que es una vertiente de aquél- los golpes financieros que nos empobrecen de un día para otro,  la educación que no sabe dar respuesta a los cambios, la seguridad ciudadana, totalmente apabullada por un incremento del delito que no tiene nombre; el armamentismo (la crisis económico-financiera de Israel, casi terminal, no se entiende a la luz de sus inversiones en armamentos, a ese extremo se ha llegado); la sanidad (50 millones de norteamericanos caídos del sistema de la seguridad social y un presupuesto para la guerra de Irak que insumió cerca de 200 mil millones de dólares); la justicia, en manos de los poderosos./

En esta crisis entran nuestros hijos; es la herencia que les vamos a dejar. Cuando se caiga todo, nuestros hijos tendrán que asumir el desastre. Si están capacitados para ello,  no les será difícil; pilotearán bien los cambios y podrán sacar la crisis adelante.

Si están capacitados para ello, insisto./

Por ahora,  andan sueltos y solos.  Ya que el hogar y la escuela no prestan apoyo, su necesidad de plenitud, que la tienen,  se satisface, incompleta, fuera de los ámbitos que naturalmente hasta ahora fueron los más propios para su educación. La calle, el mundo exterior, egoísta y hostil, es su habitat y poco podrán hacer si no entran en él con una infraestructura  sólida que autorice una inserción acabada. Y esa es tarea nuestra.  

El descuido que los padres hemos hecho de los valores creyendo que bastaba con recitarlos, el  desinterés por el  conocimiento, la abulia que nos anima, han eclipsado nuestra relación con ellos centrifugándolos del entorno familiar. El ámbito escolar, con sus filas de bancos donde se investigan la nuca del que los precede, en un  degenerado alineamiento anti educativo que impide el diálogo y la puesta en común; con  maestros que aún sostienen que “eso de la informática no es para ellos”, que  está decididamente mal, cuando sólo es distinta...nos impedirá encarar el cambio.

Esta es la realidad que estamos empezando a vivir y de la que no tenemos porqué sentirnos satisfechos, sino más bien todo lo contrario. Entendemos que la vida nos apura y apenas si tenemos tiempo para sobrevivir a las angustias cotidianas. Pero también sabemos que tenemos una responsabilidad que no podemos dejar de lado.

Así, ni como padres ni como maestros podemos  dar pruebas de nuestra ligereza para encarar las nuevas tecnologías porque ya habitan en nuestros hijos. 

Tampoco podemos los padres mantener una estructura familiar que los centrifugue ni puede el colegio hacerlo. La pérdida de estas dos instituciones contribuirán a un vacío afectivo que no podrán recuperar de mayores.

Tampoco podemos, ni padres ni maestros, conculcar su independencia, se mire como se mirare: desde el temor a que les pase algo o desde nuestra propia incapacidad para impulsarlos a que sean ellos mismos.

Tampoco podemos abandonar nuestros intentos para que descubran las maravillas del conocimiento como elaboración estratégica personal para afrontar una vida rica en alternativas, fluida, creativa e imaginativa. Ni podemos contarles cuentos de hadas respecto de Dios y de la Iglesia. Las cosas son como son y si ambos se precipitan a tierra es porque no hemos sabido poner en acto la existencia del uno ni las virtudes de la otra.

Tampoco podemos hablar de paz si en nuestros corazones anida la indiferencia por los demás y  terminamos aplaudiendo cualquier guerra que se montan por ahí los intereses económicos. Ni hablar de amor si tenemos a toda la humanidad bajo sospecha.

Tampoco podemos enseñarles la virtud de la puesta en común si vivimos para dentro, vidas individuales, incluso en el seno del hogar.

Tampoco podemos insistir en que todo es una porquería, porque no es cierto. La vida es lo más maravilloso que tenemos y ellos lo saben;  miran adelante y saben que les espera un mundo descarnado,  en el que podrán intervenir creando circunstancias, estableciendo relaciones  y celebrando nuevos encuentros.

No podemos dejar que entren desnudos, despojados de todo, como si se tratara de un comienzo cuyo pasado no tiene nada que aportar.

Si nuestro aporte es vital, nuestro legado es irremplazable: tenemos que convocarlos a descubrir que el conocimiento es el sustento de la vida. Y para eso es menester que pongamos el nuestro propio en acto y cumplamos con nuestro deber de maestros y padres que,  sin ninguna imaginación para ayudarlos a encarar una vida de relación que termine en un fructífero encuentro, los primeros los depositamos en la escuela pasen el día  y la escuela  les enseñe cuánto mide el Tajo o el binomio suma al cuadrado.

En pocos años el hogar se transformará en el lugar donde se acuda a dormir y la escuela en un centro de información donde se obtendrán datos y se evaluarán rendimientos. Otra forma de vida, otra forma de ser.

Nuestro llamado tiene un fundamento: HAY QUE ESTAR PREPARADOS