Crisis y libros de texto

por Carlos A. Trevisi

Agosto 2010

Una vez más el comienzo de las clases lejos de abordar  lo puramente académico –“¿… seguirá el nene estudiando cuáles son los ríos españoles que desembocan en el Mediterráneo, cuánto tiempo se tardó en construir el Monasterio de El Escorial o la solución de (a+b)2 ?", en lugar de abordar estas estupideces, insisto, el comienzo de las clases organiza a los padres para la compra de los libros que habrán de usar sus hijos sin que el presupuesto del hogar se dispare y haya que terminar el mes comiendo alubias.

Aquello de abordar lo "puramente académico" es retórico: a ningún padre le interesa lo que va a estudiar su hijo. Si así fuera pondría el grito en el cielo. No hay criatura que pueda seriamente estudiar las chorradas que se le enseñan; y la "organización de los padres" demuestra que todavía no se han dado cuenta que no hay porqué comprar libros, con lo que bien podrían evitarse el montaje financiero.

Con este planteo, vamos a la lucha.

Los inútiles libros que los maestros hacen comprar a los padres HUELGAN. Esos libros, llenos de contenidos que otros recursos brindan con más rapidez, encanto y gusto para los chicos -una PC, por ejemplo, o una película comercial- sólo sirven para que el maestro no necesite pensar y la editorial pueda seguir ganando dinero. Con un libro el maestro tiene todo resuelto y el mismo libro para todos, claro, no sea cuestión que  un chico se venga con la información de que el Everest mide 100 metros más de lo que se había calculado hace diez/veinte o 30 años. Le basta con seguirlo paso a paso y tomar una prueba quincenal -o semanal, según las ganas que tenga de trabajar- en la que los chicos demuestren sus conocimientos. Las pruebas se refieren a los contenidos de la página 8 a la 13 y su evaluación contempla que las respuestas se correspondan con las del libro.

Si la "víctima" ha "estudiado" que  tardaron 25 años para construir El Escorial, que Felipe II tenía gota, y que 8x8 es 64 y la memoria no lo traiciona se saca un diez y es un excelente alumno.

En cambio si otra pobre criatura se aburre estudiando de memoria y pone que el Guadalquivir desemboca en el Mediterráneo es un desastre de alumno. Y le pone un 2. El problema de esta víctima de su maestro es que buscó el Guadalquivir en la PC y descubrió la Torre del Oro, y que allí  se guardaba... y que los navíos españoles... y que los piratas ingleses los acechaban y... , y..., y...

En pocas palabras: al primero lo felicitan porque es un loro repetidor que responde al proyecto idiotizador de Bilderberg y al segundo lo condenan porque tiene imaginación y la pone en acto. Resumiendo: se alaba la estupidez y se condena la imaginación, antesala de la investigación.

Por supuesto he perdido la batalla. La mayoría de los padres dirá que saber todas esas chorradas es cultura; que el maestro hace bien en ejercitar la memoria de los chicos y que la PC sirve para otras cosas. Agregarán: "si están estudiando geografía ¿a qué viene eso de los piratas ingleses? Y si están estudiando mates, ¿cómo no van a aprender (a+b)2?.

Lo que no saben los pobres padres -disculpen la cacofonía-  es que si el maestro pusiera un tema general de estudio, como "Hispania en el Imperio Romano", se podría estudiar mucho más que esa clasificación de pavadas sueltas, desconectadas entre sí.

Vea si no

Si se estudiara Hispania se podría hablar de los moros, de Mérida, del teatro romano, de arquitectura romana, de las diferencias entre los símbolos numéricos romanos y arábigos, de los visigodos, de las matemáticas, de Alejandría, de las distancias en metros, kilómetros, millas entre Roma y ...

En fin. He perdido la batalla, pero no me voy a rendir. Mañana cuando llegue a clase les voy a contar un cuento a los chicos para que podamos, desde lo que nos sugiera el mismo cuento, hablar de historia, geografía, matemática...

¿Entiende porqué no hay razón para que a fin de mes tenga que comer alubias? Claro que depende de usted, porque en lo que se refiere al maestro...