CRISIS Y CUENTAS CLARAS

¿DÓNDE ESTÁ LA RIQUEZA MUNDIAL?

 

 

 

 

ASIGNATURAS.

1-  CONCENTRACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA MUNDIAL

 

2-  ¿DÓNDE ESTÁ LA RIQUEZA EN ESPAÑA?

 

3        UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS: SI TODOS LO PAGAMOS, TODOS DECIDIMOS

 

IVº Ciclo de Escuelas a Distancia:

“Crisis: las cuentas de la cocinera”

 

 

Iª ASIGNATURA. LA EVOLUCIÓN DEL PIB MUNDIAL EN LA ÚLTIMA DÉCADA. EL REPARTO DE LA PLUSVALÍA MUNDIAL.

 

I.- En los últimos diez años, el PIB mundial –es decir, la nueva riqueza generada, el nuevo valor añadido creado por la fuerza de trabajo en todo el mundo- se ha duplicado. Un reparto proporcional de esa riqueza proporcionaría a cada habitante del planeta 9.008 dólares anuales, pero el 40% de la humanidad está condenada a sobrevivir con menos de dos dólares diarios, y una sexta parte con menos de un dólar al día.

El dominio hegemonista impone una trágica diferencia entre las condiciones que el desarrollo de la capacidad productiva puede ofrecer, y el que la mayoría de la humanidad puede disfrutar. Sólo con que la burguesía mundial hubiera “congelado” sus ganancias durante la última década, con el incremento de la riqueza mundial se podrían garantizar durante casi dos siglos los objetivos del milenio de la ONU –que incluyen la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre-.

Es la constatación más contundente de que, como ya planteaba Marx en el Manifiesto Comunista, “la sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esta clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con toda la sociedad”.

 

En los últimos diez años, el PIB mundial –es decir la cantidad de nueva riqueza generada por la humanidad- se ha duplicado. Los 30,9 billones de dólares en 1999 han pasado a ser 60,10 en 2008.

Esto supone un gigantesco salto en la capacidad productiva de la humanidad. Los 29,14 billones de dólares en que se ha incrementado el PIB mundial en la última década duplican con creces las cifras de los veinte años anteriores.

Por el contrario, la población del planeta sólo se ha incrementado, en este mismo periodo, en un 111,29%.

Existen, por tanto, casi el doble de recursos disponibles para el conjunto de la humanidad que hace diez años. En 1999, un reparto “equitativo” del PIB mundial otorgaba a cada persona 5.190 dólares anuales, en 2008 esa cifra se ha elevado a 9.008 dólares.

¿Se ha multiplicado por dos el nivel de bienestar de los pueblos del mundo? La respuesta a esta pregunta es un evidente no.

Casi la mitad de la humanidad subsiste con menos de dos dólares diarios, línea establecida por la ONU para determinar la pobreza. Y mil millones de personas malviven con menos de un dólar diario, sumidos en la pobreza extrema.

El elemento distorsionador, entre la enorme capacidad de creación de riqueza alcanzada por la humanidad y las insoportables condiciones de vida impuestas a la mayoría de la población mundial, no es otro que el dominio de las principales potencias y burguesías.

Los datos de la extensión de la pobreza y el hambre en el mundo traen a un rabioso presente las palabras de Marx en el Manifiesto Comunista: "he ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase. Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aún dentro de su esclavitud (...) La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad”.

Si el PIB mundial se distribuyera equitativamente entre todos los habitantes del planeta, una familia africana media de ocho miembros dispondría de 79.214 euros anuales, exactamente veintisiete veces más –si tenemos en cuenta que la mayor parte de los condenados a vivir con menos de un dólar diario se concentran en el continente negro- de la cantidad con que ahora debe sobrevivir.

Sólo con que la burguesía mundial hubiera “congelado” sus ya fabulosas ganancias de 1999, y la humanidad pudiéramos disponer del incremento del PIB mundial de la última década, cada habitante del planeta dispondría de 4313 euros más; se garantizaría durante 194 años la conquista de los objetivos del milenio (que abarcan la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre, la reducción en las dos terceras partes de la mortalidad infantil, o la extensión de la enseñanza primaria a todo el planeta).

Este es el grado de vampirización al que nos someten las principales burguesías, y el grado de bienestar que la humanidad está ya en disposición de alcanzar si nos liberamos de su dominio.

 

II.- La tendencia principal en la evolución del PIB mundial durante la última década es a que las principales potencias, con EEUU a la cabeza, pierdan peso relativo, mientras que el Tercer Mundo, especialmente los países emergentes surgidos de su seno, gane cuota de participación en el reparto de la riqueza mundial.

Una tendencia que se agudiza y acelera desde 2004, y que ha dado lugar a una mayor democratización en el reparto de la riqueza mundial.

Estas cuentas, que nos hablan de que es posible transformar el mundo a favor de los pueblos, a pesar del enorme poder que concentran las grandes potencias, quedan disueltas y ocultas por las cuentas de pérdidas multimillonarias  de la crisis.

 

La explosión de la “globalización” a partir de 1999 (aparición de nuevas ramas productivas, apertura de nuevos mercados...) ha permitido duplicar en la última década el PIB mundial y la capacidad productiva de la humanidad.

Pero, al contrario de lo que todos vaticinaban al irrumpir “la globalización”, este brutal desarrollo no ha beneficiado a los grandes centros de poder económicos, políticos y militares. Ha ocurrido exactamente lo contrario.

Los grandes perdedores han sido los centros de poder imperialistas, comenzando por la superpotencia norteamericana, y los ganadores de la globalización han sido los países emergentes del Tercer Mundo, encabezados por China.

El G-7 –el club más restringido y poderoso de las potencias imperialistas, aquellos que son proclamados como “dueños del planeta”- ha perdido un 12,79% de su peso en el PIB mundial.

Y el país que más porcentaje pierde del PIB mundial en los últimos diez años es... EEUU. La única superpotencia se apodera ahora de un 6,31% menos del PIB mundial que hace diez años.

Lo mismo ocurre con el resto de potencias imperialistas. Alemania, señalada por todos como la “locomotora económica europea”, y hasta hace muy poco primer exportador mundial de mercancías, tiene hoy un 0,87% menos del PIB mundial que hace diez años. Japón, la segunda economía del mundo, ha visto decrecer su peso económico global nada menos que en un 6,06%.

Pero el descalabro de las principales potencias es muy mayor, porque sigue un ritmo cada vez más acelerado.

Entre 1999 y 2004, el G-7 había perdido un 4,01% de su peso en el PIB mundial, pero en los últimos cuatro años ha menguado en un 8,78%, más del doble que en el periodo anterior.

EEUU vuelve a encabezar el ranking de aceleración de las pérdidas. En los primeros seis años de la última década, había visto decrecer su peso económico global en un 1,80% del PIB mundial, mientras que en el cuatrienio posterior sus pérdidas han ascendido a un 4,51%... ¡un 250% más!

Si tenemos en cuenta que cada décima del PIB supone 601.093 millones de euros, tendremos una visión de las pérdidas sufridas por EEUU. Sólo desde 2004, el descenso en el porcentaje del PIB que supone EEUU le ha supuesto a Washington pérdidas equivalentes al doble del PIB español.

Incluso aquellas potencias imperialistas que si partimos del balance global de toda la década parece no se han visto tan afectadas por el descalabro, salen malparadas si miramos los datos al detalle.

Los cinco principales países de la UE parecen haber mantenido su peso en el PIB global en los últimos diez años (han pasado de un 22,28% en 1999 a un 22,09% en 2008). Pero si entre 1999 y 2004 habían ganado un 1,20%, a partir de 2004 han perdido un 1,39%.

Estamos ante un auténtico tsunami global, provocado por la lucha de los países y pueblos del mundo, que está propinando un serio, y creciente, correctivo a las grandes potencias, que contemplan estupefactas como la porción de la riqueza mundial de que se apropian disminuye aceleradamente.

 

 

III.- El aspecto principal de la redistribución más democrática del PIB mundial es que los países y pueblos del Tercer Mundo han arrebatado al hegemonismo norteamericano y a las diferentes potencias imperialistas una importante cuota de participación en la riqueza global. En la última década, los países del Tercer Mundo han ganado un 9,50% de participación en el PIB mundial. Esto supone que los países del Tercer Mundo disponen cada año de 5,71 billones de dólares anuales más que en 1999.

El factor principal que permite el incremento del peso relativo de los países emergentes en el PIB mundial es el grado de independencia política alcanzado, la capacidad de impulsar un desarrollo autónomo, que inevitablemente debe enfrentarse a las condiciones que, tanto en el ámbito nacional como internacional, impone EEUU.

 

En un extremo, en el de los que más pierden, está el G-7, y en el otro, en el de los que más ganan, está el G-5 (la organización de los cuatro gigantes emergentes del Tercer Mundo –China, Brasil, India y México- más Rusia).

Si el G-7 ha perdido un 12,79% de su peso en PIB mundial, el G-5 ha ganado un 6,71%.

China, que ha pasado a ser la tercera economía del mundo, superando a Alemania, es ahora un 3,06% del PIB mundial más que hace diez años; Brasil un 0,8% más, India un 0,7% más...

Y esa progresión de los países emergentes del Tercer Mundo en la jerarquía del PIB mundial se acelera. Entre 1999 y 2004, los países del G-5 acapararon un 1,92% del PIB mundial más. Pero a partir del 2004, ese aumento ha subido hasta un 4,79%. Se ha multiplicado por un 249%.

Pero, a pesar de la espectacularidad de los datos del G-5, no se trata de casos aislados y excepcionales de vitalidad en un pequeño puñado de países del Tercer Mundo.

Que los principales países imperialistas pierdan, y los pueblos y países del Tercer Mundo ganen es una tendencia general e imparable a escala global.

Dentro de los diez países que más peso relativo pierden están EEUU –el último-, Japón –el penúltimo-, Alemania –el antepenúltimo- y Reino Unido. Para encontrar en esa clasificación a un miembro del G-7, Francia, debemos retroceder hasta el 60º puesto.

Mientras que de los diez países que más peso ganan en el PIB mundial, seis pertenecen al Tercer Mundo.

Todos los países imperialistas pierden terreno, y todas las áreas del Tercer Mundo –incluida África- ganan peso relativo en el PIB.

¿Cómo se ha producido este fenómeno? ¿No imponen las leyes del capitalismo que se camine hacia una mayor concentración de la riqueza, en cada vez menos manos? ¿No hubiera sido lo lógico, bajo el modo de producción capitalista, que las principales potencias se hubieran adueñado de una parte mayor del PIB mundial?

Lo que ha irrumpido es una fuerza arrolladora, que viene actuando desde que el final de la IIª Guerra Mundial dio origen a la oleada descolonizadora: la lucha de los pueblos del Tercer Mundo.

Esta lucha antihegemonista, conquistando la independencia nacional frente a las principales potencias, ha permitido generar una enorme magnitud de fuerzas productivas fuera del control de los centros imperialistas, pudiendo dirigir los frutos de ese crecimiento en beneficio del país y de la población.

A diferente nivel, los países que mayor peso ganan son los que más han avanzado o mantenido la autonomía respecto a los centros de poder hegemonistas. Es el caso de China, Brasil, Irán, Venezuela...

No es “el desarrollo de la globalización” lo que ha determinado ese espectacular crecimiento superior a la media, sino la capacidad de impulsar un desarrollo autónomo, que inevitablemente debe enfrentarse a las condiciones que, tanto en el ámbito nacional como internacional, impone EEUU.

Este desarrollo independiente se ha traducido en un avance en las condiciones de vida de un importante sector de la humanidad. Es precisamente en los países emergentes del Tercer Mundo que más han incrementado su peso en el PIB mundial, donde más se ha reducido la pobreza.

China ha cumplido con antelación los objetivos del milenio, consiguiendo reducir a la mitad la pobreza extrema, y garantizando la universalidad del acceso a la enseñanza básica.

Desde la llegada al gobierno de Lula, el porcentaje de brasileños que viven en la extrema pobreza ha descendido desde el 8,8% al 4,2%.

En Venezuela, la política social de la revolución bolivariana ha permitido el mayor salto de la historia en las condiciones de vida populares. La pobreza extrema se ha reducido espectacularmente desde el 29,8% en 1990 hasta el 9,4% en 2007.

Datos que contrastan con las cifras de EEUU, donde el número de personas sometidas a pobreza extrema aumento un 26% entre 2000 y 2005.

 

IV.- La tendencia a una mayor redistribución democrática en la evolución del PIB mundial, agudiza el antagonismo entre la única superpotencia, EEUU (que hegemoniza abrumadoramente el poder político-militar, pero pierde peso económico global, es decir se apropia directamente de una parte cada vez menor de la plusvalía mundial), y el conjunto de pueblos y países del Tercer Mundo.

Entre los países imperialistas se desarrolla una doble tendencia. La principal es el reagrupamiento, en un frente imperialista, frente al avance del Tercer Mundo, especialmente de los países emergentes. Pero a ésta se superpone una mayor tensión intermonopolista por el reparto de la cada vez menor cuota del PIB mundial del que se apropian directamente las principales burguesías.

 

EEUU ha perdido en los últimos diez años un 6,31% del su peso en el PIB mundial, lo que supone 3,8 billones de dólares –un 26,7% del actual PIB norteamericano-. Esta es la gigantesca porción del nuevo valor añadido mundial del que EEUU ha dejado de apropiarse. Una cantidad similar a la que han ganado los miembros del G-5 –los principales países emergentes del Tercer Mundo.

Pero, al mismo tiempo, EEUU, que controla un 23,6% del PIB mundial, hegemoniza directamente el 48,61% del gasto militar mundial, e indirectamente, a través de la OTAN, el 70,82%.

Esta es una contradicción antagónica de una virulencia creciente. ¿Hasta donde está dispuesto EEUU a permitir que la actual tendencia de la evolución mundial –una sangría para la única superpotencia- se desarrolle sin hacer uso de la fuerza político militar que ostenta casi en monopolio?

Esta es la principal contradicción estratégica a la que se enfrenta la hegemonía norteamericana, y ha estado en la base del desarrollo del mundo durante la última década.

Detrás del intento de la línea Bush por hacer prevalecer su insalvable superioridad militar, imponiendo una dictadura terrorista mundial, cuyo principal objetivo era contener o encauzar la emergencia china. Pero el ostentoso fracaso de la línea Bush ha agudizado el declive económico y político norteamericano, y acelerado el incremento del peso global de Pekín y el resto de países emergentes del Tercer Mundo.

Y esa pérdida acelerada de peso económico global norteamericana está también detrás de los mecanismos que han hecho estallar la crisis.

EEUU se enfrenta a la contradicción que le lleva a endeudarse cada vez más con el resto del mundo para mantener su costosa hegemonía político-militar –sin por ello ver descender todavía más su ritmo de crecimiento-, haciendo uso de esa hegemonía para intentar apoderarse de una parte mayor de la plusvalía mundial a través de diferentes mecanismos de extorsión financiera que han provocado el estallido de la crisis.

Al mismo tiempo, en la relación entre EEUU y el resto de potencias imperialistas se desarrolla una doble tendencia.

Por un lado, el ascenso del Tercer Mundo amenaza no sólo a EEUU, sino también al resto de potencias. China, por ejemplo, ya ha superado a Alemania como primer exportador mundial de mercancías. Lo que empuja al conjunto de potencias a conformar una especie de frente imperialista con el objetivo de contener el ascenso de los países emergentes del Tercer Mundo. Podemos verlo reflejado en la nueva política “pro atlántica” de Sarkozy o Merkel.

Pero también, la disminución de la porción del valor añadido mundial del que se apropian directamente las grandes potencias, provoca una agudización de la disputa entre los principales bancos y monopolios por repartirse una tarta cada vez más pequeña.

Estas son las contradicciones estratégicas a las que se enfrenta la hegemonía norteamericana. A las que Obama, con otra línea y otras formas que Bush, está obligado a dar respuesta.

 

 ASIGNATURA 2.

EL CASO ESPAÑOL. ¿DÓNDE ESTÁ LA RIQUEZA?

 

 

TESIS 1.- Conocer dónde está la riqueza generada en España en los último 10 años no es una tarea tan intrincada como quieren hacernos creer. Para ello, en primer lugar es necesario aclarar que el PIB de una nación no es más que el nuevo valor añadido, la nueva riqueza creada por la fuerza de trabajo de ese país a lo largo de un año. Nueva riqueza que en una parte se consume, y en otra parte se acumula. En el caso de España, el PIB nacional, 1,05 billones de euros en 2007 es el valor de la nueva riqueza creada por el trabajo asalariado en nuestro país a lo largo de ese año.

 

 

Si uno quiere conocer las cuentas del total de la economía española en el año 2007, necesariamente tiene que remitirse a las tablas estadísticas que anualmente elabora el Banco de España y el INE. ¿Qué nos dicen estas tablas?

Como puede comprobarse en el anexo adjunto, nada. O, al menos nada comprensible, posiblemente ni para sus propios autores. ¿Y por qué todo este galimatías? Sencillamente para ocultar la auténtica verdad incómoda del mundo capitalista: el grado en que el capitalista estruja al obrero gratuitamente,.

¿Qué es el PIB de una nación? Los economistas burgueses nos dirán que la suma de los distintos agregados, menos la resta de los distintos gastos y transferencias, a los que hay que añadir o quitar las adquisiciones y cesiones, para poder sacar las cuentas de distribución y utilización de la renta, determinar el excedente bruto de explotación, la renta mixta, la renta nacional bruta, la renta nacional disponible, bla, bla, bla...

Cuando en realidad, el PIB no es otra cosa que la suma de todo el nuevo valor añadido generado en un país en la producción de bienes y servicios de ese año. En definitiva, no es otra cosa que el nuevo valor creado por la fuerza de trabajo del obrero. Enmascarar y confundir esta cuestión es vital para que la explotación y la plusvalía queden ocultas.

Sabemos desde Marx que el valor de una mercancía no es más que la cristalización del tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. ¿Cómo se calcula entonces el PIB?

Sencillamente, restándole al valor de todos los bienes y servicios producidos en un año lo que la economía burguesa llama “consumos intermedios”. Y que no son otra cosa que las mercancías de todo tipo (materias primas, energía, productos semielaborados...) necesarias para producir la mercancía final que saldrá a la venta en el mercado. Mercancías o consumos intermedios que, como también sabemos, no añaden un nuevo valor al producto, sino que sencillamente le transfieren el que poseen a la nueva mercancía.

Si nos fijamos en la tabla adjunta de la contabilidad del Banco de España, veremos que el valor total de las mercancías producidas en España durante 2007 ascendió a 2.186.855 millones de euros (P.1). Y que los gastos en consumos intermedios necesarios para esa producción fue de 1.136.060 millones (P.2).

La diferencia entre ambos valores, o sea, 1.050.595 millones de euros, es el valor añadido por la fuerza de trabajo en España, la cristalización de su tiempo de trabajo, expresada en dinero, a lo largo de 2007.

 

 

2001

2004

2007

Valor de la producción

1.356.809

1.700.544

2.186.655

Consumos intermedios

767.131

859.502

1.136.060

Nuevo valor añadido

680.678

841.042

1.050.595

 

“El precio de venta de la mercancía (…) se divide (…) en tres partes: la primera, para reponer el precio desembolsado en comprar materias primas, así como para reponer el desgaste de las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajo (…) la segunda, para reponer los salarios (…) y la tercera, el remanente que queda después de saldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista. Mientras que la primera parte se limita a reponer valores que ya existían, es evidente que tanto la suma destinada a rembolsar los salarios abonados como el remanente que forma la ganancia del capitalista salen en su totalidad del nuevo valor creado por el trabajo del obrero y añadido a las materias primas (…)

Cualquier que sea la proporción en que la clase capitalista, la burguesía, bien la de un solo país o la del mercado mundial entero, se reparta los ingresos netos de la producción, la suma global de estos ingresos no será nunca otra cosa que la suma en que el trabajo vivo incrementa en bloque el trabajo acumulado”. (Marx. Trabajo asalariado y capital)

 

 

TESIS 2.- ¿Cómo se distribuye este nuevo valor añadido, esa nueva riqueza creada? Tampoco esto, por más que también esta cuestión pretendan convertirla en un galimatías, es ningún misterio. Una parte de ella va a los salarios, a remunerar la fuerza de trabajo. La otra parte es la plusvalía, el valor nuevo añadido por la fuerza de trabajo durante el tiempo de trabajo no remunerado. Todo la parte del nuevo valor que no va a remunerar el trabajo asalariado es la plusvalía. No hay más misterio ni escalones intermedios. En España, en 2007, el 47,28% de la nueva riqueza, de los 1,05 billones de euros, fue a los salarios. El 52,72% restante es la plusvalía que se apropiaron los capitalistas.

 

Una vez aclarado que al hablar de PIB, no estamos hablando de otra cosa que del nuevo valor añadido por la fuerza de trabajo, ¿cómo se distribuye este nuevo valor? ¿Qué parte va a los salarios, a remunerar la fuerza de trabajo y que parte es la plusvalía, trabajo no remunerado? Todo lo que no va a remunerar el trabajo asalariado es la plusvalía.

En el caso de España, y de acuerdo a los datos del Banco de España, la remuneración de los asalariados españoles en 2007 fue de 496.796 millones de euros. La diferencia entre esta cantidad y el nuevo valor añadido es la plusvalía que los capitalistas en España han extraído a la fuerza de trabajo en el año 2007. Concretamente, 553.799 millones de euros.

 

 

2001

2004

2007

Nuevo valor añadido

680.678

841.042

1.050.595

Remuneración asalariados

334.707

401.102

486.323

Plusvalía

345.971

439.940

553.779

 

Lo que significa que la cuota de ganancia obtenida por los capitalistas en España en 2007 es del 111,5%. Por cada euro invertido para pagar a la fuerza de trabajo, han obtenido gratuitamente 1,115 euros de ganancia.

 

Para entender mejor esta relación, sigamos los argumentos de Marx en “Salario, precio y ganancia” actualizando únicamente las cantidades.

Supongamos que la ganancia total obtenida por el capitalista sea de 100.000 euros. Esta suma considerada como magnitud absoluta, la denominamos volumen de ganancia. Pero si calculamos la proporción que guardan estos 100.000 euros con el capital desembolsado, a esta magnitud relativa la llamaremos cuota de ganancia. Es evidente que esta cuota de ganancia puede expresarse bajo dos formas.

Supongamos que el capital desembolsado en salarios son 100.000 euros. Si la plusvalía creada arroja también 100.000 euros –lo cual, por cierto, nos vuelve a demostrar que la mitad de la jornada de trabajo del obrero está formada por trabajo no retribuido–, y si midiésemos esta ganancia por el valor del capital desembolsado en salarios, diríamos que la cuota de ganancia era del 100 por 100, ya que el valor desembolsado sería 100.000 y el valor producido 200.000.

Por otra parte, si tomásemos en consideración no sólo el capital en salarios, sino todo el capital desembolsado, por ejemplo, 500.000 euros, de los cuales 400.000 representan el valor de las materias primas maquinaria, etc... diríamos que la cuota de ganancia sólo asciende al 20 por 100, ya que la ganancia de cien mil euros no sería más que la quinta parte del capital total desembolsado.

 

“El primer modo de expresar la cuota de ganancia es el único que nos revela la proporción real entre el trabajo pagado y el no retribuido, el grado real de la explotación del trabajo. El otro modo de expresar es el usual y es, en efecto, apropiado para ciertos fines. En todo caso, es muy cómodo para  ocultar el grado en que el capitalista estruja al obrero trabajo gratuito”.

 

TESIS 3.- ¿Esta cantidad constituye la ganancia neta de los empresarios capitalistas? No, porque a su vez dentro de la clase capitalista se producen otras distribuciones. Una parte de ella se quedará dentro del país, otra se irá fuera. De la que queda dentro una parte se destinará a nuevas inversiones (capital acumulado), otra se la quedará el empresario (beneficio neto), otra se irá en impuestos al Estado, otra irá al capital financiero en forma de pago de intereses.

 

Una vez establecida la cuota de ganancia, es decir, la cuota de explotación, la plusvalía, ¿cómo se distribuye esa plusvalía, es todo beneficio para el capitalista?

No. De la cuota de ganancia hay que descontar, en primer lugar, lo que va destinado a impuestos para mantener al aparato del Estado. En el caso español, lo que va destinado a impuestos para mantener al aparato de Estado ascendió en 2007 a 108.947 millones euros (D.2-D.3 de la tabla anexa). Por lo tanto, a la cuota de ganancia habrá que restárselos, porque de ellos va a disponer el Estado que asegura en última instancia el poder político-militar para mantener la explotación.

 

 

2001

2004

2007

Plusvalía

345.971

439.940

553.779

Impuestos

65.578

87.819

108.947

Ganancia neta

280.393

352.121

444.832

 

¿Pero es este el único reparto que se produce?

No. En primer lugar, si el capitalista no quiere perecer en la batalla de la competencia, deberá dedicar una parte de esta plusvalía a  nuevas inversiones, a crear nuevo capital constante en forma de nueva maquinaria, tecnología, instalaciones,... Una parte de ese capital constante se consumirá inmediatamente en el proceso productivo, pero otra parte quedará como nuevo capital, como capital acumulado en manos del capitalista.

Con la parte de la ganancia restante, el empresario capitalista tiene a su vez que volver a repartirla entre los poseedores de los otros capitales necesarios tanto para la producción como para la circulación de sus mercancías. Desde el dueño del suelo o de los edificios donde se produce, hasta el banquero que le presta el dinero, la empresa que mantiene limpia la fábrica, el transportista que distribuye sus mercancías o el comerciante que finalmente las vende. En el capitalismo monopolista, lógicamente, es el capital financiero el que se quedará con la parte del león en la inmensa mayoría de casos.

Y aún queda otra distribución más: la que se produce entre la parte que se quedan los capitalistas nacionales y la que se llevan los capitalistas extranjeros bien en forma de plusvalías directas (la que se llevan las multinacionales o los accionistas extranjeros de empresas españolas), bien de forma indirecta (la que se lleva el capital financiero internacional como cobro de intereses).

La forma y la cantidad concreta en que se hace este reparto en el caso español que hemos escogido como modelo del que extraer las leyes universales para las cuentas de la cocinera, es la siguiente aproximación que queda pendiente para la próxima escuela.

 

“La plusvalía, o sea aquella parte del valor total de la mercancía en que se materializa el plustrabajo o trabajo no retribuido del obrero, es lo que yo llamo ganancia. Esta ganancia no se la embolsa en su totalidad el empresario capitalista. El monopolio del suelo permite al terrateniente embolsarse una parte de esta plusvalía bajo el nombre de renta del suelo, lo mismo si el suelo se utiliza para fines agrícolas que si se destina a construir edificios, ferrocarriles o a otro fin productivo cualquiera. Por otra parte, el hecho de que la posesión de los medios de trabajo permita al empresario capitalista producir una plusvalía o, lo que viene a ser lo mismo, apropiarse una determinada cantidad de trabajo no retribuido, permite al propietario de los medios de trabajo, que los presta total o parcialmente al empresario capitalista, en una palabra, permite al capitalista que presta el dinero, reivindicar para sí mismo otra parte de esta plusvalía, bajo de nombre de interés, con lo que al empresario capitalista, como tal, sólo le queda la llamada ganancia industrial o comercial.

 

La renta del suelo, el interés y la ganancia industrial no son más que tantos otros nombres diversos para expresar las diversas partes de la plusvalía de una mercancía o del trabajo no retribuido que en ella se materializa, y brotan todas por igual de esta fuente y sólo de ella. No provienen del suelo como tal, ni del capital de por sí; mas el suelo y el capital permiten a sus poseedores obtener su parte correspondiente en la plusvalía que el empresario capitalista estruja al obrero. Para el mismo obrero, la cuestión de si esta plusvalía, fruto de su plustrabajo o trabajo no retribuido, se la embolsa exclusivamente el empresario capitalista o si éste se ve obligado a ceder a otros una parte de ella bajo el nombre de renta del suelo o interés, sólo tiene una importancia secundaria. Supongamos que el empresario capitalista maneje solamente capital propio y sea su propio terrateniente; en este caso, toda la plusvalía irá a parar a su bolsillo”. (Marx. Salario, precio y ganancia)

 

 

ASIGNATURA 3.

FRENTE A LA CRISIS, REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

 

 

TESIS 1.- Todas las medidas tomadas por el gobierno contra la crisis hasta ahora, desde los 8.000 millones de euros del Fondo de Inversión Local hasta los 250.000 millones del plan de rescate bancario, van a cuenta del Estado, es decir, de la población, de toda la población.

Y esto no es que lo digamos nosotros, es que lo están haciendo ellos, recurriendo al aumento de la deuda pública. Deuda que pagamos, ahora y en el futuro, todos nosotros con nuestros impuestos.

Si esto es así, y además va a serlo cada vez más a medida que el sistema financiero español necesite más recursos para satisfacer los crecientes vencimientos de su deuda exterior, la primera alternativa a la crisis no puede ser otra que la que sintetiza la consigna “SI LO PAGAMOS TODOS, DECIDIMOS TODOS”.

 

España cerró el año 2008 con una deuda pública equivalente al 39,8% de su PIB. Es decir, una deuda de 417.839 millones de euros. Pero sólo en 2009 aumentará su deuda hasta el 47% del PIB, 493.428 millones. Y para 2011, la agencia de calificación Standard & Poor’s afirma que llegará al 60%, 629.908 millones de euros. Una de las razones que le han llevado a rebajar la calificación crediticia de España. Esto quiere decir que para hacer frente a la crisis, el gobierno va a aumentar el endeudamiento del Estado en los próximos 3 años en 212.069 millones de euros. Es decir, en 36 meses nos endeudaremos por un valor superior al 50% de todo el acumulado histórico de la deuda española de las últimas décadas.

Esto significa que para 2011, todos y cada uno de los 40 millones de españoles –desde el último recién nacido hasta el anciano de más edad– tendremos que asumir una carga extra de 15.747 euros. Casi 63.000 euros para una familia media de 4 miembros. Una hipoteca-bis cuyo pago de intereses y devolución del principal habrá que sumar a la que cada uno tiene contraída con su banco.

Como es público y notorio, la parte del león de este endeudamiento viene del plan de rescate bancario, por el que el Estado pone a disposición de bancos y cajas de ahorro hasta 250.000 millones de euros (que veremos si no son más) en forma de compra de activos, avales y garantías. El resto del gasto público dedicado a paliar los efectos de la crisis no llega, de conjunto, ni al 20% de lo destinado a los bancos. Para medio centenar de entidades financieras, el 85% de los nuevos recursos. Para el resto de la población queda repartirse el 15% restante. Pero eso sí, las cargas que suponen estos nuevos recursos quedan para la población. La presente y la futura.

En EEUU, Inglaterra u Holanda al menos las cuentas del rescate bancario son públicas. Todo el mundo sabe qué bancos se han quedado con cuánto dinero del erario público. Pero en España no. Aquí sólo sabemos que hemos de pagar a los bancos para evitar su colapso y que puedan afrontar los vencimientos de sus deudas, pero no a quién pagamos ni cuánto, dado que el gobierno se plegó a su exigencia de mantener el anonimato de quienes acuden a las subastas del dinero del plan de rescate y cuánto se lleva cada uno. ¿Por qué?

Si lo pagamos todos, decidimos todos. ¿No es este un elemental principio democrático? ¿No dice la sabiduría popular que quién paga manda? Pues hacerlo realidad es la primera de las medidas para hacer frente a la crisis. Si lo pagamos todos, decidimos todos. Si lo pagamos todo, decidimos sobre todo.

Y lo primero sobre lo que queremos decidir es sobre la distribución de las rentas en nuestro país. Que se produzca una redistribución. Que paguen más los que más han acumulado y ganado en todos estos años. Y que los sectores de la población más afectados por la crisis se beneficien de una redistribución que atienda sus necesidades más básicas y urgentes.

 

TESIS 2.- 10 categorías de impuestos y 10 escalas salariales. A lo largo de los 5 años de gestión del gobierno Zapatero, en España se ha producido el recorte salarial más brutal que hemos conocido en toda la historia de la democracia. Hasta el punto de que sólo en el año 2007 los salarios han perdido 34.036 millones de euros (cerca de 6 billones de las antiguas pesetas) que han ido a parar a las rentas del capital.

Por eso la primera medida de la redistribución de las rentas no puede ser otra que la de establecer una escala salarial del 1 al 10. Fijar, al igual que existe un salario mínimo, un salario máximo en una escala salarial del 1 al 10. Que nadie –incluidos pensionistas y parados– cobre menos de 1.000 euros mensuales. Pero que tampoco nadie gane más de 10.000 euros al mes. Estableciendo, al mismo tiempo, un sistema impositivo para las rentas del 0 al 9. De modo que las rentas que se perciben –aparte del salario– estén gravadas de forma progresiva según su volumen. Que el que más tenga más aporte, pero potenciando al mismo tiempo el ahorro de las economías familiares más modestas.

 

Mientras millones de parados y pensionistas cobran mensualmente menos de 600 euros, mientras casi un millón de familias tienen a  todos sus miembros en el paro, mientras 1,2 millones de parados no reciben prestación alguna los altos ejecutivos de las grandes empresas españolas llegan a cobrar un sueldo hasta 530 veces superior al salario medio español, salario medio al que no llegan ni el 50% de los trabajadores. ¿Por qué? ¿Es que su trabajo aporta de verdad 530 veces más valor que la de un trabajador medio? No se lo creen ni ellos.

Bien está, y es justo en las actuales condiciones sociales, que existan diferentes categorías salariales de acuerdo con la cualificación del trabajo que cada uno desempeña, el trabajo y los años de vida que ha dedicado a adquirir esa cualificación. Pero eso es una cosa, y otra bien distinta una escala salarial del 1 al 530. Donde la condición de que unos vivan con toda clase de lujos es que haya otros muchos por debajo cuyo salario apenas si les da para malvivir.

Si el Estado tiene legislada la cuantía del salario mínimo para evitar que ningún desaprensivo pague a sus trabajadores menos de lo que se necesita para subsistir físicamente, ¿por qué no ha de tener capacidad para limitar sueldos a todas luces injustos e inmorales?

¿No acaba de proponer el mismísimo Obama un salario máximo de medio millón de dólares anuales para los altos ejecutivos de los bancos que quieran acogerse al segundo plan de rescate bancario?

Pues apliquemos aquí también esta medida. Y no sólo con los banqueros.

Las grandes empresas españolas (de electricidad, de telefonía, de combustibles,...) disfrutan, en régimen de monopolio, de concesiones de bienes de titularidad pública, es decir, propiedad de todos los españoles, (territorio, caudales fluviales, espacio radioeléctrico,...) otorgadas por el Estado. Pues la condición para seguir disfrutando de esas concesiones es que ajusten sus retribuciones a esta escala salarial.

Los grandes monopolios –y esto lo estamos viendo ahora todos los días con las multinacionales del automóvil, pero no son ellas sólo– se benefician de miles de millones de subvenciones estatales en formas de ayudas a la instalación de nuevas líneas de producción, facilidades para la compra de los terrenos, construcción de las infraestructuras necesarias, expedientes de regulación de empleo por los que el Estado se hace cargo del 60% del sueldo de sus trabajadores mientras ellos no los necesitan, etc. Pues muy bien, pero que se ajusten a esta escala salarial: nadie por debajo de 1.000 euros mensuales, nadie por encima de 10.000 euros al mes.

¿Qué no están de acuerdo? No hay problema. Se les retiran los planes de rescate, las concesiones, las subvenciones y ayudas, los ERE’s,... Que lo devuelvan todo.

¡Pero es que eso es atentar contra las reglas de la economía de mercado!, objetarán algunos. De ninguna manera. Nosotros, efectivamente, estamos en contra del capitalismo, un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre. Pero ese es un largo camino para el que todavía quedan muchas largas décadas. Lo que proponemos, sencillamente, es una alternativa para hacer frente a la crisis de acuerdo con los intereses de la inmensa mayoría de la población, la misma a la que ustedes están haciendo pagar los costes de la crisis.

Una vez ideada esta propuesta hemos descubierto, para nuestra sorpresa, que es, a grandes rasgos, la escala salarial que se aplica en China, el capitalismo al que todo el mundo reconoce como el más dinámico del mundo en la actualidad y el que mejor está sabiendo aprovechar los retos planteados por la globalización. ¿No querían ustedes globalización? Pues aprendamos las cosas buenas de quienes están a la cabeza de la globalización.  

Una redistribución de los salarios a través de la fijación de esta categoría salarial del 1 al 10 no sólo es una cuestión de justicia. Es también una medida práctica fundamental para salir de la crisis. Pues si por un lado significa una rebaja muy sustancial para una minoría, significa al mismo tiempo una mejora también muy sustancial para una mayoría. Que los más de 11 millones de españoles –cerca de un 40% de la población si consideramos los núcleos familiares– que hoy en día tienen unos salarios (o pensiones, o subsidios) muy por debajo de los 1.000 euros, pasen a disfrutar de una elevación salarial que en muchos casos es de más del 200% de lo que actualmente cobran.

Con los efectos inmediatos que ello tendría sobre la revitalización de la demanda nacional y el incremento del consumo interno, base desde la cual gran parte del tejido productivo cobraría nuevo impulso y estaría en mejores condiciones de hacer frente a la crisis de los mercados internacionales, obtener la liquidez necesaria y frenar, como mínimo, la destrucción de empleo.

 

Distribución entre trabajo asalariado y capital

de la nueva riqueza creada (2000-2007)

 

2000

2004

2007

PIB (100% del NVA)

680.678

841.042

1.050.595

% Remun. asalariados

49,53%

47,68%

46,29%

% Plusvalía

50,47%

52,32%

53,71%

 

 

De la misma forma, establecer un sistema de imposición fiscal dividida en 10 tramos, del 0 al 9. Es decir, una escala impositiva que vaya desde el 0 al 90%, según el volumen de las rentas. Quien más rentas disfruta, que pague más. Quien más se ha llevado en todos estos años de crecimiento, que ahora devuelva más en forma de pago de impuestos.

Los beneficios acumulados por las empresas del IBEX 35 en los últimos 8 años suman una cantidad prácticamente idéntica (alrededor de 213.000 millones de euros, 35 billones y medio de las antiguas pesetas) a lo que el Estado va a tener que endeudarse en los próximos 3 años. ¿No es de justicia que quienes más se han llevado en estos años de crecimiento sean ahora los que lleven la carga principal de los gastos que su desenfrenada voracidad ha provocado?

Y para ello es necesario darle la vuelta a un sistema fiscal tan radicalmente injusto y éticamente reprobable como el que existe en la actualidad. Donde un pequeño empresario debe pagar un 30% de impuestos por sus modestos beneficios anuales, pero las grandes fortunas del país disponen de una legislación hecha a su medida, por la que tributan un 1% de los beneficios que obtienen por sus multimillonarias inversiones. Los Botín, las Koplowitz, los Entrecanales, los March, los Del Pino... No existe una sola gran fortuna española que en estos últimos años no haya invertido cantidades multimillonarias en sus propias SICAV’s, vehículos especiales de inversión cuyos beneficios tributan la ridícula cantidad de un 1% anual.

Y ello por no hablar de las medidas que habría que tomar con respecto a los negocios de las grandes empresas en los paraísos fiscales, donde según los registros oficiales, entre 1993 y 2007, se contabilizaron oficialmente inversiones por valor de más de 20.000 millones de euros por parte de las grandes fortunas españolas. Pero cuya cuantía real todos los expertos coinciden en que se debe multiplicar al menos por 7. Y cuya impunidad es tal que el segundo banco español, el BBVA, tiene la desfachatez de declarar que 211 millones de euros de sus 6.000 millones de beneficios de 2007 provienen de empresas de su propiedad radicadas en distintos paraísos fiscales de las islas del Canal de la Mancha y el Caribe.

Potenciar el ahorro de las economías modestas, gravar las grandes fortunas improductivas. Este es el segundo aspecto de la redistribución de las rentas. ¿Va esto en contra de la creación de riqueza como afirman algunos para justificar el actual sistema impositivo? En absoluto. En términos de valor, de contabilidad de la riqueza nacional, tanto da que una sola persona disponga de un gran patrimonio de 100 millones de euros que 10.000 personas posean una modesta inversión de 10.000 euros. El resultado, en términos monetarios, es el mismo para el país. En términos sociales, no es necesario explicar las ventajas de todo tipo que conlleva.

 

  

TESIS 3.- Una reducción de un 10% en los gastos del Estados, empezando por la supresión inmediata de todo el despilfarro en gastos innecesarios, superfluos y suntuosos. Que estos gastos se mantengan congelados durante los próximos 4 años, y que el ahorro se destine a ampliar los gastos sociales en servicios básicos y en inversión pública productiva.

Convertir la Cajas de Ahorro, que representan el 51% del sistema financiero español en un instrumento financiero público, dirigido por el gobierno central y controlado y supervisado por los impositores, sus verdaderos dueños. Que todos sus ingentes recursos se destinen a la creación de riqueza y empleo y no al ladrillo y a la megalomanía de las castas burocráticas regionales como ocurre en la actualidad.

Sobre la base de disponer de estos recursos, lanzar de forma inmediata un plan de choque contra el paro y de apoyo a las pymes, invirtiendo en la creación de un potente tejido productivo nacional y en el desarrollo de una I+D+I propia.

 

Una reducción del 10% de los gastos del Estado no significa reducir el sueldo de la inmensa mayoría  de funcionarios (a algunos de los cuales, incluso, habría que aumentarlo) o de recortar partidas destinadas a gastos sociales, servicios básicos o inversión pública, que todas ellas deben de ampliarse. Sino de eliminar gastos tan innecesarios como las “embajadas” catalanas que Carod Rovira se dedica a abrir en los barrios más lujosos y caros de París o Nueva York. O de que, como perspicazmente planteó un ciudadano a Zapatero en Tengo una pregunta para usted, los cargos públicos viajen, como la inmensa mayoría de los españoles, en coches de gama media de producción nacional. ¿No dice el ministro Sebastián que hay que consumir productos españoles? Pues que empiecen ellos mismos dando ejemplo utilizando para sus viajes oficiales un SEAT Ibiza o Córdoba en lugar de los lujosos y carísimos Audi en los que se desplazan.

Por no hablar de los miles y miles de “asesores” de que disfrutan los cargos públicos, desde el presidente del gobierno hasta alcaldes y concejales de cualquier pueblo, el derroche y el despilfarro autonómicos, televisiones generadoras de más y más pérdidas sin otro objetivo que el adoctrinamiento de la opinión pública, la duplicación de servicios y funcionarios entre las distintas administraciones,... La lista de capítulos en los que no es ya que pueda recortarse un 10&, sino que podría hacerse en un 40, un 50 o un 60% de los gastos, o que son directamente prescindibles en su totalidad sería interminable.

Y si nos referimos a la corrupción, el enchufismo, el nepotismo, el tráfico de influencias, los sobornos y mordidas,... para qué hablar, cuando hasta en el último pueblo de mala muerte todo el mundo sabe de la figura del “cuñao” del concejal. ¿Qué es lo que no ocurrirá entonces en las grandes ciudades o en la alta administración del Estado central y autonómico donde se mueven cantidades de dinero incomparables? Aplicar una legislación tan drástica como la aprobada recientemente contra pederastas, violadores y maltratadores a los corruptos –puesto que están robando el dinero de todos, comprometiendo con ello el bienestar presente y futuro de la mayoría de la sociedad– es una medida imprescindible para poner coto a esta auténtica sangría para las arcas públicas.

Hay quien dice que esta reducción en los gastos del Estado está bien como “ejemplo moralizante” para el resto de la sociedad, pero que no resolvería grandes cosas, que no deja de ser “el chocolate del loro”. Basta con echar unas pocas cuentas para advertir lo erróneo de tal afirmación.

Una reducción del 10% en los gastos del Estado, y dejando fuera de ella los gastos de ministerios como los de Igualdad, Vivienda, Sanidad, Ciencia, Trabajo y, por supuesto, la Seguridad Social,

significaría un ahorro anual de al menos 15.000 millones de euros, 2 billones y medio de las antiguas pesetas.

Lo suficiente para conceder durante 15 meses un subsidio de desempleo de 800 euros mensuales a los 1,2 millones de parados que en la actualidad no cobran nada.

O para pagar una prestación extra de 600 euros mensuales durante 22 meses a las 827.000 familias que tienen a todos sus miembros en el paro.

O para construir cada año 1.632 hospitales de tamaño medio, con 200 camas hospitalarias y capacidad para atender a miles de visitas y urgencias diarias.

O para cubrir durante 4 años un incremento de las pensiones no contributivas y de invalidez desde los 327 euros actuales hasta los 1.000 euros mensuales.

Pues será el “chocolate del loro”, pero millones de ciudadanos verían mejorar sensiblemente sus condiciones de vida con esta modesta reducción de gastos por parte del Estado que, con toda seguridad, podría ser aún mucho mayor a poco que fuéramos tan rigurosos con las cuentas públicas como lo es cualquier ama de casa para llevar la economía familiar. Las cuentas de la cocinera, matriz de este ciclo de escuelas, como se ve aparece allí donde fijemos nuestra atención.

Una reducción de gastos que implica, por tanto, una nueva fuente de ahorro nacional y que, junto a una nueva prioridad en la distribución de los gastos restantes, permita destinar esos recursos a atender más y mejor las necesidades de la colectividad.

A crear un Fondo Especial que durante el tiempo que dure la crisis permita que no haya un solo parado o una sola familia que se vea obligada a pasar necesidades y malvivir. A incrementar hasta los 1.000 euros las miserables pensiones de 400, 500 o 600 euros que cobran millones de nuestros mayores. A dedicar más recursos a servicios básicos como la sanidad o la educación, de los que depende vitalmente el presente y el futuro de la sociedad. A inversiones productivas en infraestructuras básicas que faciliten la modernización y la productividad del tejido industrial y comercial del país.

Transformar la Cajas de Ahorro, como entidades sociales sin ánimo de lucro que son, en un instrumento financiero público de tipo confederal, centralizado por el gobierno y controlado y supervisado por los impositores. Los dueños de los bancos son sus accionistas, y por tanto ellos deciden hacia donde destinan sus recursos. Pero en las cajas los verdaderos dueños son sus impositores. A ellos por tanto les corresponde decidir el destino de sus ahorros. Lo que permitiría conseguir dos objetivos cualitativos.

En primer lugar disponer de unos ingentes recursos –las cajas son el 51% del sistema financiero español en cuanto a volumen de depósitos que tienen, concentran en sus manos más de la mitad del ahorro nacional– que, puestos en una dirección completamente distinta a la que hasta ahora se ha seguido y controlados por los intereses de sus propietarios, los impositores, son potencialmente una gigantesca fuente de creación de riqueza y empleo.

Durante los últimos 15 años, las cajas han contribuido decisivamente al boom inmobiliario y la creación de las oligarquías regionales del ladrillo. Por ello, justamente, son las entidades financieras más atrapadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria, porque hacia allí es hacia dónde han dirigido el ahorro nacional. Ya está bien. En lugar de esto, lo que hay que hacer establecer un plan de conjunto para la economía nacional, decidiendo qué camino y qué modelo de desarrollo interesa al país para construir una economía competitiva en un mercado globalizado. Y dirigir hacia ellos los recursos financieros de las cajas. Favoreciendo la creación de un poderoso tejido productivo nacional, potenciando el desarrollo de una I+D+I propia de acuerdo a las necesidades que imponga ese nuevo modelo de desarrollo, abriendo la financiación a la pequeña y mediana empresa, base del tejido productivo nacional, fomentando la apertura de nuevos mercados exteriores en los que colocar las mercancías nacionales,...

Pero en segundo lugar, además, dotar de una dirección central de tipo confederal a las cajas y otorgar su control a los impositores es –junto al recorte en los gastos del Estado– quitar la base material, económica, desde la que han medrado en estas últimas décadas las burguesías burocráticas regionales, uno de los factores más importantes que lastran el desarrollo económico y la creación de riqueza con sus tendencias centrífugas de compartimentación del mercado nacional y la utilización de ingentes recursos públicos para crear “su propio Estado” confederado.   

 

   

ANEXO.

 

LA NUEVA DISTRIBUCIÓN DEL PODER ECONÓMICO MUNDIAL.

 

La principal diferencia entre la crisis del 29 y la actual es que mientras entonces las cinco principales potencias capitalistas concentraban en sus manos cerca del 80% de la riqueza mundial, en 2008, estos mismos cinco países, que siguen siendo las economías más desarrolladas del mundo, han visto como su porcentaje en la distribución del PIB mundial ha descendido en más de un 30%.

Esta nueva realidad del mundo de nuestros días constituye una anomalía de una de las leyes fundamentales que están en la base del modo de producción capitalista: la que hace inevitable el incremento, la acumulación y la concentración del capital. La razón de esta anomalía hay que buscarla en el hecho de que, a su vez, la ley de la concentración de los capitales está sobredeterminada e influenciada de forma decisiva por el desarrollo de la lucha de clases. El desarrollo concreto y particular de las cuatro contradicciones fundamentales que mueven al mundo en la época del imperialismo es lo que ha provocado este desarrollo anómalo.

La lucha anticolonialista, antiimperialista y antihegemonista, la lucha de los países, las naciones y los pueblos del mundo por la independencia, la emancipación y la revolución es el factor clave de la lucha de clases que está en la base de esta anomalía. No es posible entender el desarrollo del mundo en estas 8 décadas, su tendencia histórica fundamental ni la nueva redistribución de la riqueza mundial sin partir del papel decisivo que ha jugado la lucha de los pueblos por conquistar su independencia, cambiando radicalmente la fisonomía del mundo.

 

 La diferencia más cualitativa entre la crisis del 29 y la actual es la nueva, distinta y mayor distribución de la riqueza mundial. En 1929, las 5 grandes potencias imperialistas que dominaban el mundo poseían el 80% del PIB mundial. Hoy, esas misma potencias representan apenas un 50%, y además su tendencia es a seguir disminuyendo.

Es decir, en estos 80 años se ha producido una redistribución de la riqueza a escala global y no  una concentración progresiva de la riqueza mundial en manos de las potencias imperialistas dominantes. Justo lo contrario de lo que hasta ahora había ocurrido en la historia del capitalismo. Desde su nacimiento en la Inglaterra de finales del siglo XVIII hasta la II Guerra Mundial, la riqueza mundial había ido concentrándose de forma creciente en un pequeño puñado de potencias capitalistas. Hasta alcanzar en la década de los 30 una situación en la que las 4/5 partes de  la humanidad habían de conformarse con el 20% de la riqueza mundial. Las leyes que están en la base del modo de producción capitalista, la ley del incremento, acumulación y concentración crecientes del capital habían creado, en su desarrollo a lo largo de siglo y medio, esta división del mundo, este reparto de la riqueza mundial. Desde entonces, sin embargo, el mundo se mueve en una dirección distinta.

 

¿No es esta nueva realidad contradictoria con la ley establecida por el marxismo sobre la tendencia inevitable hacia la creciente concentración de capital?

La ley del creciente incremento, acumulación y concentración del capital es una ley objetiva y universal al modo de producción capitalista. Está en la naturaleza de sus relaciones de producción y es una consecuencia necesaria e inevitable de la competencia capitalista: la única manera que tienen los capitalistas de burlar a la competencia es incrementar la fuerza productiva del trabajo, revolucionar incesantemente los medios de producción, producir a una escala cada vez mayor. Lo cual obliga a incrementar, acumular y concentrar crecientemente el capital. Es una ley tan universal e inevitable que está en la base misma de la aparición de los monopolios y del imperialismo y lo podemos comprobar en cualquier formación social concreta que analicemos hoy en día (ya sea la norteamericana, la española o la coreana). Cada vez más, un pequeño puñado de empresas monopolistas, con un capital crecientemente concentrado, dominan de forma omnipotente la economía de los países. De haber actuado hoy esta ley de acuerdo a su tendencia, tendríamos que encontrarnos con un 85 o un 90% de la riqueza y del capital mundial concentrado en manos de esas 5 potencias. Pero lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario. ¿Por qué?

Porque, a su vez, la ley de la concentración de los capitales está sobredeterminada por el desarrollo de la lucha de clases. Porque, como el resto de leyes universales, se desarrolla en un proceso complejo de lucha de clases a escala internacional, donde se dan multitud de contradicciones, de las cuales la contradicción principal y el aspecto principal de esa contradicción determinan tanto la naturaleza, como el desarrollo del proceso y del resto de contradicciones.

Y es la dominancia que la contradicción principal y el aspecto principal ejercen sobre el conjunto del proceso el que hace que el desarrollo de las leyes universales no sea lineal ni unidireccional, sino contradictorio, complejo y, en ocasiones, anómalo. El desarrollo particular y complejo en un proceso histórico concreto de las cuatro contradicciones fundamentales que mueven al mundo en la época del imperialismo introducen estas variaciones en el desarrollo de las leyes universales.

No partir de esta posición es caer inevitablemente en el empirismo propio de la burguesía y el revisionismo de negar o abandonar el marxismo porque en apariencia sus leyes no se cumplen; o bien caer en un esquematismo que impide comprender la realidad al querer encajonarla en un modelo teórico.

 

¿Qué factor esencial ha sido capaz de producir en estos 80 años esta anomalía en el proceso de concentración del capital y la riqueza a escala global? La lucha anticolonialista, antiimperialista y antihegemonista, la lucha de los países, las naciones y los pueblos del mundo por la independencia, la emancipación y la revolución es el factor clave de la lucha de clases que está en la base de esta anomalía.

La lucha por la conquista de la independencia y la defensa de los intereses nacionales frente al imperialismo –ya sea una lucha dirigida por el proletariado o por una burguesía nacional– es la que ha hecho que emerjan nuevas masas productivas, que surjan, al lado de las grandes burguesías monopolistas y en lucha con ellas, nuevos centros de creación de riqueza ajenos al control y al dominio imperialista. En los avances y conquistas que la lucha antiimperialista de los pueblos ha conseguido en estos 80 años está la razón de esta nueva distribución de la riqueza mundial.

La Teoría de los Tres Mundos, al definir al Tercer Mundo como la principal fuerza revolucionaria a escala mundial, hace un balance histórico de los cambios ocurridos en este terreno en las últimas décadas. Posiblemente, en ningún otro lugar están mejor expresados estos cambios trascendentales en la correlación de fuerzas de clase a escala mundial.

“Los países y pueblos del tercer mundo constituyen la fuerza principal en la lucha común del mundo entero contra el hegemonismo de las dos superpotencias, la Unión Soviética y EEUU, y contra el imperialismo y el colonialismo (...)

¿En qué se fundamenta esta aseveración? Desde el término de la Segunda Guerra Mundial, los pueblos revolucionarios de Asia, África, América Latina, y otras regiones se han colocado en primera fila de la lucha antiimperialista y anticolonialista, han realizado de manera incesante luchas armadas revolucionarias y han conquistado una serie de grandes victorias que han cambiado la fisonomía del mundo de la posguerra, lo cual ha servido de inmenso estímulo y apoyo para el proletariado internacional y los pueblos de todos los países en su lucha revolucionaria antiimperialista.

El triunfo de la revolución china en 1949; el triunfo de la guerra coreana de resistencia a la agresión norteamericana y de defensa de la patria registrado en l953; la celebración de la conferencia Afro-asiática de Bandung en 1955; el triunfo del pueblo egipcio en la guerra del canal de Suez en 1956; la serie de victorias de los movimientos nacionales y democráticos de América Latina desde la guerra revolucionaria de Cuba que culminó en 1959 hasta la lucha por la democracia en Chile en los primeros años de la década de los 70; el triunfo de la guerra de liberación nacional de Argelia en 1962; las heroicas luchas que sacudieron al mundo, llevadas a cabo en los años 60 por los pueblos de muchos países de Asia y África para conquistar o salvaguardar la independencia; la restauración del legitimo puesto de China en las Naciones Unidas en 1971; la victoria de los pueblos de Vietnam, Camboya y Laos en sus guerras contra la agresión norteamericana y por la salvación nacional en 1975; el triunfo de las guerras independentistas de Guinea-Bissau y de Mozambique y el continuo desarrollo de la de otros países en la década del 70; los duros golpes asestados por Egipto, Sudán y otros países a las maquinaciones soviéticas de control y subversión; la victoria lograda por el pueblo zairense en 1977 en su guerra contra la invasión de mercenarios a sueldo de los soviéticos; la perseverancia de los países árabes y del pueblo palestino en sus guerras y luchas contra la agresión durante los últimos veintitantos años; y el continuo crecimiento de la resistencia de los pueblos africanos contra el racismo blanco, la persistente profundización del movimiento nacional y democrático de los pueblos del sudeste asiático y la consecución de la independencia por parte de más de 80 países de Asia, América Latina y otras regiones en los últimos treinta y tantos años: las victorias de todas estas muchas luchas han constituido una poderosa fuerza motriz de los cambios revolucionarios del mundo en la postguerra.

El sistema colonialista ha quedado desintegrado. El imperialismo norteamericano, que fue el primero en aparecer como superpotencia, ha sufrido reveses de significado histórico. Y el socialimperialismo soviético, la otra superpotencia surgida después está siguiendo el camino que condujo a EEUU al descalabro.

El tercer mundo ha llegado a ser la fuerza principal en la lucha mundial contra el imperialismo, el colonialismo y el hegemonismo, de modo que se ha creado una nueva situación sin paralelo en la historia de la humanidad. ¿Cómo se explica el surgimiento de esta nueva situación? En primer lugar, los casi 3.000 millones de esclavos, que constituyen la abrumadora mayoría de la población mundial, se han sacudido o se están sacudiendo las cadenas colonialistas, lo que representa un cambio histórico de importancia fundamental en la correlación de las fuerzas de clases en el mundo.

Desde que existe la opresión nacional, ha habido luchas de resistencia de las naciones oprimidas. Pero, durante un periodo muy largo del pasado estas luchas de resistencia se realizaron, en la abrumadora mayoría de los casos, en forma aislada y dispersa. La situación comenzó a experimentar grandes cambios después de la Revolución de Octubre: en no pocos países se fundaron partidos comunistas, se efectuaron luchas revolucionarias antiimperialistas a gran escala bajo la dirección del proletariado y con la alianza obrero-campesina como fuerza principal, se obtuvieron formidables victorias y se acumularon experiencias valiosas.

Sin embargo, a juzgar por la situación en su conjunto, aún no se había formado un movimiento mundial que vinculara estas luchas. La Segunda Guerra Mundial aceleró en grado sumo el proceso revolucionario de la historia. Hoy día, las naciones y países oprimidos y los países socialistas, que componen el tercer mundo, representan como antes, más del 70% de la población mundial, pero, a gran diferencia de la situación que viera Lenin en 1920, ellos se han sumado al torrente de la lucha revolucionaria del orbe como una fuerza antiimperialista de envergadura mundial y han superado en mucho los niveles del pasado tanto en la dimensión y profundidad de la lucha como en los frutos logrados y las experiencias acumuladas.” (Teoría de los Tres Mundos. 1977)

 

Esta oleada revolucionaria y antiimperialista constituye la tendencia histórica fundamental de nuestros días. Sin que a esta perspectiva estratégica, de largo alcance, afecte nada las cambiantes coyunturas o los momentos de mayor o menor reflujo en la lucha de los pueblos. Éstos avanzan, el imperialismo retrocede. Esta es la tendencia fundamental. Y sin ella no es posible explicar ni entender la “anómala” redistribución de la riqueza mundial producida desde 1929.

Desde la aparición del capitalismo como modo de producción dominante a escala mundial, la tendencia histórica del mundo fue la de concentrar el capital y las fuerzas productivas en manos de unas pocas potencias. Tras la Revolución de Octubre primero, y la oleada anticolonialista y antiimperialista que siguió a la II Guerra Mundial, este proceso de concentración a escala mundial llegó a su punto de inflexión abriendo paso a una tendencia histórica inversa: en los avances y conquistas que la lucha antiimperialista de los pueblos ha conseguido en estos últimos 80 años está la razón de esta nueva distribución de la riqueza mundial.

Frente al determinismo histórico al que en demasiadas ocasiones se ha querido encerrar al marxismo y que nos condena a ser sujetos arrastrados por la rueda de las leyes ciegas de la historia, la realidad de estos 80 años nos demuestra, por el contrario, que el proletariado y los pueblos no sólo podemos decidir sobre el curso de los acontecimientos, sino que nuestra lucha, la lucha por la defensa de los intereses nacionales frente al imperialismo, es capaz de cambiar el sistema general del mundo, invertir su tendencia histórica e incluso condicionar el desarrollo de las mismas leyes universales que lo rigen

 

Beneficios y distribución de la renta en España

 

Cualquier modo de organizar la producción de bienes y servicios lleva implícito una pauta de distribución de la renta determinada La necesidad de que aumenten los beneficios de las empresas para que a partir de ahí haya más inversión y más empleo ha sido uno de los grandes principios retóricos con los que se han querido justificar las políticas neoliberales de los últimos años.

Se afirma que de esta forma se aumenta primero la tarta, lo que sería imprescindible para que luego se pueda repartir mejor. Y en su virtud se han venido aplicando medidas orientadas a mejorar el beneficio empresarial basadas, principalmente, en la reducción de los impuestos, en el control salarial y, en general, en el establecimiento de unas condiciones de entorno que fueran lo más favorables posible para las empresas.

La idea de que primero se hace la tarta y luego se reparte es válida en cuestiones de cocina pero en términos económicos constituye una verdadera falacia puesto que en la actividad económica la producción y la distribución se dan al mismo tiempo. A medida que se produce algo se están ya distribuyendo (más justa o injustamente) las rentas que hay que satisfacer para poder producir, de modo que no es posible esperar para llevar a cabo la distribución. Con posterioridad a la producción/distribución de las rentas lo que en todo caso se puede hacer es re-distribuir los ingresos previamente generados, sobre todo, los que haya podido obtener el Estado.

Eso quiere decir que cualquier modo de organizar la producción de bienes y servicios lleva implícito una pauta de distribución de la renta determinada. Y esa pauta de distribución de la renta no viene impuesta por ninguna ley natural ni económica, sino por la preferencia social predominante que, a su vez, está condicionada o determinada por los equilibrios de poder que haya en la sociedad en un momento dado.

En los últimos decenios, las grandes empresas y grupos financieros han logrado acumular un poder extraordinario gracias al cual han conseguido que el incremento continuo del beneficio se conforme como la preferencia social dominante y a cuyo servicio se han puesto las políticas socioceconómicas.

Naturalmente esta preferencia de los grandes poderes económicos ha tenido y tiene sus límites, unas veces más infranqueables que en otras: la existencia de preferencias alternativas defendidas con más o menos fuerza por partidos políticos o por sindicatos, la competencia entre los grupos de poder, a veces paralizante, e incluso la propia estabilidad del sistema que en ocasiones obliga a ciertas concesiones o a la necesaria regulación de la demanda que impida que se hundan los mercados.

La coincidencia de factores muy diversos (agotamiento de la base tecnológica, poder sindical, crisis energética...) provocó que los beneficios empresariales estuvieran bajo mínimos en los años setenta y ochenta, generándose así una verdadera crisis del capitalismo que como es sabido se manifestó en los desequilibrios tan profundos vividos durante aquellos años.

El pulso social a que dio lugar esa situación se resolvió alterando el equilibrio de poderes entonces existente gracias, sobre todo, al desempleo generalizado que intencionadamente provocaron las políticas económicas adoptadas por los gobiernos. Gracias a ello fue posible abordar la reestructuración productiva y justificar las medidas de control salarial y de pérdida de derechos laborales que fueron haciendo posible la recuperación del beneficio.

Lentamente y con los sobresaltos propios del conflicto social siempre inevitable, esto último es lo que ha ido sucediendo prácticamente en todos los países del mundo y también en España, como muestran las Tablas 1 y 2.

En nuestro país, por ejemplo, el excedente empresarial representaba en 1980 el 40% del PIB de aquel año y alcanzó su nivel más elevado del 44% en 1985 y 1988, mientras que las remuneraciones salariales que representaban el 53% en 1980 eran del 47% y el 48% en estos últimos años.

El ajuste salarial más importante, y por tanto la mayor recuperación del beneficio, se produjo en España entre los años 85 y 88, aunque enseguida se volvió a producir una recuperación de la participación de los salarios en el conjunto de las rentas hasta finales de 1992 como muestra la Tabla I. Aunque no sólo como consecuencia del aumento del excedente, sino también de la mayor recaudación impositiva que iba pareja con la conformación del tardío Estado del Bienestar español.

Sin embargo, lo más destacable de la evolución del excedente empresarial en España durante los últimos años es que su magnitud y peso en el conjunto de las rentas ha aumentado de una forma extraordinaria en el último periodo, desde mediados de1998.

Se trata de un proceso que también se ha dado en el conjunto europeo y que ha llegado a ser calificado por el propio comisario de Economía de la UE, Joaquín Alumunia, como “insostenible”, pero que en nuestro país se produce de forma mucho más agudizada.

Decía Jorge Luis Borges que en la exageración es como mejor se percibe la naturaleza de los fenómenos y es precisamente la evolución de los beneficios en este último periodo lo que mejor permite comprobar la falta de fundamento de los principios que el neoliberalismo utiliza para justificar las políticas que se llevan a cabo.

Los beneficios han aumentado pero no es cierto, como se había argumentado, que eso haya repercutido en un incremento proporcionado de la inversión que haya aumentado el empleo sino que se ha traducido en un aumento de la inversión improductiva destinada a fortalecer la concentración empresarial, la deslocalización o en el desvío de los recursos a los flujos financieros o a la especulación inmobiliaria.

Las relaciones entre los beneficios y el empleo tampoco han sido como se quería aventurar. No es cierto que más beneficios traigan mejores condiciones laborales (que cuando se haya hecho grande la tarta se repartiera mejor) sino que, por el contrario, la pérdida de calidad del empleo y los bajos salarios, el empleo barato, ha sido lo que ha permitido aumentar el beneficio.

Entre 1999 y 2006 las empresas españolas han visto aumentar su beneficio neto en un 73%, más del doble que la media de la UE de los 15 (33,2%), de los 25 (35,4%) o de la zona euro (36,6%) y el dividendo repartido se ha incrementado en un 47%.  Sin embargo, no es casual, sino todo lo contrario, que los costes laborales hayan aumentado en ese mismo periodo un 3,7% en España, cinco veces menos que en la Unión Europa (18,2%), o que el 70% de los nuevos empleos generados hayan sido con un salario inferior al salario promedio.

Es especialmente significativo que las empresas españolas que más beneficios obtienen sean precisamente las que resultan generalmente menos ejemplares desde el punto de vista de sus políticas de empleo.

 

Sólo el Banco de Santander que de 1999 a 2006 ha acumulado unos beneficios de unos 26.000 millones de euros ha perdido casi 12.000 empleos en ese mismo periodo, según fuentes sindicales; Telefónica, que solo en 2006 destinó 3.500 millones de euros ha retribuir a sus accionistas, tiene previsto reducir su plantilla en 3.700 empleos en 2007, y datos parecidos se pueden proporcionar de las demás grandes empresas españolas que vienen multiplicando sus beneficios en los últimos años.

Es evidente que el sistema económico en el que estamos necesita del beneficio para acumular y sostenerse pero en los últimos decenios había recurrido al pacto de rentas y a cierto equilibrio distributivo para legitimar ese principio de partida. Cuando esos equilibrios no sólo no se dan sino que se tiende a incrementar las asimetrías hay que buscar la legitimación y el consenso por otras vías, normalmente a través de la sumisión y la manipulación de la realidad a través de los medios de conformación de las ideas y los valores. Por eso resulta tan evidente en nuestra época que el peligro de quitar cualquier tipo de bridas al beneficio desmesurado termina repercutiendo no sólo en el bienestar de los ciudadanos sino también y más peligrosamente en la calidad de la democracia.

ATTAC MADRID. 6-2-2009

 

Ford España cumple siete años en pérdidas tras absorber filiales europeas sobrevaloradas

    

 La reestructuración societaria y financiera que inició Ford Motor Company -la sociedad matriz de la firma automovilística estadounidense- a principios de esta década en Europa continúa teniendo efectos nefastos sobre la cuenta de explotación de su filial española.

Ford España, por séptimo ejercicio consecutivo, declara «números rojos» en el año 2006 al anotar unas pérdidas de 5,14 millones de euros —una cantidad un 97% inferior a la del año precedente (-226,4 millones)—, mientras que la cifra de negocio (facturación) asciende a 6.126,7 millones de euros, que supone una mejora del 6,97%, según constatan los datos facilitados al Registro Mercantil.

Las continuas pérdidas de la sociedad que gestiona la factoría de Almussafes se produce tras varios ejercicios de transferencias comerciales y financieras de Ford España, cuyas participadas (Volvo Car España, Groupe FMC France, Ford Spain Holdings, Land Rover España, Jaguar Hispania y Ford Italia SPA) aportan mayores ingresos a la mercantil con sede social en Madrid y que preside José Manuel Machado. Con todo, desde 2006 Ford Alemania canaliza las exportaciones que realiza la filial española, que produce los modelos Focus y Fiesta tras dejar de fabricar el Ka (se traslada a Polonia) y el Mazda2 (ya que el fabricante nipón ha deicidio no producir en Europa por los elevados costes).

El grupo estadounidense Ford cerró el pasado año con unas pérdidas de 9.770 millones de euros, lo que supone las pérdidas más elevados de su historia. En cambio, la filial europea mejoró notablemente sus resultados en 2006, al concluir el ejercicio con un beneficio de 360 millones de euros, multiplicando por más de seis las ganancias del año anterior. Sea como fuera, la crítica situación de la firma del óvalo en Estados Unidos le ha llevado a poner en marcha un plan de reestructuración en Norteamérica, conocido como «Way Forward», que contempla la supresión de 44.000 puestos den trabajo y el cierre de 16 instalaciones.

El objetivo no es otro que recuperar la rentabilidad en el continente americano.

 

Valora las firmas de Francia e Italia en 990 millones pero la auditoría las reduce a 364

PricewaterhouseCoopers detecta una importante salvedad en los balances y cuentas de pérdidas y ganancias de Ford España. Según la auditora, la filial española adquirió a Ford Motor Co. las participaciones financieras en Groupe FMC France y Ford Italia SPA por un precio de 990 millones de euros, basado en la valoración efectuada por un «experto independiente ». Esta abultada cantidad, según la mencionada firma auditora, «excede del importe por el que los mencionados activos netos [Ford Francia e Italia] se encontraban registrados en las cuentas consolidadas del grupo, una vez homogeneizados a principios contables generalmente aceptados en España, en 364 millones». La información referida es la del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas relativa a las

transacciones entre empresas de la misma corporación.

LEVANTE-EMV. 3-11-2007

 

Pleno empleo, mínimo salario, crítico bienestar

 

Los datos del último informe del Consejo de Trabajo Económico y Social de Cataluña (Ctescat) (www.ctescat.net) indican que la población autóctona está al borde de lo que se llama "pleno empleo técnico", con un índice de paro cercano al 6%, a pesar de un fuerte aumento de la población activa, especialmente mujeres. No indica el informe, ni era esa su intención, cuál es el porcentaje de la población activa en Cataluña que percibe sólo el llamado salario mínimo interprofesional (SMI). Lo que sí se sabe es que la cuantía de ese salario mínimo en España está muy lejos de la de una gran parte de los países de la UE y de otros países desarrollados como Canadá, EE UU o Australia. Concretamente, el salario mínimo español está ahora situado en 570 euros al mes (unos 20 euros al día, unos 8.000 al año), mientras que en Holanda y Francia supera los 1.200 euros al mes, Gran Bretaña y Bélgica pasan de 1.100, y en Irlanda (el país que está sólo un eslabón por encima de España en la clasificación de la Europa de los Quince) y en EE UU se superan los 1.000 euros mensuales. Sólo Portugal y Grecia acompañan a España en esa rezagada posición, aunque queda el consuelo de saber que estamos un poco mejor que en Polonia y Hungría, y mucho mejor que en Rusia, donde el salario mínimo apenas supera el medio euro por hora.

 

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero lleva una notable racha de promesas suculentas, relacionadas casi siempre con 2010 o más allá. De acuerdo con sus previsiones, alcanzaremos a Alemania en renta per cápita, tendremos los aeropuertos más grandes del continente y muchas más cosas extraordinarias. No caeremos en la tentación de hablar de las estadísticas y de sus falacias. Pero no podemos menos que recordar que entre el señor Francisco González, presidente del BBVA, con un sueldo declarado cercano a 10 millones de euros anuales (a los que cabría añadir incentivos plurianuales), y los 40 euros diarios de los paquistaníes contratados por la empresa Saman Memona -a su vez subcontratada por Sacyr-Vallehermoso- que murieron hace unos días en las obras de la promoción Mediterráneo Residencial de Bac de Roda, de Barcelona, hay cierta distancia. ¿Comentario demagógico? Cierto. Pero es un comentario que, trazo grueso aparte, sirve para recordar que la renta de un país no indica ni cómo se reparte, ni quién se queda con la crema del sistema, ni quién lava los platos sucios del mismo.

 

El salario mínimo, como su nombre indica, fija el techo de lo considerado razonable para vivir a cuenta de un trabajo. El PSOE prometió al acceder al gobierno en 2004, que la cuantía de ese salario debería ser de 600 euros a final de legislatura. Esa cuantía se fija a partir del incremento de los precios (IPC), la productividad media nacional, el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional y la coyuntura económica general. Si presumimos de octava potencia mundial, no se entiende que mantengamos uno de los salarios mínimos más bajos de la UE, a no ser que entendamos que es esa precisamente la base esencial de nuestro crecimiento: sol, ladrillo y sueldos de supervivencia. Lo cierto es que las cosas no han ido bien en los últimos años. Si en 1981 el salario mínimo representaba el 45,6% del salario medio, en los momentos actuales apenas alcanza el 35%. Y seguimos estando muy lejos de lo que fija la Carta Social de Derechos de la Unión Europea, que establece que el SMI deberá equivaler al 60% del salario medio neto de cada Estado europeo. En estos momentos España tiene su SMI en el 47% de ese promedio europeo.

 

Además, conviene recordar lo que figura en el informe del Ctescat mencionado y que aparece siempre en la Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística; es decir, que entre las personas que reciben el SMI en España (más de cuatro millones según algunas cifras), las personas peor pagadas y que sufren más el desempleo son las mujeres, los jóvenes y, sobre todo, los inmigrantes. En Cataluña, el paro declarado de los inmigrantes es el doble que el de los autóctonos. El salario de las mujeres está cerca del 20% por debajo del de los hombres, y casi siempre los contratos temporales (ampliamente mayoritarios entre los jóvenes) están peor pagados que los indefinidos (...)

 

Joan Subirats

 (catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona)

EL PAÍS. 22-2-2007

 

El milagro económico español no llega a los asalariados

Isabel Ordóñez

 

Aumentan las desigualdades: las empresas ganan más, pero los sueldos se estancan.

 

El tan aireado milagro económico español de los últimos años no se redistribuye equitativamente, a pesar de contar con un Gobierno socialista. Mientras las empresas ganan cada vez más, los sueldos se estancan o tienden a la baja, sobre todo los de los más desfavorecidos.

 

Se da la paradoja de que, según datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el pasado día 12, los salarios ganaron en 2006 poder adquisitivo. El INE se refiere a los sueldos de los trabajadores protegidos por convenio, que aumentaron un 3,2 por ciento de media y, sumando las cláusulas de revisión salarial, se situaron en torno al 3,5 por ciento.

 

En buena medida, este incremento del poder de compra se debió al control de los precios en la última parte del ejercicio, como consecuencia del descenso en el precio del petróleo; y es un elemento clave en el consumo interno, uno de los principales motores del crecimiento económico español.

 

Cabe resaltar que los precios aumentaron en 2006 el 2,7 por ciento –por debajo del 3 por ciento previsto-, la mejor tasa interanual de un mes de diciembre desde 2003. Así, el poder adquisitivo creció un 0,8 por ciento.

 

Sin embargo, lo que en principio se puede considerar como una buena noticia queda contrastado por otros datos procedentes de diferentes fuentes.

 

Por una parte, el Indicador IESE-Adecco confirma que los sueldos están perdiendo poder adquisitivo en términos reales. Es decir, “el salario promedio real (descontada la inflación) experimentó su octavo descenso interanual consecutivo”, apunta el Indicativo.

 

La caída del 0,7 por ciento sitúa el valor real del salario medio “en el mismo nivel que tuvo en 1997”, lo que significa que “en los últimos nueve años los españoles no han disfrutado de una mejora global en el poder de compra de sus remuneraciones”, continúa el informe.

 

Los datos de estancamiento salarial son confirmados por la medición de los costes horarios realizados por el Eurostat. Los de la industria, que no son de los peores sectores, bajaron en España entre 1996 y 2003 de 14,43 a 14,21 euros por hora, todo un récord en Europa.

 

Los expertos vienen a coincidir en que, con crecimientos del PIB español superiores al 3,5 por ciento, los incrementos salariales deberían de ser mayores; aunque buena parte de esos crecimientos se repartan ahora entre mucha más gente por el flujo migratorio.

 

Por otra parte, los datos del INE confirman una asombrosa rebaja del peso de los salarios en el PIB español. Según este instituto, mientras que la Remuneración de los Asalariados bajaba entre 2000 y 2005 del 49,5 por ciento al 47 por ciento del PIB, el Excedente Empresarial, o sea los beneficios de las empresas, crecía del 40,5 por ciento al 42,1 por ciento.

 

La rebaja de la participación de los salarios en el PIB se produjo a pesar de que en España se han creado seis o siete millones de nuevos puestos de trabajo en los últimos siete u ocho años.

 

¿Cómo se explica, pues, el contraste entre el hecho de que el poder adquisitivo haya crecido en 2006 un 0,8 por ciento según el INE y los datos facilitados por el Indicador IESE-Adecco o los que hacen referencia al peso de los salarios en el PIB?

 

En principio, hay que destacar que cuando se habla de salarios medios nos estamos refiriendo a un artificio estadístico, al dividir la suma de todos los salarios entre el número total de trabajadores.

 

Además, el crecimiento salarial no beneficia a todos por igual. Mientras los salarios que crecen de forma vertiginosa son los de alto nivel ejecutivo, los sueldos que pertenecen a contratos fijos dentro de convenio, especialmente en la industria, crecen de forma moderada.

 

Sin embargo, los más perjudicados, los que incluso decrecen, son aquellos salarios que afectan a trabajadores con contratos que no son fijos, que no están en convenio. Son contratos del sector de la hostelería, del turismo, de los servicios, del comercio minorista, de la agricultura o intensivos en obras, entre otros ejemplos.

 

De esta manera, la distribución de la renta tiende a ser cada vez más desigual en España, como ya informábamos este lunes: Somos más ricos, pero cada vez hay más pobres

 

Otros indicadores ponen también de manifiesto las grandes desigualdades que se están produciendo en España.

 

Según el INE, el PIB nominal, esto es sin descontar la inflación, está creciendo a tasas del 7,8 y 7,9 por ciento en los últimos cinco trimestres. Al mismo tiempo, el Excedente de Explotación de las empresas, o sea el beneficio, lo está haciendo entre el 8 y el 10 por ciento. Por el contrario, la remuneración de los salarios viene creciendo sólo entre el 6 y 6,6 por ciento.

Forum Libertas (Diario digital)