Tomás Eloy Martínez y un comentario sobre la Argentina

(2006)

 
 

Acaba de recibir el V Premio Alfaguara en Madrid. Una entrevista de Enric González en “El País” va derivando hacia la Argentina, como que la novela “El vuelo de la reina”, ‘una metáfora sobre el deseo y el poder’, merecedora del premio, la tiene como telón de fondo.

P. Tras el juego de espejos e identidades aparece Argentina. Y el retrato es desolador [...] ¿Es la mitomanía una característica esencial del problema argentino?

R. No tanto la mitomanía como el delirio de grandeza [...] (en) la clase gobernante, por ejemplo con su seguridad de que el FMI siempre ayudará a Argentina.”¿Cómo no nos van a tender la mano? Somos argentinos, somos importantes...” La atroz revelación se produce cuando llega la caída de Argentina y no le interesa a nadie.

P. Lo peculiar de esa crisis es que resulta devastadora para los argentinos, pero apenas tiene repercusión internacional.

R. Cuando escribo artículos en los diarios argentinos, en los que cuento cómo realmente se ve el problema desde afuera mucha gente se incomoda conmigo [...] trato de contar lo que se ve y la escasa importancia que el país tiene afuera. La gente supone que a un país importante como la Argentina [...] no van a dejarlo caer. La respuesta es que los países no se caen ni desparecen: mueren. [...] La caída del peso argentino no produjo la reverberación del efecto tequila o el problema con el Real en Brasil o el Rublo en Rusia. No produjo efecto. Esto ha dejado a los argentinos estupefactos.

P. ¿La corrupción es parte sustancial de las estructuras argentinas o es un fenómeno adicional?

R. La corrupción es un fenómeno adicional que se agravó muchísimo con la dictadura militar. Fue la dictadura más corrupta de toda América. Fíjese en las dictaduras brasileña, uruguaya, chilena: todos eran asesinos, pero sólo los argentinos eran, además, ladrones.[...] En Argentina [...] tuvimos gobernantes idiotas. Cuando recobramos la democracia nos falló un político talentoso en el cual todos confiábamos, Raul Alfonsín. Luego un presidente al cual la corrupción le sale por las orejas, Carlos Menem. Y un presidente inepto, abúlico, completamente ineficaz como fue Fernando de la Rúa.

P. ¿Y por qué esa incapacidad de regenerarse después de la dictadura?
 
R. No hubo un consenso nacional sobre lo que había que hacer. [...]

P. Acaso parte del problema sea la herencia peronista.

R. El peronismo ha terminado por impregnar Argentina de una dosis de autoritarismo muy fuerte, de populismo y demagogia y de corporativismo propicio a la corrupción. [...] Se trata de un fenómeno que ha hecho daño al país y ha engendrado una educación autoritaria de la cual no logramos salir. [...] En 1930 Perón imaginó el país como un cuartel [...] (hasta) que Menem instala la frivolidad como forma de gobierno [...] admitió una Ferrari de regalo y se lanzó a 200 por hora en una ruta mortal; mandó comprar un avión presidencial con peluquería incorporada...