Julio Cortázar, un itinerario
por Pablo Trevisi

 
 

El aniversario de la muerte del escritor Julio Cortázar cumple hoy la mayoría de edad. Dieciocho años pasaron desde aquella fecha en la que murió en Paris, víctima de una gastritis aguda y de una leucemia que se le descubrió al final de su vida. Meses antes había regresado a su tierra tras años de exilio y entusiasmado por la recuperación de la democracia, pero el desplante que le hiciera el entonces presidente Raúl Alfonsín al negarse a recibirlo marcó de angustia sus últimos días en la Argentina.

Gran parte de su vida transcurrió en la capital francesa, ciudad que llegó a conocer como la palma de su mano y en la que cultivó una férrea amistad con otros escritores como Eduardo Galeano, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Gabriel García Márquez y Roberto Fernández Retamar. Sin embargo, la estrecha relación que mantuvo con el cantante, compositor y guitarrista Juan “Tata” Cedrón resultó irremplazable para él. Su literatura se caracterizó por el ingenio con el que exploró territorios desconocidos y descubrió nuevos mundos, sin dejarse seducir por los caminos ya transitados, lo que provocó una verdadera revolución en la letras hispanoamericanas. Si bien muchos aspectos de su obra han podido explicarse a partir de su percepción del mundo, cual prolongación en los libros de su propia persona, ninguno ha parecido ajustarse más a la verdad que lo que él definió como “la constante lúdica”. Así es: la personalidad lúdica del autor de “Rayuela” se ha reflejado en su literatura y, en gran medida, ha sido esa constante que atravesó toda su obra la que conmocionó el ambiente literario.“Para mi, una literatura sin elementos lúdicos era una literatura aburrida, la literatura que no leo, la literatura pesada, el realismo socialista -explicaba. Lo que me vale a veces enfrentamientos cordiales, pero también enfrentamientos bastante fuertes con compañeros revolucionarios. El ‘Libro de Manuel’ fue uno de esos ejemplos. Desgraciadamente las revoluciones parecen llevar una tendencia a la estratificación (...) En sus formas iniciales esas revoluciones adoptaron formas dinámicas, formas lúdicas. Después de esa primera etapa, las revoluciones se institucionalizan. Yo trato de luchar contra eso; ese es mi compromiso con respecto a las revoluciones”.En 1938, publicó su primer libro bajo el seudónimo de Julio Denis: “Presencia”, un volumen de poemas. Años más tarde, editó el poema dramático “Los Reyes”, libro con el que, según dijo, en busca de su propio estilo abandonó un lenguaje “estetizante” que lo había “ahogado en terciopelo y pluscuamperfectos”.Más de una década después, en 1951, llegó su primer libro de cuentos: “Bestiario” - considerado por la crítica como uno de los mejores y más importantes de toda su obra -, donde Cortázar incluyó “Casa tomada”, un relato que obtiene un merecido éxito y que es publicado con anterioridad en la revista “Los anales de Buenos Aires”, dirigida por Jorge Luís Borges.

A mediados del ‘50 aparecieron otros libros suyos que alcanzaron rápidamente el éxito y el reconocimiento de sus pares: “Final del Juego”, “Las armas secretas”, “Los premios”, “Historia de cronopios y de famas”,“Rayuela”, “62 modelo para armar” y “Libro de Manuel”.Salieron a la luz también “Todos los fuegos el fuego”, “La vuelta al día en 80 mundos“, “Octaedro”, “Un tal Lucas”, “Queremos tanto a Glenda”, “Deshoras” y, su último libro, “Los autonautas de la cosmopista”, que nació de una experiencia compartida con su tercera esposa, Carol Dunlop, pero que terminó escribiendo solo, tras su muerte, en Paris. Cortazar había abandonado la Argentina en pleno auge del movimiento popular que lideraba Juan Perón y a raíz del protagonismo que comenzaba a tener la clase obrera en la vida política del país. “Los choques, las fricciones, la sensación de violación que padecíamos cotidianamente frente a ese desborde popular, nuestra condición de jóvenes burgueses que leíamos en varios idiomas, nos impidió entender ese fenómeno -confesó, años más tarde. Nos molestaban mucho los altoparlantes en las esquinas gritando ‘Perón, Perón, qué grande sos’ porque se intercalaba con el último concierto de Alban Berg que estábamos escuchando. Eso produjo en nosotros una equivocación suicida y muchos nos mandamos a mudar”.El compromiso político de Cortazar nació a partir de una visita que realizó a Cuba para participar como jurado del premio “Casa de las Américas”, en los albores de la revolución. Su posterior apoyo a Fidel Castro, sin embargo, tuvo su precio: lo distanció de otros escritores que condenaron al líder cubano por el endurecimiento de su gobierno frente a intelectuales locales que se atrevían a criticarlo. Su participación en la pelea por la liberación de Hispanoamérica apareció en Cuba y se extendió por todo el continente. Su asistencia a la asunción del presidente chileno Salvador Allende y su apoyo a la lucha sandinista en Nicaragua con denuncias internacionales sobre la represión del clan Somoza reflejaron ese compromiso.

“La revolución cubana modificó mi visión de la realidad latinoamericana. Yo era un hombre muy indiferente a la historia, tanto de Latinoamérica como del resto del mundo. Me interesaba la estética y la literatura por encima de todo (...). Pero luego viene para mi la revolución cubana: de golpe comprendo que hay un destino latinoamericano en juego, y que un escritor o cualquier hombre libre, honesto, tiene un papel que desempeñar en ese destino. Ya no es posible refugiarse en la torre de marfil de la literatura pura, el cine puro, la pintura pura. Hay que estar ligado de alguna manera la destino de nuestros pueblos”, afirmaba.

La prensa de todo el mundo inició en noviembre del ’68 una campaña de desprestigio contra el gobierno de Castro, a raíz de la detención del poeta cubano Heberto Padilla por sus expresiones contrarias a la revolución. Cortázar se carteó, en consecuencia, con sus amigos de la isla para que le informaran sobre lo que se dio en llamar “el caso Padilla” y poder aclarar, así, su postura frente a este hecho.

“¿Tú te das cuenta de lo que significa vivir en París -preguntó en una de esas cartas- y verse asediado por todos los que se interesan de veras por el proceso cubano, y que quieren una explicación coherente de lo que pasa en el mismo momento en que un diario como Le Monde publica un texto de un cubano que afirma que Padilla ha sido torturado?”.

Cortázar padeció toda su vida problemas de salud y un irreversible temor a las enfermedades. Los rumores en torno de estas cuestiones se suscitaron durante un período en el que se estaba sometiendo a un tratamiento hormonal por consejo de médicos franceses, a partir de cual su aspecto físico cambió sustancialmente, ya que por entonces dejó de ser el Cortazar lampiño de siempre para pasar a convertirse en el hombre barbudo de los últimos años.

Ya cerca del ocaso de su vida, el escritor fue internado en el Hospital Saint Lazare, a pocos metros de su departamento, en París. Amante del jazz y apasionado por el boxeo, Cortazar murió allí, sin que nunca tuviera hijos, viudo de su tercera esposa y en compañía de su primera mujer, un día como hoy, 12 de febrero, hace 18 años.