Bicentenario: imperio y liberación continental

 
 

3/3/10, Raùl Isman

Febrero de 2010

El bicentenario que se aproxima- como todo proceso de la historia- implica y amplifica diversas resonancias y significados ciertamente muy diferentes y aún opuestos entre si. Para los destacamentos más derechistas y conservadores del continente será ocasión de rememorar la revolución vacía con que nos atormentaron en acartonados fastos escolares o viejas revistas y manuales del alumno utilizados en las diversas instancias del sistema educativo. Desprovisto de resonancias presentes, “su” bicentenario es una renovación del pacto de pleitesía hacia el imperio. Es que gran parte de las clases dominantes americanas concibieron la independencia nada más que como un cambio de amo. Por el contrario, para los pueblos es una reactualización de muchas gestas, que no hacen más que renovar la continua lucha de las masas explotadas, oprimidas y marginadas en un continente irredento por más de cinco centurias.
En ámbitos académicos se perciben tensiones derivadas del hecho que no pocos de sus cuadros colocan su saber al servicio de la causa emancipatoria. Destacan así que las grandes revoluciones que se dan en nuestra América ocupan un lugar central en el ciclo de las grandes revoluciones (burguesas) arrancado en el último tercio del siglo XVIII. Colocan en primer plano el abnegado papel de las masas populares en las luchas de muchos de las diversas sociedades. No puede olvidarse que el país (Haití), en el cual comenzó la revolución Americana, al mismo tiempo avanzó a la independencia y rompió las cadenas de la esclavitud. Por lo mismo fue sometido al empobrecimiento ancestral, a dictaduras genocidas y a invasiones no menos sanguinarias. La última desencadenada hace pocos días, so pretexto de un terremoto. Por el contrario, los universitarios más ligados a las vertientes de derechas nos muestran un proceso independentista realizado por elites que no transformaron casi nada en sus sociedades y además en un marco de consenso con el nuevo amo imperial. Reivindican a un Bolívar de cartón, pero olvidando adrede las proféticas advertencias que hiciera el libertador sobre el nefasto papel que cumplirían los Estados Unidos. En las voces historiográficas de la reacción, la liberación nacional carece de todo vínculo con la emancipación social. Pero no por nada, Bolívar concedió la libertad a todos sus esclavos. En semejante acto manifestaba de modo práctico, que nuestra liberación nacional es inseparable de una profunda transformación social.
Así como en el campo académico, en la política actual se dirimen enfrentamientos similares a los de hace dos centurias. En tal cometido se registran avances y retrocesos. Los logros del pueblo boliviano y el uruguayo se han visto opacados por el formidable retroceso experimentado en Chile. Nada menos que la barbarie pinochetista resultó triunfadora y por lo tanto, legitimada. Interesa destacar en este punto que hay errores inevitables. Pero cuando las fallas pueden ser esquivadas resultan un modo inconcebible e imperdonable de pavimentarle el sendero al imperio. En la Concertación no mostraron interés en contener a un novel candidato y este, con su prédica, resultó completamente funcional a las necesidades de la derecha. Las fuerzas de izquierdas y progresistas chilenas podrán comprobar que la reacción- cuando clava sus garras en un estado- recurre al fraude sistemático o al ulterior golpe de estado para no abandonar posiciones. Méjico u Honduras son los ejemplos más claros.
Las derechas se visten de corderos durante la campaña, prometiendo un cambio y afirmando que derechas e izquierdas constituye un clivaje arcaico y superado. Por cierto que omiten decir en que consiste la mentada transformación. No pasa mucho tiempo hasta que se quitan el disfraz. Es decir se travisten de lo que realmente son: Piñera aún no asumió y ya esta intentando entregar el cobre al sacrosanto capital privado. Macri en Buenos Aires patotea y apalea a los pobres y arma su policía con sofisticados instrumentos de tortura. Nada de lo dicho se hallaba en las plataformas de campaña y demuestra otra vez, muy a fuego, que izquierdas y derechas son algo más que lateralidades.
Honrar al bicentenario significa no seguir cediendo terreno. Un ex presidente argentino dijo que resultaría imperdonable permitir la restauración conservadora, que sin dudas será recuperación imperialista. Los tiempos son trágicos en razón que los E.E.U.U. desean- como los Borbones Ibéricos en el siglo XVIII y cierta parte del XIX- reformatear nuestras sociedades profundizando su dominación. Podrán cercar a la Venezuela bolivariana. Pero no deben derrotarla, como no pudieron con Cuba. Y si bien es inevitable cometer errores, los que pavimentan el camino al imperialismo y pueden ser evitados resultan infantiles, criminales e imperdonables.

Comentario de Carlos A. Trevisi (FEMT)

Europa, más concretamente España, a la que tendría que interesarle en beneficio propio, no sabe de Iberoamérica. Ese "descuido", por ponerlo de alguna manera, deriva de la falta de criterio geopolítico y geoestratégico de sus dirigencias políticas. A España no puede dejar de interesarle un subcontinente con el que podría hermanarse con vistas al último tercio  del siglo XXI -acaso antes- en cumplimiento de los afanes de Simón Bolívar que hace 200 años habló con toda claridad de lo que significaría  para el futuro una estrategia conjunta.

España sigue sin ver. Desprecia a los evos y a los chávez sin darse cuenta que los pueblos americanos, hundidos en la pobreza, no entienden de acorbatados políticos que los desprecian. España no sabe de la ruina en que los sucesivos imperios sumieron a Iberoamérica.

El vaciamiento al que la sometió España y los sucesivos otros de Inglaterra y EE.UU, pese a todo, no ha podido terminar con sus gentes. Sigue imperando en ellos el afán de crecimiento en ejercicio de su propia libertad que las circunstancias han coartado.

España -tampoco Europa- sabe ni le interesan los estragos del poder económico que se apoderó  de sus materias primas -lanas, cueros, petróleo, proteínas- y que destruyó sus estados-naciones en ejecución de políticas trazadas desde la Trilateral a través de conspicuos funcionarios -Kissinger, Gardner, Brszinsky que promovieron golpes de estado en beneficio del  poder económico transnacionalizado (década del setenta), que para entonces tenía el control absoluto de la  energía en todo el mundo.

Acaso los evos y los chávez no lleguen a nada. Sería de esperar, sin embargo, que España se de cuenta de una vez por todas que Hispanoamérica también existe, que tiene identidad propia y que tarde o temprano, cuando la vieja Europa deje de pasearse por la senda  del desprecio, reconozca que la fuerza de América será nuevamente el nutriente que en más de una ocasión autorizó  su supervivencia.