Geopolítica

por Carlos Á. Trevisi

 

 

Poco podemos aportar que no se sepa ya de la privilegiada  geografía de la Argentina. Todos hablamos de sus riquezas -"un país tan rico", se escucha decir como un lamento ante los problemas que lo acosan y su incapacidad para salir adelante. Hay algo, sin embargo, de lo que no se habla: la ventaja que tiene por encima de cualquier otro país por su proximidad con la Antártida, un inmenso continente helado que esconde las más variadas riquezas. Acaso se hayan acallado estas circunstancias porque no ha llegado el momento de explotarlas. Proteínas, minerales, petróleo y agua, reservas éstas que habrán de servir las necesidades de la humanidad en apenas 40 o 50 años.

La existencia de una poderosa ciudad europea, Buenos Aires, en los confines de Latinoamérica no es una simple casualidad. Tampoco lo es una Patagonia despoblada, ni un eje geopolítico-estratégico Chile-Brasil que actuó contra la Argentina con motivo de la Guerra de Las Malvinas; ni el desesperado afán del país allende la cordillera por reclamar la Patagonia como propia; ni una oligarquía articulada con los intereses económicos y financieros del mundo; ni sus golpes militares; ni su decadencia, pese a sus recursos.

Todo indica que la Argentina -o los que sabrán aprovecharse de ella- está a la espera de que llegue el momento de ocupar sus espacios vacíos desde donde pegar el salto a una declamada Antártida que poco tiene de Argentina más allá de un título que sólo se reconoce en las escuelas. Buenos Aires será entonces la gran ciudad donde se instalarán los poderosos y sus agentes para operar sobre el territorio blanco; la Patagonia se poblará con  gente proveniente de todas partes del mundo para ganarse un pan que no logra ganar en sus propios países; las Fuerzas Armadas serán custodias de otros intereses ajenos a la Argentina y, a la cola, estarán los argentinitos muertos de hambre rogando por un mendrugo de pan. Vaya uno a saber que pasará con el resto del interior del país. ¿Qué será de las provincia cordilleranas o  de las Mesopotámicas?

Si la Argentina no se pone en marcha pasará a ser apenas un territorio ocupado por intereses que no se corresponderán con las necesidades de sus gentes. Y ponerse en marcha  significa coincidir en una puesta en común que termine con una partidocracia paralizadora; asumir un cambio en sus gentes -las que habitan su territorio, desgastadas por la pobreza y la incertidumbre,  y los que vemos  su desgaste desde fuera con la perspectiva que ofrecen las más variadas vertientes de crecimiento de los países que han logrado salir adelante gracias a la capacidad de una  dirigencia eficiente que no se ha instalado en las ideologías sino en la realidad de un mundo cambiante.

La Argentina tiene que acercarse a España. España la necesita tanto como la Argentina a ella. La Argentina porque se acercaría a un país con el que tiene en común algo más que su lengua, y España porque  no se puede perder ser el eje  de una mancomunidad de naciones hispanohablantes como jamás se ha dado en ninguna parte del mundo con ninguna otra nación.  Muy pocos se han dado cuenta de esto. Creo firmemente que hay que repensar en Simón Bolívar. Será muy difícil , pero valdría la pena intentarlo.

En Madrid, 2009