El ambiente

 

 

El puente bajo el agua y otras historias, Por: Oscar Taffetani (APE)

 

[…] Ese puente sobre el río Areco, afluente del Paraná, fue inaugurado el 28 de diciembre de 1857, hace exactamente 152 años. Al constructor le hicieron firmar una garantía de que iba a durar “al menos cuarenta años”. Pero duró cuatro veces más. Ya nadie recuerda al constructor, pero el sereno y firme Puente Viejo -por lo menos, hasta la semana pasada- era una inevitable referencia turística y cultural de Areco. Los paseantes acariciaban con sus dedos los ladrillones de barro cocido, asentados sobre caliza, arcilla y clara de huevo. Y los recién casados se sacaban una foto, como augurio de una relación duradera. Los 25 de Mayo y los 9 de Julio, jinetes de agrupaciones tradicionalistas gustaban hacer repicar los cascos de sus caballos en las piedras y los ladrillos colorados del puente.

 

Nota de CAT: Mi abuela paterna de apellido Labrit era oriunda de San Antonio de Areco. Por tal motivo, que ningún otro, (para un joven educado en Bs. As. que creía que la ciudad  se prolongaba hacia  Europa pero nunca hacia el interior del país) visité la ciudad en varias ocasiones. Recuerdo el puente y las historias que se contaban. Lamentablemente, más allá de las cosas que se han ido perdiendo en Argentina, sus gentes, al igual,  también se van precipitando en el desconsuelo y la pobreza. Si no nos han interesado los argentinos, ¿qué se puede esperar que pase con un puente? Mantente en pie, viejo puente, demuéstranos una vez más, que alguna vez, en una historia de parias iluminados por la soberbia, la perdurabilidad  de muchos de sus actos apuntaba a un país que podría haber sido.