Berlusconi

Berlusconi, Aznar, Bush y Menem constituyen un cuarteto que espeja la decadencia de una democracia que, por decirlo suavemente, ya no significa gran cosa .

Cuando la política se suburdinó a las finanzas, los valores que habían empujado al suicidio a más de un político apenas unas décadas antes -sin ir más lejos en la Argentina- cayeron estrepitosamente. El andamiaje que la sostenía, la vergüenza social y  el pudor personal se precipitaron a tierra. La falta de pudor desnudó la intimidad, producto de una conciencia en permanente lucha contra las miserias que anidan en nosotros,  y una intimidad desnuda terminó en  desvergüenza social.

El resultado ha sido la aparición en escena de unos cuantos crápulas anhelantes de poder.  Tienen en común un gran hedonismo que exteriorizan en el ámbito de la política, de los placeres mundanos, del sexo y de una  necesidad de reconocimiento.

El caso más patético de un hedónico pegado a la política ha sido el de Aznar. Su afán por participar en la gran política lo llevó a extremos: desde mostrarse en las Azores como definidor de la Guerra de Irak, o volver de EEUU con acento tejano después de una entrevista que fue el hazmerreír de todo el mundo -sus piernas  reposando en  una mesa ratona charlando de igual a igual con Bush - hasta la conferencia que dio en Georgetown en un inglés macarrónico que todas las emisoras se ocuparon de irradiar mofándose de su osadía. La foto de familia que se sacó con el Papa no tiene desperdicio.

No menos esperpéntico ha sido Menem. Mezcla rara de hedónico y putañero utilizó la política en beneficio propio pero con un objetivo: el control de la masa peronista ante el giro neoliberal que imprimiría a la economía argentina. Y lo logró. Era el tipo ideal.  Los "muchachos peronistas" deliraban en su apoyo al sanjuanino, que terminó dejándolos en la ruina. Deslumbró a los peronistas jugando al  "play boy". De todos los recursos utilizados, aquél de cortar la ruta 2 para recorrerla con una Ferrari que le habían regalado, sólo él a lo largo de los 200 km ,  fue degradante.

Bush fue un oligofrénico con delirios  de "enviado del Señor" -algo parecido a Videla- que, fácilmente controlado por el poder económico, sólo hacía lo que sus asesores le decían. Rodeado de sinvergüenzas cometió los disparates más colosales convencido de que salvaría al mundo exportando  el "American Way of Life" y  eliminando a todos los que no fueran americanos, especialmente si eran árabes. La Guerra de Irak se lleva todos los premios al disparate geopolítico y geoestratégico en muchos años.

Finalmente Berlusconi. Es un desvergonzado atado a la promiscuidad. Lo suyo no tiene perdón. Todo lo que toca lo ensucia. En política no ha tenido reparo  en montar lo más  degradante que se pueda pedir a un gobernante. En satisfacción de sus intereses ha buscado -y encontrado- el apoyo de la Iglesia que, "rara avis", llegado el momento, tuvo que echarse atrás en su incondicionalidad. Cuanta maniobra artera pueda concebirse en política , la ha practicado.

No me interesa abundar en lo personal, aunque recomiendo se lea "Las fotos vetadas por Berlusconi", publicadas hoy, 5 de junio en El País.

(http://www.elpais.com/articulo/internacional/fotos/vetadas/Berlusconi/elpepuint/20090604elpepuint_19/Tes)