Enviar a un amigo                                                                   Imprimir 

Acerca de las izquierdas y su vigencia en España

por Carlos A. Trevisi  (2002)

 

 

La izquierda está sufriendo una crisis que excede el marco de sus dirigentes y que podría más bien atribuirse a la mundialización de una forma de vida: el "american way of life".

Se ha "inventado" un mundo -no ya una España, un mundo- en el que la puesta en acto de los valores como virtudes capaces de generar efectos deseables -el amor, la entrega, la belleza, la justicia, la amistad, la misericordia... se ha reducido a la propagación de los "beneficios" del bienestar económico como supremo valor. De resultas, estamos inmersos en una lucha impía, un sálvese quien pueda en un mundo en el que todo es barato: desde las amarronadas hamburguesas que lo simbolizan hasta la educación que lo sufre.

España no es ajena a estos padecimientos. Todo indica que hemos comenzado a reemplazar la solidaridad por la competencia, es decir, los principios por las circunstancias, la ideología por el pragmatismo (vamos, el jamón de Jabugo por la carne picada aplastada, el Rioja por la coca-cola, curiosamente, también amarronada).

"El conservadurismo se ha hecho de las banderas de la izquierda dejándola inerme", se reitera por allí. No es así. La izquierda ha quedado desvalida porque fueron muchos más los que optaron por una vida de circunstancias, tentados por un pragmatismo exitoso que ofrece trabajo, educación, seguridad social (todo ello de dudosa calidad), y la ventaja de poder mirar para otro lado, sin remordimiento, cuando nos cruzamos con el "otro", con el que necesita: los ancianos, los niños, el inmigrante, el pobre, el diferente.

La izquierda en España disfrutó de la espectacularidad de la puesta en escena de la democracia, cuando todo era entusiasmo y voluntarismo. Pero la democracia no es espectáculo. La democracia es trabajo, trabajo puro y duro. Ya no alcanza con proclamar la igualdad, los derechos vigentes. Hay que mirar adelante, descubrir cuales son las nuevas necesidades y abordarlas.

La derecha, que no cuenta en esta partida, sacó ventajas del momento histórico para hacerse con su dirigencia. Nótese lo jóvenes que son sus militantes. Son la primera camada de universitarios desde que se instauró la democracia. Inteligentes, prácticos, operativos, categóricos. Son los jóvenes Mac Donald. Han dominado las instituciones -como la hamburguesa al jamón serrano- transformando la democracia en un picadillo sin gusto a nada, que se traga sin masticar.

¿Y la izquierda? ¿De qué va a hablar? ¿Del progreso?

Y cómo no! La izquierda tendría que hacer una verdadera introspección y asumir que el progreso, hoy día, no son los ordenadores, las telecomunicaciones, la ingeniería genética.... El progreso es poder dar sentido a la maravilla de la velocidad, de la precisión, para poner todos esos adelantos científicos y técnicos al servicio del hombre, asumiendo que la puerta de entrada de la izquierda, aquella por donde llegaremos hasta lo más intimo de su ser, será su afecto, su inteligencia y su necesidad de cambio, y no su bolsillo, como le han hecho creer. La familia (monoparental, de gays, lesbianas, travestis o tradicional, no importa) volverá a ser el gran lugar del hombre donde alternará pañales con diagramas de flujo y biberones con Internet...

Es duro para la izquierda. Habiendo sido su campo de batalla la justicia, la reivindicación social, el discurso de la ideología, la igualdad, los valores de siempre, ahora, una vez echadas las bases de la justicia social, cuando las reivindicaciones ya no son una ilusión y existe una aproximación a la igualdad, inimaginable hace treinta años, ahora, reiteramos, le “anuncian” la muerte de las ideologías, que es una forma de decir “todo vale”.

Sin embargo, hay respuesta para eso. Hay que contestar: "Ilusos ! Ni han desaparecido ni podrán con ellas. Están agazapadas, esperando que la izquierda les dé un nuevo contenido, el que sienten los hombres concretos: el que hace reír y llorar, el que empaña la existencia cuando se echa de menos al amigo, al compañero, el que nutre la inteligencia, la libertad de elegir...

¿No habrá llegado el momento de que la izquierda asuma orgánicamente este nuevo humanismo? ¿No habrá llegado el momento de que este humanismo, fresco y pujante inyecte alguna que otra idea revitalizadora en el socialismo -la del afecto como puerta de entrada al hombre y la de la familia como su lugar natural de pertenencia? Pues, si lo logra, se habrá hecho con la mayoría de la gente.

Como vemos, no está todo dicho aún.
 

Siguiente ->