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Acerca de la irrupción del fascismo en Europa

por Carlos A. Trevisi (2005)

 

No hace muchos años leí en alguna parte que los problemas que generaba la libertad se resolvían con más libertad.

Acabo de ver en los periódicos que Romano Prodi pide “más Europa” , ante el temor de que la extrema derecha vaya ganando un terreno que nadie desea ceder pero que, dado su resurgimiento, habrá que considerar más allá de declaraciones apresuradas como la de Schroeder, que aconseja frenar la ampliación europea.

Por lo general, en el análisis del nuevo marco político que parece insinuarse, se ha mencionado la inseguridad como la principal vertiente que, cual cuña, amenaza la tranquilidad del estado de bienestar que reina en Europa. A partir de este dato se precipitan conclusiones que incluyen a la inmigración como factor de desequilibrio social (delincuencia, desempleo, etc.). Los actos de terrorismo en los que se han visto involucrados fundamentalistas islámicos, léase el 11 S, con el ataque a las Torres Gemelas o los ataques a Israel por los comandos suicidas de Palestinos o la permanente invasión ilegal que proviene del norte de África –pobres hombres y mujeres que escapan de la más infame de las pobrezas-, han empujado al hombre común a replegarse y a desalentar altruismos que afecten su forma de vida.

Aparecen entonces los “intérpretes” de este clamor y comienza a dibujarse un cuadro apocalíptico digno de mejor causa. Y a eso voy. Que de apocalipsis mucho, pero que de sus causas...

Cuenta Félix de Azua el caso de un maestro que suspendía a sus alumnos con sólo verles la cara. Preguntado acerca de tan atribulado proceder, aumentó la apuesta agregando que a veces le bastaba con ver la cara de sus padres. Agrega Azua que, en verdad, antes los hijos eran de sus padres, pero hoy no los reconoce ni la madre, que la familia tenía un peso plúmbeo, que las noches transcurrían lentas y metafísicas bajo el tierno cuidado de los progenitores y que todo eso se lo llevó el viento electrónico. Continúa Don Félix :”los adolescentes se forman gracias a la televisión y a la publicidad. El colegio no deja huella pero sí el botellón y la pastilla. La lectura ha desaparecido y la fragua de los futuros votantes es el regüeldo que distribuye con inocencia angelical la televisión española así como la adecuada cretinización de la fantasía que obtiene la publicidad. [...] Lo verdaderamente alarmante es que los responsables de la política y la administración, también se forman, fraguan, cuajan e incluso pudren en la televisión y la publicidad. No vienen de otra cosa ni piensan en nada más.”

No termina aquí, don Félix: “ Yo diría que los fascistas europeos van ganando terreno porque sus caudillos parecen reales, o sea, no son muñecos televisivos, ni son aptos para anunciar yogures, ni explican sus ocurrencias con símiles futbolísticos, que es lo habitual en los políticos democráticos. Hartos de prolongar su adolescencia huérfana, muchos europeos actuales exigen tener padre. Y puestos a pedir, que sea un cabronazo.
 

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