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La descristianización de España

por Carlos A. Trevisi  (2006)

 

Cuando se afirma que el gobierno de Zapatero  se ha propuesto “descristianizar España”, no puedo menos que abordar el tema marcando la diferencia entre cristianismo y catolicidad e iglesia.

“Cristianos” somos todos los que participamos de una cultura que ha echado raíces en el mensaje de Cristo  y lleva dos mil años de adhesión a valores que, si bien ya habían sido anunciados antes de su venida, en los evangelios se ratifican como forma de vida. Filósofos como Buber –judío, él- la expresan como un diálogo permanente entre un “yo” y un “tú”, en búsqueda del encuentro, supremo vínculo.

Bien podríamos decir que nuestra cultura, en este sentido, tiene como destino el encuentro en el diálogo entre un “nosotros” y un “vosotros”, que sería la puesta en común social.
Sin embargo, la civilización de la amarronada carne picada aplastada y la no menos amarronada coca cola que llega allá donde no llegan las medicinas para curar el HID, ha trastrocado la “cultura cristiana” y vivimos un “des”-encuentro que nos enfrenta a todos con todos (léase Irak).

La diferencia entre “cultura” y “civilización” es la misma que entre cristianismo y catolicidad. Así como no es lo mismo ser culto que ser civilizado (las viejecitas amigas mías de Guadarrama son sumamente cultas aunque no sepan leer ni escribir), tampoco es lo mismo ser “cristiano” que ser “católico”. Desgraciadamente para los católicos, la “catolicidad”, Iglesia mediante, se ha asimilado a la civilización, perdiendo de vista la cultura, y los principios evangélicos (propios de la cultura) han quedado como un simple enunciado, propaganda del sistema. Tanto es así, que bien se podría decir hoy que más de un católico no es cristiano aunque cumpla con los preceptos de la Iglesia.

Y esto es así porque, en pocas palabras, la Iglesia ha transformado a Cristo en un símbolo ornamental vacío de contenido. El templo, la iglesia administrativa, la “institución” eclesial se ha apoderado del Cristo “vivo” del evangelio y lo ha puesto a su servicio, alejándolo del pueblo de Dios. En pocas palabras, el católico ha aprendido las fórmulas del DAR, pero, se escatima en el DARSE.

El Papa actual, Juan Pablo II, que utiliza las nuevas tecnologías para resucitar los demonios preconciliares, da prueba de ello a cada paso y, en consonancia con aquél, la jerarquía eclesiástica española,  abochorna a todos aquellos católicos que alguna vez se asomaron a la luz cuando el Concilio Vaticano II.

No creo que sea momento de enfrentamientos, sino más bien de puesta en común. Todo me hace pensar, sin embargo que hay intereses que conspiran contra ella.

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