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Una democracia participativa
por Carlos A. Trevisi (2005)

Acerca de la libertad, “prima inter pares”, y la ley.

El ordenamiento legal establece que la libertad de cada uno termina donde comienza la de los demás. En ese sentido, la ley es el marco regulador de las relaciones entre los ciudadanos y entre las naciones; marca los límites; es seguridad, razón, taxonomía, cantidad.
La libertad, sin embargo, fuera del ordenamiento legal, trasciende lo meramente relacional para dispensar el encuentro, el acto desalienante por excelencia, "el instante de suprema lucidez que somos capaces de alcanzar los hombres" (José Isaacson) (1). La auténtica libertad consiste, así, en la creatividad espontánea con que una persona o comunidad realiza su verdad, es fruto de una fidelidad sincera del hombre a su propia verdad.

La libertad es conciencia, es el adentro-verdad; es diálogo, comprensión; comunión; solidaridad, exigencia, amplitud, reflexión, apertura, pasión, justicia... La libertad devela, esclarece, amplía, invita; es incierta, incómoda; está más allá de la ley. En este contexto la libertad no sólo no se acota sino que se amplía en el encuentro con otras libertades; la insignificancia de uno en libertad deviene en la grandeza de una comunidad en libertad.
La ley vela, oscurece, limita, obliga; es sólida, confiable; certera, confortable: nos dice lo que no debemos hacer y hasta lo que debemos.
Siendo que los hombres y las comunidades apelan a su conciencia y las naciones y las instituciones a la ley, corresponde a los gobiernos, depositarios de aquélla y garantes de ésta, disipar los temores de una subyacencia de recelo con respecto a la libertad y a las iniciativas de la comunidad. En tal cumplimiento, exhibirán actitudes políticas francas, alejadas de toda sospecha de indiferencia para con situaciones humanas concretas, o de intencionalidad en la creación de un mundo abstracto con valores desconectados de la realidad.

Aunque la sospecha incumbe por igual a la ley y a la conciencia, en el marco de la ley, que garantiza las libertades individuales y se reserva la condena por actos ilícitos, la sospecha abre un camino a seguir, acaso uno más, para garantizar la justicia de su accionar y poder condenar o exonerar con certezas.
En cambio, en el ámbito de la conciencia, la sospecha es el punto de inflexión a partir del cual asumimos que se resquebraja el andamiaje ético de los valores que hemos elegido, que se posponen las metas que nos hemos impuesto, que se tuercen los procedimientos.
Cuando es así, en salvaguarda del proyecto, la conciencia colectiva denuncia el malestar. De no haber respuesta procede por la vía del hecho, “per se”, con violencia (como en Hispanoamérica) o cambiando su voto (como en Europa), cancelando la representatividad con la que invistiera al gobierno.

Es menester aceptar la ley, cumplirla y luchar por hacerla cumplir, pero el acercamiento del hombre a la libertad no puede darse por imperio de la ley sino por una toma de conciencia colectiva de que efectivamente representa los intereses de la comunidad.

¿Liberalismo o neoliberalismo?

Hasta mediados del siglo XX los capitales respondían a los intereses nacionales de los países donde estaban radicados. Las naciones-estado los alentaban, protegían y favorecían. Unos pocos años después de la Segunda Guerra Mundial, al promediar la década del cincuenta, los capitales de las grandes empresas comenzaron su expansión por el mundo. Satisfecha la demanda de los mercados “nacionales” donde estaban localizados, se abrieron a países con alto potencial, como la Argentina y Brasil, que ofrecían garantías a su inversión. De esta manera pasaron a ser empresas “multinacionales”. El tránsito a estos países, en busca de nuevos mercados, se acordaba entre ambos gobiernos: el de origen y el de asentamiento. Así, en el caso concreto de la Argentina, por ejemplo, hacia los años 1958 / 60, el gobierno de entonces (2) acordó con el gobierno estadounidense la localización de Ford e Industrias Kaiser del ramo automotriz, amén de otras industrias subsidiarias del ramo, que autorizaron no sólo la expansión de las casas matrices, sino un significativo desarrollo de los países donde se instalaban.

No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que se convirtieran en “transnacionales”, digamos hacia mediados de la década del 70. Las excedencias de los beneficios, que exigían mayor producción y, en consecuencia, más consumidores para seguir adelante, impulsaban la expansión. Así, aunque ahora por cuenta propia, tal su poderío, comenzaron a instalarse no ya según las necesidades geopolíticas o geoestratégicas de los gobiernos que las arroparan, sino según sus propias necesidades, despegándose de las naciones-estado donde habían nacido. Ford ya no fabricaba para que los obreros americanos tuvieran coche, como en la época de su fundador, ni siquiera para crecer alegremente. Ahora no tenía más remedio que abrirse a nuevos mercados para no sucumbir como empresa, El conflicto no tardó en hacerse presente. Con el tiempo, los excedentes no pudieron reinvertirse y esa masa de dinero se destinó a negocios “non sanctos” altamente redituables: el rutilante “negocio” de los estupefacientes y la fabricación de armas (que alcanzó niveles alarmantes durante la Guerra Fría (ver (3), “armamentismo”), y en los últimos 15 años, en guerras que se dieron en llamar “preventivas”).
La capacidad económica resultante –una masa de dinero girando libremente y lista para “bajar” en cualquier lugar del mundo donde pudiera multiplicarse- pasó a decidir en el orden internacional, rompiendo las estrategias políticas de acuerdos entre países con total prescindencia de sus intereses. Esa ruptura dio lugar a la primacía de EEUU en el concierto mundial; a la caída de la URSS, a la pérdida de vigencia de las tradicionales instituciones internacionales que regulaban esas relaciones en el orden político y “molestaban” a los intereses económicos (caso típico la UN en la última Guerra de Irak); a la desactualización de infinidad de otras varias instituciones que atendían intereses multilaterales y a las mismas instituciones que habían regido regularmente los destinos de cada país, especialmente las políticas, sembrando golpes de estado por doquier, como en Suramérica (4). Se cumplían inexorablemente las consignas que había impuesto el neocapitalismo incipiente; se precipitaba la caída de los estados-nación, y se formalizaba la globalización.

La corrupción, la generalización del rechazo por la política, la mediocridad de sus líderes , el sectarismo partidocrático, la regresión de los derechos humanos a partir del atentado contra las Torres Gemelas, una democracia reducida a simple mecanismo institucional, en fin,  todo esto ha sido campo propicio para que en su nombre se justifiquen todo tipo de agresiones bélicas (dentro y fuera de cada país). No menos importancia tiene la concentración oligopólica de capitales que ha terminado en descomunales chanchullos: Enron, Andersen, Dynegy, Adelphia, Worldcom, Xerox, Merril Lynch, Tyco, Qwest, Merck, Global Crossing, Bristol Myers, amén de un tercio de empresas americanas que cotizan en bolsa y de las que se sabe han manipulado sus resultados financieros. El sistema se ha transformado en un "capitalismo de amiguetes", como dice Stiglitz. (ver http://rezwanul.blogspot.com/2003/09/bush-black-hole-by-joseph-e.html)


¿Cómo resolver el problema? Seguramente no será con la desaparición del estado como regulador y equilibrador de las relaciones de los hombres para con el poder transnacional, que ha autorizado todo tipo de excesos; ni como aspira a hacer Bush, según denuncia el New York Times, que acaba de publicar que quiere desembarazarse del fiscal general de Nueva York, Eliot Spizen, decidido adversario del fraude empresarial, y nombrar en su lugar al que intentó cubrir el caso Enron.“Le Monde”, ante tamaño dislate, hace una llamada desesperada: “Despierta Adam Smith, se han vuelto todos locos”. No se debe confundir el sistema demo liberal (el capital actuando libremente en el marco de las naciones) –al que adhiero- con el sistema demo-capitalista en el que ha devenido aquél (el capital condicionando el quehacer de las naciones).

La despersonalización del hombre

¿Dónde radica el mal que altera nuestra convivencia y nos hace discurrir por las afueras, por la periferia de los verdaderos problemas?
Cultura es todo lo que hace el hombre. Se es culto, entonces, en la medida en que se “hace”. Así, el hombre es a partir de sus actos. En este sentido, fijando metas y estableciendo procedimientos, recrea la cultura en la que está inmerso.
La cultura, sin embargo, para ser trascendente, exige de personas en actitud creadora, tipos armónicos que sepan que su “estar” en el mundo está íntimamente ligado a la verdad de ser únicos, de ser uno en si mismos aunque a partir de los demás. Se es culto en la medida en que se arborece en respuesta a los principios, se florece en la recreación de esos principios y se frutece en los demás, contagiando con fervor esa organicidad. Así, en el ámbito de la cultura no se juzgan niveles de conocimientos sino sabiduría de vida. Y la sabiduría de vida se logra en el esfuerzo por armonizar las actitudes volitivas, afectivas, intelectuales y de libertad.

La civilización, con todo que nace de la cultura, pervierte su organicidad, pues las exigencias propias del advenimiento de un complejo mayado socio-político-económico y tecnológico la impulsan a la fijación de metas alternativas de meras circunstancias y a negociar los procedimientos.
La civilización altera el tiempo – lo acelera- y achica el espacio, impone lo efimeral. Todo lo contrario de la cultura, que en el disfrute pasmódico del tiempo se abre a la plenitud del amor, de la inteligencia y de la libertad; que autoriza el retorno desde el error, que hospitaliza al hombre y lo relanza al mundo en busca de mejores oportunidades.

La civilización somete la imaginación del hombre, le quita la libertad de hacer sus propios qués, cómos y cuándos. Esclavo de imaginerías ajenas, se aliena; pierde conciencia de sí mismo para hacerse con la conciencia del “mercado”, que desnaturaliza su existencia.
El hombre civilizado es el habitante de la “civitas”, el que ha sido educado para el “hic et nunc”, en la ajenidad de los principios, en la trastienda de la creación, en el erratismo de lo relativo, en el éxito.
En soledad, despersonalizado, sin más conciencia que la que le imponen las circunstancias.


La recuperación del hombre. Una democracia participativa

Hace por lo menos dos décadas que el mundo ha pegado un cambio. De resultas, hemos pasado de una sociedad de “clases” a una sociedad de “individuos”. Las instituciones que albergaba ese mundo, que va quedando irremediablemente atrás, ya no cuentan en la medida en que solían hacerlo; la “lucha de clases” se ha transformado en una feroz lucha cuerpo a cuerpo.
El “mercado” se ha apoderado de la familia, del estado, de los partidos políticos, de la salud, de la educación, de los sindicatos, de la seguridad, de la Iglesia, de las universidades y hasta de la defensa nacional, y maneja sus instituciones según sus propias necesidades: familias sin hijos y sin abuelos en las que se han cortado las cadenas de afectos; sindicatos sin participación de los trabajadores; un estado con escuelas y colegios pedagógica y didácticamente desactualizados; una Iglesia sin Evangelio; universidades que han olvidado lo epistemológico; hospitales sin salud.

Ante tamaño cambio nos quedan dos caminos: o permanecemos a la espera de que mágicamente el “mercado” nos devuelva todo aquello de lo que se ha apoderado (lo cual es francamente imposible), o nos mandamos a participar de este nuevo mundo en el que vamos a tener que vivir, indefectiblemente, nuestros hijos y nosotros, ya viejos.
Vivimos en una época de crisis que impone repensar todos los conceptos y categorías. Los hechos apuntan a una democracia de la "multitud" que, sin habérselo propuesto aún orgánicamente, tiende a crear una nueva esfera pública atenuadora del Estado y revalorizadora del individuo.

Las “multitudes” –el cacerolazo y las madres de Plaza de Mayo en Argentina , Seattle y las madres de los soldados muertos en Irak, en EEUU, Génova en Italia;  los movimientos indígenas de Bolivia y la capitalización que está haciendo de esta modalidad Chávez en Venezuela - son, en primer lugar, exteriorizaciones del hartazgo de la gente ante la imposibilidad de alcanzar metas que, tradicionalmente, se lograban en el libre juego de las instituciones del estado, y, en segundo lugar, un gran temor , una angustia penetrante nacida de su relación con un mundo que al común de la humanidad comienza a escapársele de las manos: precariedad económica, trabajo asalariado por debajo de sus niveles de inteligencia, drogas, armamentismo, inseguridad, desempleo…

La ”atenuación del estado” (5), es el marco de referencia que sostiene nuestra vocación por los “presupuestos participativos”, nuestra idea de que la conducción de la escuela pública debe ser depositada en la gente, y la de que hay que fomentar las plataformas ciudadanas que se están revitalizando en España como movimiento de multitudes en pos de metas incumplidas.
El estado habrá de reservarse el cumplimiento de la administración de los valores elegidos por la comunidad, será un estado “garante” (5), y los políticos de impulsar los procedimientos para que las metas puedan alcanzarse.

La democracia tal cual la estamos viviendo en el ámbito de la política es apenas una forma de elegir candidatos; se ha transformado, como decía Borges, en un abuso de la estadística. Es menester revalorizarla, ponerla al servicio de las fuerzas que animan al mundo. Tendríamos que darle nuevas instituciones más allegadas a la gente, más cercanas a las capacidades cognitivas y comunicativas del hombre.

 

La  política es más el consenso racional entre los ciudadanos que el proyecto elaborado por un líder o un grupo dirigente.  Y nos corresponde a nosotros, ciudadanos de España, adherir e impulsar esta “democracia de las multitudes”, pues será la nueva categoría pública donde se revalorizará la propia singularidad en detrimento de un estado que, por su propia naturaleza jurídica, obliga a la obediencia e impulsa a la despersonalización; una obediencia que ya no se corresponde con la realidad del mundo del conocimiento y una despersonalización que choca con la necesidad de cohesión social.

Siendo la cohesión social lo que dinamiza el encuentro entre los hombres, la felicidad en la que tienen derecho a vivir, es menester liberar al hombre para que pueda elegir, cambiar y crecer de modo que su participación lo autorice a poner en acto sus intereses.

El talante del gobierno actual no es una mera sonrisa, como se pretende desde algunos balcones que impulsan la desaparición del estado. El gobierno ha dado el puntapié inicial para poner en marcha un estado que garantice el accionar de una sociedad que elija valores y acometa procedimientos para alcanzar sus metas; una sociedad cuyos políticos tendrán que actuar sin perder de vista que son apenas meros depositarios de los afanes de la gente.

No puede ni debe ser tan difícil que la “res pública” vuelva a la gente.

Conclusión

El hombre ha salido siempre de las trampas en las que ha caído víctima de las exclusiones y de los cambios que se han operado a lo largo de su historia. Acaso como nunca antes, cuente, en este momento, con los recursos para asumir el cambio como actor, como parte interesada que aporta lo suyo ante los mandatos del poder.

Hay que educar a la gente para que se acelere el cambio, y a sus hijos para que asuman los valores de la ciudadanía: la puesta en común, la tolerancia (6), el respeto por los demás, el reconocimiento de que también “son”, aunque  piensen de distinta manera, la crítica sana, la solidaridad, la reflexión, el apasionamiento por defender lo que es de todos, la consecuencia en la lucha, el diálogo, la comprensión y la valentía de sostenerse contra viento y marea pese al convencionalismo, la cobardía, el autoritarismo, la obcecación, el individualismo, el pragmatismo y el servilismo de los que se niegan a asumir su compromiso y depositan su responsabilidad en quienes empujan tales dejaciones.

No hacen falta grandes pensadores; basta con una madre y un padre de familia que se acerquen a trabajar a los colegios de sus hijos; con organizaciones intermedias que estén al servicio de sus asociados; con juntas vecinales participativas que eleven inquietudes a sus autoridades municipales, con centros deportivos y sociales donde se encuentre la gente; con centros de esparcimiento, culturales, docentes…

La ciudadanía no necesita polideportivos manejados por los ayuntamientos, colegios manejados por el estado, centros culturales con subvenciones del estado, centros de formación docente dependientes de un estado omnipresente y paternalista que elige, dicta, financia, construye, administra… Tenemos que lograr un estado que garantice la creatividad del pueblo prestando asesoramiento a sus iniciativas, regulando su quehacer, orientando las prioridades y garantizando la puesta en acto de sus inquietudes.

El primer paso sería liberar a la democracia de su unión con el capitalismo. Es menester que ambos cumplan su cometido, pero autónomamente. Si no es así no podremos quitarnos de encima la brutalidad de un mercado que ha quedado dueño y señor de vidas y haciendas.

Notas


1.
“La revolución de la persona”, José Isaacson, Marymar, 1980. Argentina .
Para abundar: http://www.fundacionkonex.com.ar/premios/curriculum.asp?id=1067
2.
Arturo Frondizi. , presidente entre 1958-1962, derrocado por los militares, fue el único presidente argentino del siglo XX con capacidades de estadista. Su proyecto "desarrollista", que contemplaba la industrialización del país a partir de la explotación intensiva del petróleo, la petroquímica y el acero, y la integración de los sectores sociales, creó una riqueza que pronto llegó a los bolsillos de la gente. Los militares, que siempre se prestaron a los intereses de la oligarquía, lo derrocan, dando por tierra con las políticas de desarrollo que impulsaba.
Sabedor Frondizi de que la Patagonia sería el territorio argentino que durante el siglo XXI convocaría los intereses de todo el mundo por su situación geoestratégica de privilegio respecto de la Antártida, alentó la terminación de una obra generadora de energía hidráulica monumental, "El Chocón". Impulsado desde principios de siglo como una fuente inacabable de energía para alimentar las soledades de la Patagonia y favorecer la instalación de grupos humanos vinculados a la explotación del petróleo e industrias subsidiarias, a su caída, “El Chocón” comienza a trabajar para la "Gran Capital", abandonando su principal objetivo: iluminar la Patagonia. Sus torres, otrora orientadas hacia el sur toman otro rumbo: Buenos Aires. Ya no iluminarán el desierto “patagón”: alimentarán el aire acondicionado de las oficinas de Buenos Aires, desde donde, vía telex, la oligarquía seguirá haciendo su "diferencia" comprando petróleo y acero en el exterior (ver la Argentina y la Modernidad)
Arturo Frondizi: (http://www.clubdelprogreso.com/index.php?sec=04_05&sid=43&id=2246)
3.
"¿La globalización del crimen organizado? Es una de las dimensiones más importantes de la nueva era [...] Hoy estos grupos son una gran potencia económica. Estimaciones serias del volumen del lavado de dinero procedente de la actividad criminal de todo tipo sitúan el total entre el billón y billón y medio de dólares (billones de 12 ceros) lo cual es, más o menos, el PIB del Reino Unido. Es un capital volátil que contribuye a la especulación y a la desestabilización no sólo de los mercados financieros, sino a todo tipo de países, incluidos grandes, como Japón o Rusia. Cualquier cosa que esté prohibida, desde la inmigración al tráfico de armas, desde los órganos humanos hasta las personas, genera un mercado que se procesa globalmente" (Manuel Castells, EP (S), El PAÍS, 27 de febrero de 2000).
“Los efectos de la globalización económica y financiera ya están causando estragos en muchos lugares del planeta. Y no sólo en los países del tercer mundo, en África, en Asia, también en la U.E. en EEUU y en Japón. Es decir, en los países que gozan de mayor nivel de bienestar y desarrollo: se está reduciendo el Estado de bienestar, empresas con beneficios cierran fábricas y sedes con el argumento de que . o no han ganado todo lo previsto o que en el futuro pueden perder. Se crea empleo “basura”, se merman derechos de los trabajadores porque, se dice, la flexibilidad es la manera de crear puestos de trabajo....

4.
Casos patéticos los ha habido, pero el de Argentina es paradigmático. La Argentina es uno de los pocos países del mundo que pudiendo haber “sido” apenas si “está” . La Argentina no ha advertido que el mundo asiste a transformaciones estructurales debidas al aceleramiento de los plazos de producción, pero muy especialmente a los referidos al proceso de inversión-desarrollo-comercialización masiva. Estas circunstancias han llevado al poder transnacional a activar una política económica de redistribución de las fuerzas de la producción en el mundo. La Argentina ha sido ubicada dentro del nuevo esquema a partir de su propia realidad de escaseces económicas, políticas y sociales, pero, además, de sus escaseces geoestratégicas: una debilidad ancestral en el aprovechamiento del terreno en relación con aspiraciones del mismo carácter de los intereses transnacionales articulados con la oligarquía vernácula. Son prueba de ellos dos inmensos desiertos: uno al norte: 300.000 km2 de pampa subtropical, y otro, al sur: la Patagonia. Ambos actúan como desintegradores económicos y como baches geoestratégicos. El desierto al norte centrifuga las provincias del noroeste hacia el pacto Andino y el del sur nos desvincula de la Antártida sobre la que actúa como base y trampolín al alcance cualquier potencia dispuesta a servirse de aquélla. La Guerra de Las Malvinas, ejemplo patético de escasez y uno de los disparates más colosales que registra nuestra historia, favoreció la instalación de una base de la NATO en el atlántico Sur, dando pie a una escalada que no sabemos en qué ha de terminar, pero que, por de pronto, parece un excelente depósito para nuestro petróleo patagónico, krill y proteínas provenientes del continente, antes de ser trasladas a las grandes factorías del mundo en flotas no precisamente argentinas cuando el siglo XXI obligue a su explotación intensiva.
5.

Felipe González, en una conferencia en el club Siglo XXI, el 18 de octubre de 1999 decía: “No estoy por el estado clientelar, por el estado lleno de grasa. Estoy por un estado que sea capaz de representar los intereses generales, que sea capaz de corregir las tendencias naturales del mercado, al que hay que pedir que tenga sensibilidad con los problemas sociales”
6.

El estado de bienestar no está desapareciendo por casualidad. El poder económico no admite “lastres” que conspiren contra su propia razón de ser : la creación de riqueza por la riqueza misma. Luchar contra esto es como luchar contra la naturaleza; es inexorable que así sea. Si no puedes con el enemigo, únetele. Lo que hay que hacer es aportar humanismo al capital; volver al demoliberalismo abandonando el democapitalismo: la democracia por un lado y el capital por otro.

Veamos si no.

1973. Nace la “Trilateral Commission” que se hace con el control de la energía: su producción, suministro y comercialización.
(Is the Trilateral Commission the secret organization that runs the world?)

"Para acabar con el concepto superado de Estado-Nación debemos llevar a cabo una acción en forma diversificada, inventando organismos con objetivos limitados, con responsables elegidos caso por caso. Así, llegaremos, comiéndolas, pedazo tras pedazo, a terminar con las soberanías nacionales."
Richard Gardner, miembro norteamericano de la Comisión Trilateral. (Ver "La Comisión Trilateral y la coordinación de las políticas del mundo capitalista", CIDE, México, mayo de 1978, pág. 448)
http://www.namebase.org/main4/Richard-N-Gardner.html

"Por otra parte, el surgimiento de las compañías multinacionales ofrece una base práctica para el futuro desarrollo mundial, ya que están más interesadas en las realidades del servicio comercial e industrial que en los símbolos de la soberanía (...) Si hemos de tener un orden internacional, éste debe descansar sobre una base que no sea la de estado-nación, sino sobre una base de naturaleza preferentemente extranacional y que esté por encima del problema de la seguridad nacional (...)

Frank Tannenbaum, "Más allá del Estado-nación", 1970. (Hay un resumen del pensamiento de Tannenbaum en "Facetas", revista del Servicio de Información de los Estados Unidos, Vol.3, p.36 ss)
http://www.aunar-informa.com.ar/boletines/octubre_01.htm

http://www.pais-global.com.ar/html/argentina/presidencias/presi30.htm


"Los estados? Ya no son el antiguo estado/nación y navegan como pueden en el océano global de capitales, tecnología, comercio, inversión, información. Son una mezcla de instituciones de varios niveles: el poder político, que no es necesariamente el más importante, se negocia y se distribuye entre todas estas instituciones funcionando en red. Este estado/red depende de las alianzas interinstitucionales moduladas por estrategias que persiguen el control de los códigos de información". (Manuel Castells en El País, EP(S), 27 de febrero de 2000)

Bush George (padre)
http://www.whitehouse.gov/history/presidents/gb41.html

Kissinger y Brzezinski “El sistema financiero mundial y sus núcleos de poder” http://members.tripod.com/~AlbaLonga/nom/nom3211.htm


7.
El ensañamiento y la catarata de crímenes que en pleno siglo XXI remedan a otros trágicamente memorables (El crimen de Cuenca, por ejemplo) , son sintomáticos de que se nos ha hecho partícipes de una “civilización” de la que no todos nos hemos compenetrado más allá de los tentadores beneficios que ofrece el mercado: coches para todos, casas para casi todos, educación para algunos, ejemplos para nadie. Basta con ver los crímenes a cuchilladas que perpetran los hombres contra sus mujeres o algo que ha inspirado este último párrafo y que acabo de escuchar por televisión: no sólo eliminó a su mujer pisándola con el auto, sino que le pasó tres veces por encima. (El Registro Central para protección de Víctimas de la Violencia Doméstica, dependiente de la justicia española, ha inscripto como maltratadotes a 100.000 personas -90% hombres- en los últimos 2 años”. “El País”, sábado 3 de septiembre de 2005) Estas actitudes hablan de un gran autoritarismo, de intolerancia, de violencia atávica, que en otros niveles sociales se manifiesta menos trágicamente pero con gran ensañamiento: la relación que la mayoría de los españoles guardan para con los “diferentes”, llámense marroquíes, búlgaros, “sudacas”, etc. o para los que piensan de otra manera distinta de la nuestra.


 

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