Acerca del aprender de nuestros hijos
por Carlos A. Trevisi (2002)

 

Coincidiremos en que cualquier proceso educativo sistemático tiene un aquí y un ahora.
Cada lugar se corresponde con un momento de nuestra existencia. El lugar es nuestro "aquí", con su carga de afectos, anécdotas, épica, usos y costumbres; con sus senderos serranos; con su estación de ferrocarril, iglesia, escuela y cementerio; con el tendero de la esquina, el borrachín; el policía; el fútbol, la bicicleta, las luminarias de la calle principal; la plaza de toros; las fiestas locales...
Sin embargo, ese "aquí", lo más probable, es que "mañana", dadas las características del mundo que nos toca vivir, sea un "allá": un país distinto, una ciudad desconocida; acaso sin sierras ni plaza de toros, con borrachines ajenos, con muertos ignotos... Distintos lugares, distintos momentos de un tiempo que marcan otros. Ya no hay un "aquí" para siempre.
Por eso, para abordar la educación sistemática, es menester contemplar que hemos de transcurrir en respuesta a circunstancias laborales, de estudio, personales o de familia en un contexto dinámico, de cambio, incierto, tan incierto como la vida misma, donde nada está garantizado.
Si asumimos que es así, padres y escuela debemos dar a nuestros niños una formación que autorice su inserción plena en el mundo, una forma de ser en cuyos logros es menester un alto nivel educativo y gran adaptabilidad social; que aprendan a reconocerse, a saber de sus propias capacidades, a ser dueños de su voluntad, de sus afectos, de su inteligencia y de su libertad.
La enseñanza se canalizará a través de la investigación, del aprender a aprender y no desde los datos. La estrategia del aprendizaje debe favorecer una curiosidad tal que motive una búsqueda que impulse al acto de aprender.
Entonces habremos cumplido con ellos. Y con
nosotros mismos.

 

(Ver La cultura de los padres y el éxito en la escuela.  El estatus socioeconómico y cultural español, entre los peores de la OCDE)


 

 

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