Los maestros, los valores y las actitudes
por Carlos A. Trevisi (2005)

 

Un docente de instituto, en carta de lectores enviada a "El País" el jueves 8 de diciembre, manifiesta no entender cómo es posible que una ley de educación diga que lo importante son las actitudes y no los contenidos.
Podría contestarse someramente diciendo que los contenidos, sujetos a la memoria, por bien aprendidos que sean, se desvanecen con los años, mientras que las actitudes, bien aprehendidas , se afianzan y fortalecen en el transcurso de nuestras vidas. Sin embargo, he preferido abundar en el tema porque es de opinión generalizada que la educación consiste en saber cuánto mide "El Tajo", o aprender el MCD o el MCM, que, debo decir, los estudié oportunamente, pero jamás he tenido ocasión de recurrir a ellos para que compartieran las tantas satisfacciones (o colaboraran con las aflicciones) que, alternativamente, han alegrado o entristecido mi larga y entusiasta vida.


Los valores


Comencemos por los valores, que así llamaremos a aquellas virtudes capaces de generar efectos deseables. El amor, la entrega, la belleza, la justicia, la amistad, la misericordia son valores inapreciables en la medida en que satisfacen necesidades y proporcionan bienestar. (1)

Se podrá decir que el aporte del amor poco tiene que ver con la ley de Boyle-Mariotte (2) o con los quinientos elefantes ( o cinco mil, ya no recuerdo) que utilizó Aníbal en el cruce de los Alpes. Sin embargo, sólo es así cuando la famosa ley o Aníbal son un dato en el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuando se los enseña como mero ejercicio de la memoria, como dato. Cuando la enseñanza se orienta hacia lo actitudinal, cuando hemos ayudado a nuestros alumnos a descubrir el valor de ser críticos, comunitarios, abiertos, dialógicos; cuando han aprehendido el valor de la voluntad, del amor, de la inteligencia y de la libertad, descubrirán por sí mismos algo más que el mero formuleo matemático o las campañas militares del cartaginés: lo asociarán con el esfuerzo, la lucidez, el coraje, la entrega, y a la ley, con la precisión y la constancia de sus descubridores; se adentrarán en los datos a partir de las circunstancias históricas de tiempo y espacio en que suceden, la plataforma científico-técnica a partir de la cual se dan, el medio socio-económico que las autoriza y mil detalles más.

Habrán descubierto a quienes han encarnado esos valores. Entonces sí abordarán el dato: ya habrá suscitado interés; ya querrán saber quién pudo haber juntado tantos elefantes para hacer una guerra.

La realidad


Sigamos con la realidad
El mundo necesita hombres consustanciados con la realidad que les toca vivir, tan compleja como no lo ha sido jamás. Y no basta con relacionarse con ella, hay que salirle al encuentro. Y muy bien pertrechados. (3)

Contrariamente a lo que sucede normalmente durante la primera etapa de la vida, que autoriza búsquedas que desacatan el llamado de la realidad, de pronto, gracias a un ejercicio intelectual y volitivo que nunca cesa, uno descubre que es la realidad la que nos convoca, haciéndonos actuar en respuesta a sus estímulos. Anonadado, uno ve, entonces, que las cosas cobran una grandeza que antes jamás tuvieron. Su brutal presencia nos lanza a la aventura de penetrarlas hasta abrasarnos en ellas.

Sólo una necesidad personal profunda puede motivarnos a abordar la realidad. Y abordar la realidad es penetrarla profundamente. Ese fuego que nos lleva a ver las cosas más allá de lo que denotan exige un arsenal de saberes y una gran armonía para reconocer hasta dónde podemos llegar. Para esto es imprescindible haber visto el mundo y haberse visto uno mismo para insertarse en él. El proceso es lento y la senda ríspida. No hay enciclopedia que nos lo explique, no hay ideología que nos arrope. Hace falta poder de observación y capacidad de análisis.
El punto de partida puede ser un pieza literaria, una obra de teatro, un cuadro, una película... Acaso el Quijote cuando habla de la “razón de la sinrazón” (tan aplicable a estos momentos históricos cuando nos apartamos de las esencias y quedamos atrapados en las circunstancias); o “El 2 de mayo” de Goya (4) que connota mucho más que lo que denota, de modo que su aprehensión nos abrirá camino hacia una infinidad de nuevos conocimientos y experiencias no necesariamente vinculadas con el arte), o Unamuno (5) en su “Vida de Don Quijote y Sancho” donde nos hace ver que el único éxito radica en encontrar compañeros de lucha; u Ortega cuando habla de rebeliones, o Nietzsche (6) con su superhombre; o Isaacson cuando, siguiendo a Buber (7), nos revela “la revolución de la persona”; o viendo una película como “Doce hombres sin piedad” en el que se muestran todas las actitudes que asume un ser humano ante una situación límite; o leyendo a Shakespeare, a Faulkner (8), a Whitman (9), o a John Dos Pasos (10) en su “Manhattan Transfer”.

 

La Banalidad


Ése es el camino, porque en este análisis se aprende a ver el mundo y los trastornos que se están operando; la escasa resistencia que se opone a la banalidad; la complaciente estupidez de los que se conforman con que les “digan” o simplemente con “oír”; la desvaloración de palabras como “libertad” o “democracia”; “pobreza”, “guerra”, “muerte”, “vida”, “amor”... o la sacralización de palabras tales como “mercado”, o “competitividad”, o “capital” desoyendo el clamor de los que demandan controles, trabajo y solidaridad; el descubrimiento de que el “optimismo”, esa gracia que nos envuelve sanamente, es vano, y que la “esperanza”, que exige un marco personal y social fluido que transformen la búsqueda ácida en encuentros, se transforma en mera ilusión.


Concluyendo en que...
El compromiso que asumimos al “ver” nos obliga a una nueva aventura: desentrañar al hombre mismo para relanzarlo en recuperación de sus adentros y hacerle ver, a pesar de nuestras propias limitaciones, y con el ardor que nos provoca sabernos tan lejos y tan cerca de la verdad, tan entregados y tan egoístas, tan sagaces y tan torpes, que el mundo de las realizaciones se sustenta en la prodigalidad de quienes poseen la rarísima cualidad, que muy pocos pueden ostentar, de anticiparse a las circunstancias gracias a un manejo casi perfecto de sus variables y como resultado de una profunda consubstanciación con la realidad; que es imprescindible que aprendan a tejer con precisión su entrecruzamiento y llegar a conclusiones atribuibles a la fuerza íntima que anima a una perpetua búsqueda.
Y que esas actitudes poco tienen que ver con la longitud de "El Tajo" o con el MCD o el MCM, como no se descubran en respuesta a la fuerza íntima que anima a una perpetua búsqueda.
A eso tenemos que aspirar.
 

Referencias en Internet

(1)
A la luz de los valores: http://members.tripod.com/~DenisSantana/
(2)
Boyle Mariotte: http://perso.wanadoo.es/cpalacio/boyle2.htm

(3)
Acerca sobre cómo ver la realidad y de cómo acometer realizaciones (La realidad está oculta tras la máscara del discurso, en Tendencias 21)
(4)
Goya: http://www.imageone.com/goya/index1.html

(5)
En http://www.lakermese.net/cartonero25.html  , “El sepulcro de D. Quijote”, texto completo
(6)
Nietzsche: http://www.nietzscheana.com.ar/

(7)
Buber: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1510

(8)
William Faulkner: http://www.ctv.es/USERS/borobar/william.htm

(9)
Walt Whitman: http://www.whitmanarchive.org/

(10)
John Dos Passos: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1659
 

 

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