El protagonismo de la gente

 

 

Democracia participativa
PRAXIS

    Cuadernos de Pedagogía, 2004


Los paradigmas políticos occidentales definidos durante los años cincuenta y sesenta están en crisis actualmente. Hay una crisis de la democracia representativa, como orden político de gestión de lo público, que se manifiesta en la distancia cada vez mayor entre los políticos y la ciudadanía, la cada vez más escasa representación de las minorías, la crisis del movimiento asociativo, y la abstención y el desinterés creciente por la política, lo público y lo comunitario, en general. Por eso, como alternativa, y en consonancia con la idea integral del desarrollo humano y sostenible, que propugna la necesidad de que las personas sean protagonistas de su propio desarrollo, se proponen formas democráticas más participativas.

La democracia participativa no se plantea como una sustitución de los mecanismos de representación democrática, sino más bien como una forma de afrontar las carencias que muestra dicha democracia. De esta manera, se cuestiona la capacidad limitada de intervención que se da a la ciudadanía en la vida política (votar una vez cada cierto tiempo), que provoca un desentendimiento y una falta de sentido de la responsabilidad, porque la ciudadanía ya tiene unos representantes que profesionalmente se dedican a ello.

Hasta ahora, la participación ciudadana se ha basado en la creación de espacios y órganos, en la mayoría de los casos consultivos, como los consejos sectoriales. La participación, tanto en la gestión como en la evaluación de las políticas públicas y las instituciones (como la escuela, por ejemplo), permitiría verdaderos procesos de transformación, donde la corresponsabilidad entre sociedad civil y estado/institución tendría su manifestación más evidente y, al mismo tiempo, su espacio de formación permanente en estos aspectos de corresponsabilidad ciudadana.