DESCIFRANDO A ESTADOS UNIDOS (20049

 por Roberto Terragno
 

Las elecciones norteamericanas han puesto en evidencia la superficialidad de muchos “observadores” y el desconocimiento de ciertos “intelectuales”. No faltan quienes digan que Kerry perdió “por falta de carisma”. Ni quienes afirmen que, con Kerry en la Casa Blanca, Estados Unidos “habría cambiado de rumbo”.


La lista de los 20 países con mayor gasto militar la encabeza Estados Unidos, con 399.100 millones de dólares por año.

Los otros no llegan (todos juntos) a esa cifra. En efecto, la suma de los gastos militares de los diecinueve restantes da 387.800 millones.

La diferencia es, de por sí, apabullante; pero cuando se entra en el detalle se siente escalofríos. Estados Unidos destina 19.300 millones de dólares anuales a desarrollar armas nucleares. Ese país, empeñado en evitar que proliferen las armas de destrucción masiva, gasta 55 millones de dólares por día en bombas atómicas.

Esas inigualables sumas de dinero, unidas al liderazgo tecnológico de los norteamericanos, deberían hacerlos invulnerables.

Sin embargo, un puñado de árabes fue capaz, en 2001, de hacer desaparecer las “torres gemelas” y destruir un ala del Pentágono.

Como una dictadura militar amenazada por alguna guerrilla, Estados Unidos sabe que tiene un poder de fuego harto mayor y, a la vez, se siente inseguro.

Como esa dictadura militar a la hora de enfrentarse con la guerrilla, Estados Unidos cree que no puede actuar con tibieza ni sentimentalismo.

Como la dictadura que se resuelve a eliminar guerrilleros, piensa que para erradicar el tejido maligno es inevitable destruir, al mismo tiempo, tejido sano.

En el caso de Estados Unidos, ese frenesí no prospera sólo en los miembros de la élite militar y los rancios colaboradores del presidente Bush. Desde el 11 de septiembre de 2001, las ansias de una “respuesta efectiva” han brotado en todos los rincones de la comunidad norteamericana.

Bush hace lo que la sociedad quería que él hiciera.

La guerra de Irak, por ejemplo. La mayoría se encogió de hombros cuando no aparecieron las armas químicas de Saddam Hussein; y festejó cuando, en cambio, apareció el propio Saddam, cazado como un marsupial en su cueva. La guerra —pese a la cruenta resistencia y las víctimas norteamericanas que se suman— tiene el apoyo de la mayor parte de los norteamericanos.

Esto es algo que a los extranjeros les cuesta comprender.

Salvo a un extranjero como Niall Ferguson. Hace unos meses, este lúcido intelectual británico, profesor en Oxford y la New York University, describió la situación de esta manera: “Ambas partes —los Estados Unidos y la diáspora terrorista— han establecido firmemente su credibilidad: los últimos destruyendo el World Trade Center, los anteriores destronando al régimen talibán y luego a Saddam Hussein. Al mismo tiempo, ambos parecen haberse legitimado a los ojos de sus respectivos representados. Por cierto, el humor americano cambió dramáticamente desde el 11 de septiembre. Por cierto, el apoyo a Al Qaeda entre los musulmanes permanece fuerte, desde Karachi hasta Ryad. El patriotismo norteamericano es probablemente una religión civil tan formidable como lo es, a su manera, el fundamentalismo islámico”.

En situaciones como ésta, una campaña presidencial no es un duelo entre halcones y palomas. Cada candidato procura exhibirse como el halcón mejor preparado.

Aunque le costaba asumir el rol de fiero belicista, John Kerry no dejó de repetir, tanto en los debates con George Bush como en sus discursos a lo largo y a lo ancho del país, que se proponía “perseguir”, “cazar” y “matar” a los terroristas. Sobre todo, “matar”, verbo que tenía siempre en los labios.

Más papista que el Papa, acusaba a Bush de haber dejado escapar a Bin Laden. “Yo voy a usar todo el poderío de los Estados Unidos para destruir a los terroristas antes de que lleguen a nosotros”, prometió. Los iba a “destruir”.

Kerry sabía que los norteamericanos no querían un presidente que aplacara a los árabes, pensara dos veces antes de usar la fuerza y terminara sometiendo sus decisiones a las Naciones Unidas. Por eso él les dijo: “Nunca vacilaré en usar la fuerza cuando sea necesario. Nunca le daré a otra nación o institución internacional [léase, las Naciones Unidas] poder de veto sobre nuestra seguridad nacional”.

El problema de Kerry fue que los norteamericanos ya tenían ese presidente que él prometía ser.

Por eso perdió. No por falta de carisma, como se repite sin recapacitar. De haber sido por presencia y palabra, hoy el derrotado sería Bush.

El fiasco de Kerry, de cualquier manera, les ahorró una decepción a quienes anhelaban su triunfo porque (imaginan) bajo los demócratas Estados Unidos se vuelve pacifista.

Tres días antes de entregar el poder, en 1961, el Presidente Dwight Eisenhower (general y republicano) se dirigió a la nación para formular esta advertencia:

“La conjunción de un poder militar inmenso y una gran industria de armas es algo nuevo en Estados Unidos. Su influencia —económica, política y hasta espiritual— se hace sentir en cada ciudad, cada gobernación, cada oficina del gobierno nacional. Nosotros reconocemos la imperiosa necesidad de su desarrollo. Pero no debemos dejar de advertir sus graves implicancias. Esto afecta nuestros afanes, recursos y modo de vida y, por lo tanto, la estructura misma de la sociedad. En los ámbitos de gobierno, debemos evitar que el complejo militar-industrial adquiera una injustificada influencia. Hay y seguirá habiendo un riesgo de que fuerzas indebidas tengan un desastroso crecimiento. No debemos permitir jamás que el peso de esa combinación militar-industrial ponga en peligro nuestras libertades o proceso democrático. No debemos dar nada por seguro. Sólo una ciudadanía alerta e informada puede obligar a que esta vasta maquinaria industrial y militar, destinada a la defensa, sea sometida a nuestros métodos y metas, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas”.

Eisenhower fue sucedido por demócratas: John Kennedy (1961-1963) y Lyndon Johnson (1963-1969). Dentro de Estados Unidos, ambos contribuyeron a una mayor equidad social. En materia de relaciones internacionales, pusieron la firma (y matices, y estilo personal, y mayor o menor ascendiente personal) a decisiones fabricadas por esa intrincada máquina a la cual se refería Eisenhower.

Bajo la gestión de Kennedy ocurrió la invasión a Bahía de los Cochinos, el bloqueo naval a Cuba y el envío de 16.000 “consejeros” militares a Vietnam del Sur.

Bajo la gestión de Johnson, Estados Unidos entró en guerra con Vietnam de Norte. Cuando LBJ entregó el poder, en 1969, había más de 540.000 soldados combatiendo en el sudeste asiático.

Seis años más tarde, siendo Presidente Richard Nixon (republicano), Estados Unidos se retiró de Vietnam .

No se trata de invertir los roles y presentar a Kennedy como halcón y a Nixon como paloma. Se trata de comprender que ambos presidieron decisiones que fueron, cada una, resultado de las circunstancias; y que no las tomó una sola persona.

Cuando Estados Unidos intentó derrocar a Fidel Castro y repeler al Vietcong, estaba luchando contra un demonio: la Unión Soviética.

El “inmenso poder militar” y la “gran industria” tenían una “influencia”, que no era sólo “económica y política” sino también “espiritual”; y afectaba “la estructura misma de la sociedad”. Esa influencia se hacía sentir “en cada ciudad, cada gobernación, cada oficina del gobierno nacional”.

Cuando la Unión Soviética se derrumbó, muchos norteamericanos imaginaron que, con “el fin de la Historia”, Estados Unidos ingresaba al limbo. Allí esperaría, pacíficamente, la redención del género humano.

Pero el complejo militar-industrial tenía otras ideas. “Quien puede lo más, puede lo menos”, deben haberse dicho antiguos militares e industriales como Dick Cheney.

Habiendo podido destruir al imperio soviético (pensaron, suponiendo que el colapso del comunismo había sido obra de ellos ) Estados Unidos no podía fallar en la remodelación del Medio Oriente.

Este era un objetivo estratégico. Los norteamericanos —que consumen un tercio de todo el petróleo que se produce en el mundo— apenas tienen 6% de las reservas existentes en el planeta. En Medio Oriente, hay 65.

El 11 de septiembre fue, para ese complejo, una oportunidad. No es que haya habido (como les gusta suponer a teóricos y fantasiosos) connivencia entre el Pentágono y el terrorismo árabe. Hubo, sólo, una circunstancia propicia.

Así como Estados Unidos no hizo que los japoneses bombardearan Pearl Harbor ni provocó el incidente de Tomkin, tampoco pactó con Al Qaeda el derrrumbe de las “torres gemelas”. A lo sumo, hizo de necesidad virtud, y aprovechó para pasar a la ofensiva.

En el caso de las torres, la sociedad norteamericana fue sacudida. El ataque la desequilibró, como habría desequilibrado a la sociedad argentina un ataque aéreo sobre Buenos Aires, que culminar con la desaparición del obelisco o de un rascacielos; sobre todo si el raid hubiese sido obra de un grupo de fundamentalistas anti-argentinos.

El “patriotismo civil”, que según Ferguson es tan formidable como el fundamentalismo islámico, puso a los norteamericanos en estado de ebullición.

Era una oportunidad para esa conjunción del inmenso poder militar y la gran industria de armas, que había encontrado un nuevo enemigo.

Desde ese momento —fundidos el sentimiento mayoritario y los intereses del complejo militar-industrial— no podía haber un Presidente que dijera o firmara algo distinto de lo que lleva dicho y firmado Bush.

Los norteamericanos tuvieron la oportunidad de cambiarlo por otro que, a su manera, continuara la guerra contra esos enemigos esquivos que vagan por el Medio Oriente y acechan en cada aeropuerto o cada subterráneo.

La sustitución no era necesaria. El resultado fue el previsible.



 

LOS 20 PAÍSES QUE MÁS GASTAN EN DEFENSA

N° 1 - Estados Unidos

 


 

DESTINO

Miles de millones de US$

Departamento de Defensa

379.1

Armas nucleares (Departamento de Energía

16.9

TOTAL

399.1

Los otros 19

 


 

#

PAÍS

Miles de millones de US$

2

Rusia

65.0

3

China

47.0

4

Japón

42.6

5

Reino Unido

38.4

6

Francia

29.5

7

Alemania

24.9

8

Arabia Saudita

21.3

9

Italia

19.4

10

India

15.6

11

Corea del Sur

14.1

12

Brasil

10.7

13

Taiwán

10.7

14

Israel

10.6

15

España

8.4

16

Australia

7.6

17

Canadá

7.6

18

Holanda

6.6

19

Turquía

5.8

20

México

5.8

TOTAL

 

391.7